La trampa del ingreso medio no es simplemente un problema de cuánto produce un país, sino de su incapacidad para cambiar de modelo cuando las ventajas iniciales se agotan. El crecimiento basado en mano de obra barata, materias primas, inversión física y expansión del consumo pierde fuerza cuando aumentan los salarios y disminuyen los rendimientos del capital. El Banco Mundial identifica precisamente esta transición: inversión primero; después, incorporación y difusión tecnológica; finalmente, innovación propia.
1. La experiencia de China, avanzar cambiando de escala
China ofrece una experiencia excepcional porque durante décadas combinó apertura comercial, infraestructura, industrialización, educación, transferencia tecnológica y una política estatal orientada a elevar capacidades productivas. Su gran lección no es copiar su sistema político, sino comprender la secuencia económica: pasar de fabricar barato a producir sofisticado.
Ahora enfrenta precisamente el desafío siguiente: su antiguo motor de inversión, construcción y manufactura orientada a exportaciones muestra límites. El propio Banco Mundial señala la necesidad de elevar productividad, fortalecer servicios de alto valor, aumentar el consumo y reducir la intensidad de carbono.
La prevención para cualquier país consiste, entonces, en no esperar a que el viejo modelo colapse para cambiarlo.
2. Perú, el peligro de confundir estabilidad con transformación
Perú consiguió una etapa extraordinaria de crecimiento: entre 2002 y 2013 redujo fuertemente la pobreza y alcanzó alrededor de 6,1 % de crecimiento anual. Pero posteriormente el dinamismo se debilitó; el Banco Mundial registra un promedio de 2,4 % entre 2015 y 2024, asociado a baja productividad, informalidad, desigualdades territoriales y debilitamiento institucional.
El problema peruano no es la ausencia de recursos. Es la insuficiente transformación del recurso en conocimiento, productividad, empresas competitivas y empleos formales de alta remuneración. El diagnóstico del Banco Mundial destaca además la mala asignación de capital y trabajo hacia actividades menos productivas.
Por eso, minerales, agroexportación, turismo, energía y biodiversidad deben dejar de ser solamente fuentes de renta y convertirse en plataformas para desarrollar tecnología, proveedores nacionales, infraestructura, investigación, capacitación y cadenas de valor.
3. El camino preventivo, una estrategia nacional de productividad
Perú debería construir una política de Estado basada en cinco transformaciones simultáneas:
Primero, productividad: infraestructura logística, digitalización, educación técnica, capacitación empresarial y eliminación de barreras que mantienen empresas improductivas.
Segundo, diversificación: minería competitiva, pero acompañada por agroindustria avanzada, turismo, manufactura especializada, servicios digitales, energía y economía verde.
Tercero, tecnología: importar tecnología no basta; hay que aprenderla, difundirla y finalmente crearla. La transición hacia innovación exige universidades, empresas y Estado trabajando sobre objetivos productivos concretos.
Cuarto, instituciones: reglas previsibles, competencia efectiva, seguridad jurídica, lucha contra la corrupción y un Estado profesional. La evidencia reciente del Banco Mundial subraya que la trampa también puede convertirse en una trampa institucional, cuando intereses establecidos bloquean la competencia y la innovación.
Quinto, inclusión: crecimiento sin movilidad social genera conflicto; redistribución sin productividad genera estancamiento. La verdadera política social debe permitir que más ciudadanos accedan a educación, empleo formal, crédito, tecnología y emprendimiento.
La experiencia de China demuestra que crecer no significa necesariamente desarrollarse; el verdadero salto ocurre cuando una nación transforma inversión en productividad, productividad en innovación e innovación en bienestar. Perú tiene todavía una ventana de oportunidad. El Banco Mundial estima que, con reformas ambiciosas, podría alcanzar la condición de país de altos ingresos en unas dos décadas; bajo las condiciones actuales, el proceso podría tomar 64 años.
La prevención económica sustantiva debe ser, por tanto, anticiparse al estancamiento. No esperar que caigan las exportaciones, se agoten los recursos o aumente el desempleo para reformar. La política económica debe mirar diez, veinte y treinta años adelante.
La gran decisión peruana no es elegir entre Estado o mercado, sino construir un Estado capaz de hacer que el mercado produzca más conocimiento, competencia, inversión, innovación y oportunidades. Evitar la trampa del ingreso medio significa pasar de una economía que aprovecha sus ventajas naturales a una sociedad que crea ventajas nuevas. Ahí está la diferencia entre administrar el crecimiento y construir desarrollo.
Con optimismo y responsabilidad, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


0 comments on “Prevenir el estancamiento, del crecimiento de sobrevivencia a la economía de alto valor”