Desde la antigüedad la sociedad civil se ha organizado para realizar acciones de bien. Sumándose a obras caritativas de la iglesia o en coordinación con alguna iniciativa del Estado. Frente a un desastre o emergencia se generan cadenas solidarias conformadas que salen al encuentro de los damnificados.
La historia de las beneficencias data de siglos atrás, el término proviene del latín Beneficentia y una traducción más o menos exacta sería, “acción o práctica de hacer el bien”. Básicamente, hacer algún bien por el otro.
En el Perú, esta historia se remonta formalmente a principios del siglo XIV, cuando se conformaron las primeras “hermandades de vecinos” para atender a los más necesitados. Años antes de la independencia se formó la Real Junta de Beneficencias, y, el 12 de junio de 1834, el Presidente de la República, Gral. Luis José de Orbegoso y Moncada funda la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, con el mandato de hacerse cargo de los más pobres de la ciudad. Del abandonado, del huérfano, del enfermo, de la madre parturienta que no tenía donde dar a luz, del anciano que no contaba con una cama para sus últimos años, e incluso, llegado el momento, que se les procure cristiana sepultura en sus cementerios.
La naciente Beneficencia estaría al lado del desvalido durante todo el ciclo de su vida. Desde antes de nacer, hasta su último día en esta tierra.
En sus inicios, la nueva Beneficencia de Lima recibe Patrimonio histórico como el Cementerio Presbítero Maestro, la Plaza de Toros de Acho, el Real Hospital de San Andrés. Todos eran los más antiguos de la época en la nueva América, los más emblemáticos. Porque ese era nuestro país, un país de avanzada y ejemplo de la región.
Así la Beneficencia de Lima, hoy con 186 años, no solo es una de las instituciones más antiguas del país, sino como una entidad simbólica. Representando los valores altruistas más altos de la comunidad. Conformada por vecinos notables que no buscaban depender del Estado, sino encontrar soluciones para atender su misión.
Esto es algo determinante en la vida de la institución, la obtención de recursos debía provenir de la generación de rentas que la misma procurara. El Estado nunca financió las obras, ni las incorporó dentro de su presupuesto. Y así ha sido a lo largo de sus casi 200 años.
Históricamente le fueron donados un valioso y numeroso patrimonio inmobiliario, gran parte de él, en el Centro Histórico de Lima, el cual gestionó eficientemente por décadas, asimismo obtuvo recursos de sus cementerios y de otras actividades comerciales, como el ramo de loterías y la promoción de la cultura y tradiciones.
Pocos guardan en la memoria que los principales hospitales de Lima, desde 1834, fueron construidos por la Beneficencia de Lima con dinero privado. El Dos de mayo, el Arzobispo Loayza, la Maternidad de Lima, el Hospital Víctor Larco Herrera y muchos otros más. Porque la institución velaba por la salud de sus ciudadanos.
Pero quizá la actividad social que más ha resaltado ha sido el albergue a los desamparados. Desde la niñez, hasta la ancianidad. Decenas de hospicios, casas de refugio, orfanatos, han sido parte de esta larga historia. Siendo hoy en día los más emblemáticos y representativos el Puericultorio Pérez Araníbar, el Hogar Canevaro, el Hospicio San Vicente de Paul. Sin olvidarnos de la Casa de Divorciadas y los Hospicios Manrique y Ruiz Dávila. También ha resaltado la alimentación a los pobres a través de sus comedores populares y la educación a través de representativos colegios como el Sevilla en el Rímac y en salud el histórico Hogar de la Madre y el Larco Herrera.
En el Perú se crearon más de 150 Sociedades de Beneficencia en igual número de ciudades, tendiéndose una gran red de solidaridad en todo el país.
Pero en 1968 se escribió un capítulo oscuro. La voracidad estatista llevó a un mal proceso de expropiación de las beneficencias que duró casi cinco décadas. En este lapso los gobiernos de turno depredaron su patrimonio y arruinaron sus obras sociales. En un claro aprovechamiento político se repartieron sus propiedades, y cuando ya no sabían qué hacer las trasladaban de un ministerio a otro. Así desaparecieron más del 30 por ciento y muchas se quedaron en estado de coma.
El 12 de setiembre de 2018 el Decreto Legislativo 1411 le restituye su naturaleza y derecho privado a las Sociedades de Beneficencia en el Perú y se comienza a reescribir la historia.
La Beneficencia de Lima ha planteado un Plan Bicentenario de cara al 2034, año en el cumplirá 200 años de existencia, y básicamente ha empezado una refundación con el lema Vivir para Servir.
Basado en cuatro pilares este plan se propone: Fortalecer y proyectar los programas sociales, así como la generación de nuevas iniciativas, que son la esencia misma de la beneficencia. La puesta en valor de su patrimonio arquitectónico, implementación de espacios como museos y centros culturales, para promover la cultura. Esto enmarcado en el Plan de Recuperación del Centro Histórico de Lima recientemente aprobado. Una estrategia comercial, moderna y rentable, que le permita la generación de los recursos necesarios para poder hacer sus actividades. Y por último la renovación de la institución, con un modelo privado de gobierno corporativo que la convierta en eficiente, que recupere su humanidad, en un marco de transparencia e integridad, como debe ser.
Hoy con orgullo podemos mostrar “Casa de Todos”, una iniciativa de la ciudad, que, de la mano con la Municipalidad Metropolitana de Lima está demostrando que la sociedad civil se puede unir con las entidades públicas para construir obras de bien. Incorporando al empresariado y trabajando juntos.
De esta manera estamos recuperando una institución de la ciudad, para el ciudadano.
Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.


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