El titulo del presente artículo es una frase atribuida a Fray Luis de León, al regresar a su cátedra en la Universidad de Salamanca, luego de ser sometido a largo proceso por la inquisición, del que fue finalmente absuelto. Luego la usarían algunos otros, Miguel de Unamuno, Werner Heisenberg, todos en el ámbito académico.
Comienzo de esa manera porque leo el anterior artículo en este espacio, que fue el 2 de marzo, y se puede consultar aquí mismo. Decíamos ayer que… se trataba de la primera gran epidemia de la era del internet, por lo que también se había viralizado como información, y las redes comenzaban a saturarse con el tema. Decíamos también que tendría un enorme impacto en la economía, que el PIB de todo el mundo iba a caer de modo histórico. Decíamos ayer que se había instalado un miedo enorme, que había una preocupación creciente y se tomaban medidas desesperadas.
Eso fue ayer, un ayer de poco menos de seis meses. Ahora corresponde verificar lo que ha ocurrido en realidad y hacia dónde empuja a esta humanidad alojada en este mundo asediado por ejércitos microscópicos.
Primero fuimos obligados a refugiarnos en los hogares, a salir del espacio público, donde nos encontramos con los otros, donde conversamos y construimos. A salir de los espacios de trabajo, y dejar maltrecha la economía por falta de productividad. Pero no del todo a aislarnos, porque como bien sabemos desde que somos humanidad, en nuestra especie nadie sobrevive solo. Nos hemos dado cuenta de que muchos de los más vulnerables no han sobrevivido, pero también que muchísimos más lo han hecho justo por la cercanía de otros que han tenido la decisión y la generosidad de brindarse, de ofrecer apoyo solidario en estas horas aciagas. Los ejemplos de altruismo y humanidad se han viralizado más que la enfermedad. Ahí donde abundó el dolor sobreabundó el alivio.
Cambió que suponíamos a este mundo más o menos predecible, que funciona bajo un puñado de certezas, premisas estables, que controlan aun el cambio y la evolución. Que no hay saltos cualitativos y que todo procede con lentitud. Y no ha sido así.
Se ha usado la metáfora del “cisne negro”, para decir que ha ocurrido lo improbable, aunque muchos, entre ellos el propio autor de la teoría dicen que no aplica pues la pandemia fue pronosticada en diversas ocasiones, lo que también es cierto. En particular se ha mencionado el caso de Bill Gates, por ser un personaje muy conocido. De todos modos, ahora resulta un lugar común decir que “nadie hubiera imaginado”, que este año sería así. Juegos Olímpicos pospuestos, ligas deportivas multimillonarias suspendidas. Nos relacionábamos de otro modos, producíamos de otro modo, nos comunicábamos de otro modo.
Todo eso apenas ayer. Y la pregunta que nos hacemos es si el mundo volverá a ser el mismo. Muchos premonitoramente sostienen que no. De la crisis, el encierro, el miedo, han emergido todo tipo de nuevas realidades.
Hemos aprendido muchos modos nuevos de comunicarnos, de colaborar, de compartir. A mi me ha llamado en particular la atención los ensambles musicales. Orquestas completas ejecutan una misma melodía, prácticamente con cada instrumento en un hogar diferente, que, además, pueden estar tan lejos uno de otro, como del otro lado del mundo. Algunos casos de artistas que ni se conocían, que no habían trabajado juntos.
Es más que evidente que muchos espacios de trabajo se han trasladado al espacio digital. Las ya ahora tan normales “reuniones de zoom”. Para quienes trabajamos en el campo de la política las reuniones son de lo más común. Pero ahora nos hemos visto obligados a hacerlas de este modo, con muchas ventajas. Yo me he reunido con personas que normalmente no lo hacía, por la distancia. Las reuniones empiezan puntuales. Se aprovecha mejor el tiempo. Se gastan menos recursos. Esto parece que seguirá de largo, aun después de que las cosas lleguen a normalizarse con la generalización de una vacuna, no se perderá del todo, seguirá usándose cuando sus ventajas así lo indiquen.
Pero hay dos dimensiones especialmente críticas que aun quedan por resolver. Uno es la dimensión educativa. Las disposiciones generales son que no se pueden reanudar clases presenciales sino hasta que no haya riesgo de contagios. Eso puede ser un año mas aún. Ya de por si se han perdido varios meses de inactividad escolar. Ahora mismo, en México, por ejemplo, se están reanudando, pero se anticipa que será complejo. Se ha decidido utilizar la televisión abierta, ahora facilitada por la multiplicación de canales en la televisión digital. Hace tiempo habíamos dejado ya atrás la era de los medios unidireccionales. Volver a ella no es sencillo. Quedan retos además de diseñar contenidos adecuados. Con el riesgo de uniformar demasiado cuando hay tantas asimetrías regionales, culturales. Y finalmente, que con todo y el mejor esfuerzo, muchos niños no quedarán pendientes de la pantalla por falta de supervisión y asesoría. Parte de la dimensión preocupante consiste en la profundización de las diferencias estaduales: los ricos con acceso a computadora, clases por zoom, grupos pequeños, materiales educativos, pueden despegarse mucho de quienes solo tendrán acceso a canales de televisión abierta sin ningún tipo de complemento impulsor. Falta mucho por analizar, pero esto es un foco rojo.
La otra dimensión es la económica. Durante estos meses una parte de la economía ha logrado resistir con sus reservas. Pero estas se agotan. Es de temerse una espiral de caída. Menos ingresos tributarios, menos apoyos a los más pobres, más pobreza acumulada. Así es, un efecto inminente es una oleada de empobrecimiento, en particular en nuestra América Latina. De nuevo, unos países más que otros, pero todos en el mismo barco. El reto es adaptarse a la nueva economía, aprovechar y entrar de lleno a la economía del conocimiento, de los servicios. Pero no creo que estemos preparados, ni los gobiernos tengan la visión de tomarlo como oportunidad. Los cálculos son que revertir el daño económico llevará muchos años más.
Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue miembro de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, miembro de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación. Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, Mexico.


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