De un tiempo a esta parte los periodistas asumen posiciones políticas amparados en el derecho de ser comunicadores y libres por tanto de emitir un comentario sobre cualquier información a difundir.
Dan por hecho que es un deber orientar al destinatario; seguro lo asumen como incapaz de elaborar sus propios juicios de valor o que es un incompetente para entender el acontecer político y sacar sus propias conclusiones cuando no se le “explica” la información.
Aquel periodismo que se me enseñó a practicar, en el que su razón de ser era intentar buscar “la verdad”, y en ese intento mantener una neutralidad (extremadamente difícil en nuestra condición de seres humanos y por tanto provistos de sentimientos, experiencias, convicciones, etc.), casi no existe. El periodismo de “antes”, cuando emitía una opinión, se presentaba como parte de un editorial del medio que la publicaba o se hacía expreso que era una opinión personal de quien subscribía el artículo. Hoy ese concepto ha desaparecido.
Los periodistas asumen que emitir una opinión los hace más trascendentes en el medio. Y de hecho así es. Esas opiniones buscan la reacción, la interminable producción de opiniones contrarias o a favor de las suyas que promuevan curiosidad y por tanto mayor audiencia. Pero también porque en un mundo hoy rendido al hedonismo, ser escuchado, visto, reconocido, no solo alimenta el ego del protagonista, sino que satisface la curiosidad de una sociedad chismosa. El estar “en boca de todos”, no importa si es sobre un tema personal, ni si es para bien o para mal, es parte del “negocio”. La información, la noticia, ya no es la razón de ser, es ahora secundaria, una excusa para existir.
Comentario similar merece la política. Nuestros “líderes”, nuestros gobernantes, están más enfrascados en buscar notoriedad, populismo, que en concentrarse a solucionar los problemas que afectan a la población, al país.
De igual forma, a los periodistas no les interesa escuchar sino ser escuchados. Creen que saben más que el entrevistado. Discuten a la par con el especialista, porque “se prepararon bien” (un par de horas) a pesar de los años que le tomó a su interlocutor el estudio o desarrollo de su tema.
Es verdad también que es muy difícil asumir no ser poseedor de “LA” verdad y que la moneda tiene dos caras. ¿Hasta qué punto somos capaces de renunciar a “nuestra” verdad para darle espacio a una antagónica? ¿Qué nos hace creer que somos infalibles? ¿Es un asunto de carácter? ¿personalidad? ¿narcisismo? ¿O tal vez temor; que la interpretación de otro puede hacer tambalear nuestras convicciones? Es decir, no querer darnos el chance de renunciar a un esquema de dogmas que nos hemos repetido durante años como verdadero.
Como alguien hace poco me comentó: “¿Has notado como siempre atacan? El periodista ya no pregunta nada que pueda opacar su prejuicio y no escucha aquello que vaya en contra de lo que ya preconcibió…”
No confundamos, Como en toda profesión u oficio, hay lo bueno, lo malo, lo feo. Y si tengo que hacer una evaluación general, no tengo duda que el aporte de la prensa a destapar los grandes casos de corrupción, abuso, negligencia, delincuencia, es incuestionable. Hoy en el Perú, la batuta no la lleva la fiscalía sino la prensa. Muchos colegas realizan un trabajo sacrificado y de entrega valiente.
No elegí el periodismo para ejercerlo como profesión; en realidad éste me eligió a mí. Fui incapaz de desligarme de una constante curiosidad por conocer, por escuchar a otros, por saber lo que no sabía, por contrariar lo que creía como único; encontré que era vital para crecer, para madurar, para aportar a este país de contrastes y contradicciones.
Qué aburrido repetirme. Qué aburrido escucharme. Qué aburrido ser horizontal. No tener inquietud, retos, controversia, interrogantes. Nunca se me acabarán las preguntas. Ni la intriga de saber si estoy equivocada. Felizmente.
Viviana Ausejo
Bachiler en Comunicación Social. Ha trabajado como reportera, entrevistadora y conductora de diferentes programas de corte periodístico de la televisión peruana, tanto de señal abierta como de cable; también editora y entrevistadora principal en medios de prensa escrita; y docente universitaria. Hoy es asesora en comunicaciones, periodismo y media training.


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