Había un país cuyos líderes populares solían imitar las novedades de los países en vías de desarrollo. Todos buscaban cambiar y mejorar la educación, pero continuaban en el atolladero. Sin embargo, los nuevos líderes comprendieron que la clave es seguir el derrotero de países desarrollados y transformar el pensamiento y los paradigmas de la mentalidad de los educadores y sus estudiantes.
En esa perspectiva, el Perú necesita aprender de modelos educativos de países desarrollados y, a partir de sus propias necesidades y potencialidades, construir un modelo educativo propio. Por ello, la propuesta educativa proyectada hasta 2031 constituye una iniciativa y una oportunidad que debemos fortalecer y convertir en un Plan Nacional de Educación de largo plazo, capaz de conducirnos sostenidamente hacia el desarrollo.
Este Plan debe permitir que un estudiante de la zona rural de Huancavelica, Loreto o La Libertad tenga las mismas oportunidades de desarrollar sus talentos que cualquier estudiante de las zonas urbanas. Para hacerlo posible, necesitamos laboratorios STEAM en las escuelas peruanas, espacios donde los estudiantes investiguen, experimenten, desarrollen su creatividad y solucionen problemas reales de sus comunidades.
Pero el verdadero cambio de paradigma consiste en superar la simple acumulación de conocimientos y formar ciudadanos con una mentalidad de prosperidad compartida. No basta con aprender ciencias, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas; es fundamental aplicar estos conocimientos para construir una sociedad más justa, innovadora y solidaria, donde el progreso personal impacte en el bienestar colectivo.
Asimismo, estas políticas educativas han de enfocarse en vincular las escuelas con las universidades y el sector empresarial, mediante el puente de la investigación y el networking académico como hacen los estadounidenses. Esta articulación permitirá integrar diversos campos del conocimiento, encontrar soluciones a los problemas sociales y comprometer a todos con objetivos que beneficien a la sociedad y aseguren el desarrollo sostenible.
Por otra parte, formar líderes desde la escuela constituye una tarea impostergable. El liderazgo no se limita a la teoría, sino a practicar mediante la negociación diplomática, el respeto, la habilidad comunicativa, la tolerancia orgánica, la democracia participativa y la acertada toma de decisiones como competencias esenciales del ciudadano global.
En conclusión, un sólido Plan Nacional de Educación debe nutrirse de las experiencias de países exitosos y construir nuestro propio camino a largo plazo para alcanzar juntos el desarrollo y la prosperidad compartida.
© David Auris Villegas. Experto en posicionar la marca personal en las redes digitales y editor de revistas universitarias y pedagógicas.
David Auris Villegas
Escritor, consultor educativo, columnista, profesor universitario y creador del ABDIV. Licenciado en educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y máster en Educación por la Universidad de La Habana. Ha publicado: Como redactar artículos científicos, Comprensión lectora para la vida, Minicuentos para soñar, Mañana al despertar piensa en mí y Cuentos de medianoche.


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