El calentamiento oceánico y la variabilidad climática evidencian una realidad que el Perú no puede postergar: nuestras ciudades e infraestructuras son vulnerables a lluvias intensas, inundaciones y huaicos. El Niño no causa el calentamiento global, pero puede intensificar determinados impactos regionales. Por ello, debemos analizar no solo el fenómeno climático, sino también nuestra capacidad para prevenir desastres.
Una lluvia extraordinaria no se convierte inevitablemente en una catástrofe. El riesgo aumenta cuando el drenaje resulta insuficiente, los cauces están obstruidos, las quebradas son ocupadas o las obras carecen de mantenimiento.
Drenaje pluvial: una brecha que exige soluciones
El crecimiento urbano ha incrementado las superficies impermeables, reduciendo la infiltración y acelerando la escorrentía. Las redes insuficientes, los sumideros obstruidos y la ocupación de zonas inundables agravan las anegaciones y afectan viviendas, carreteras y servicios esenciales.
La Autoridad Nacional del Agua identificó 510 puntos críticos expuestos a inundaciones, huaicos y erosión fluvial. Estos involucraban potencialmente a 326 324 habitantes, 73 831 viviendas, 644 instituciones educativas y 126 establecimientos de salud.
Desde la ingeniería civil, se requieren planes integrales de drenaje sustentados en estudios hidrológicos, hidráulicos, topográficos y geotécnicos. Estos deben contemplar colectores, canales, sumideros y almacenamiento temporal, según las condiciones locales. Asimismo, conviene incorporar pavimentos permeables, jardines de lluvia y áreas verdes inundables para reducir la escorrentía, cuando las características del suelo lo permitan.
El fortalecimiento del drenaje urbano debe acompañarse de normas técnicas, planificación territorial y presupuestos permanentes para operación y mantenimiento.
Huaicos e inundaciones: prevenir desde las cuencas
Las quebradas de Lima, las cuencas del norte y los valles andinos enfrentan flujos de detritos, erosión y deslizamientos capaces de destruir viviendas, puentes y redes de saneamiento.
La prevención debe comenzar en las cuencas mediante estabilización de taludes, recuperación de la cobertura vegetal y construcción técnicamente justificada de diques de retención de sedimentos y estructuras disipadoras de energía. Las defensas ribereñas y los puentes deben considerar caudales extremos, transporte de sedimentos y socavación de cimentaciones.
Estas obras deben complementarse con sistemas de alerta temprana, rutas de evacuación y protección de las fajas marginales. El Plan Multisectorial ante Lluvias Intensas y Peligros Asociados 2025-2027 constituye una herramienta para coordinar intervenciones preventivas en zonas prioritarias.
Seguridad hídrica y abastecimiento de agua
Las lluvias extremas pueden dañar captaciones y tuberías, colmatar reservorios y aumentar la turbidez del agua. Por otra parte, las sequías reducen la disponibilidad hídrica y presionan los sistemas de abastecimiento.
Las empresas prestadoras deben identificar infraestructuras vulnerables, proteger las captaciones y asegurar conducciones alternativas donde sea viable. También deben fortalecer el almacenamiento de emergencia, establecer protocolos de tratamiento y evaluar el reúso de aguas residuales tratadas. Estas medidas contribuyen a mantener el servicio ante eventos extremos.
La gestión hídrica debe considerar tanto los excesos temporales como la escasez estacional, pues el agua de lluvia no siempre está disponible en condiciones aptas para el consumo.
De la emergencia a la prevención
El proyecto de drenaje pluvial para Piura, Castilla, Catacaos y Veintiséis de Octubre representa una iniciativa relevante. En 2026, la Autoridad Nacional de Infraestructura informó sobre su viabilidad, con una población beneficiaria estimada superior a 726 000 habitantes. El reto es concretar las obras y garantizar su funcionamiento y mantenimiento.
Propongo priorizar inversiones según el riesgo y la población expuesta, exigir expedientes técnicos rigurosos y supervisión independiente, y evaluar resultados mediante indicadores de reducción de inundaciones, continuidad del agua potable y recuperación de servicios. Asimismo, los gobiernos locales deben impedir nuevas ocupaciones en zonas peligrosas y actualizar sus mapas de riesgo.
Conclusión
El océano no es el enemigo. El problema es nuestra exposición a un clima cambiante y la insuficiente preparación de nuestras ciudades. El Niño puede intensificar ciertos riesgos, pero sus consecuencias dependen también de cómo diseñamos, construimos y mantenemos la infraestructura.
La ingeniería civil debe proteger vidas y garantizar servicios esenciales. El Perú necesita planificación por cuencas, infraestructura resiliente, mantenimiento preventivo y decisiones basadas en evidencia. La prevención no debe comenzar después de la emergencia, sino mucho antes de que llegue la próxima lluvia.
Referencias
Autoridad Nacional de Infraestructura. (2026). Proyecto de drenaje pluvial para Piura, Castilla, Catacaos y Veintiséis de Octubre. Gobierno del Perú. https://www.gob.pe/institucion/anin
Autoridad Nacional del Agua. (2024). Identificación de puntos críticos con peligro de inundación, flujo de detritos (huaico) y erosión fluvial en los principales ríos y quebradas 2024. https://www.ana.gob.pe/sites/default/files/normatividad/files/01%20Estudio%20Puntos%20Criticos%202024.pdf
Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento. (2026). Reglamento de la Ley General de Drenaje Pluvial. Gobierno del Perú. https://www.gob.pe/vivienda
Presidencia del Consejo de Ministros. (2025). Plan Multisectorial ante Lluvias Intensas y Peligros Asociados 2025-2027. https://sigrid4.cenepred.gob.pe/sigridv4/documento/18525
Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento. (2025). Infraestructura de saneamiento y riesgos asociados a lluvias y activación de quebradas. Gobierno del Perú. https://www.gob.pe/sunass
Edward Chávez Aparicio.
“Ingeniero Civil USMP”.


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