Acabo de ver el primero de los cuatro videos de la campaña “Esto no es broma, esto es urgente”, presentada por Jason Day junto con un grupo de colaboradores, y en coordinación con el cardenal Pedro Barreto, como una iniciativa para contribuir a comunicar la importancia del cuidado que debemos tener todos -especialmente los jóvenes- ante la pandemia y la posibilidad de contagiar a nuestros amigos, familiares, vecinos.
En términos de comunicación, la estrategia que augura esta campaña apela a un mensaje sencillo, simple, claro, entendible por todos y no por ello menos relevante ni de bajo impacto. Al contrario: desde ya se ve que pretende conectar con los jóvenes a través de un vehículo tan universal y afín como puede ser la música, apoyándose en la simpatía de un carismático rapero chalaco (Elciem), manejando un lenguaje visual limpio y luminoso, y ofreciendo una promesa de valor basada en algo tan apreciado y valorado por todos como es la vida, los amigos, la familia.
Sencillo, directo, humano. Y eficiente en términos de comunicación y de establecer puentes de contacto positivo con las personas. E impulsor de la bidereccionalidad de la comunicación: súmate a este compromiso, sé parte de la solución.
Frente a este spot, es inevitable pensar en lo opuesto que resulta la reciente campaña del Estado -pretenciosa, por cierto- que apela al miedo y a la culpa a través de un mensaje enrevesado que nos traslada directamente al lado opuesto del espectro: lo oscuro, lo negativo. Y con total ausencia de empatía. ¿Cuál es la promesa de valor que plantea? ¿Qué puentes de contacto establece? ¿Hay algún interés por la comunicación integral, o más bien se queda en la antigua visión del “yo sentencio y tu acatas y te callas? ¿Emisor-receptor a la antigua? ¡Las cosas han cambiado, eh!
Porque, a ver: ¿con qué conectamos y reaccionamos mejor los seres humanos? ¿Con el estímulo positivo o con la amenaza de castigo? ¿Y los peruanos? ¿Es que de veras creemos que funcionamos mejor con el maltrato y el castigo? (¿más te pego, más te quiero?).
Estamos en el 2020, y aunque seamos un país al que le falta mucho por desarrollar y mejorar en educación, civismo y ciudadanía, tampoco estamos ya en la época en que el padre rígido, amenazante y castigador era el que determinaba qué se hace y qué no. Algo hemos evolucionado como sociedad, y el Gobierno debería entenderlo de una vez a la hora de segmentar qué y cómo comunica la información que tan importante nos es a todos en plena pandemia.
Y esto es fundamental: hace poco se ha empezado a señalar que las cifras de muertes por covid-19 estarían en descenso (especialmente en provincias, porque el problema principal sigue siendo Lima). Es estupendo, pero eso no implica que no sigamos en una situación muy crítica, y que seguiremos así en los siguientes meses. ¿Qué hará el gobierno para comunicar los pasos a seguir? ¿Seguirá con mensajes confusos, poco eficientes y amenazantes? ¿O se decidirá por trabajar una estrategia más proactiva, que involucre positivamente a las personas, que las haga parte de la solución y no del problema?
Quizás por primera vez estemos, en tiempo real, frente a un escenario en el que dos campañas que no son de corte electoral, que van a un mismo segmento de la población y que persiguen mismos objetivos, manejan mensajes y estrategias de manera tan diferente. Y no es que una sea respuesta de la otra, sino que una ha surgido por ineficiencia de la otra. Y sí, pues: no es broma, es urgente.
Claudia Doig.
Comunicadora y periodista de amplia trayectoria en prensa escrita y televisión. Especializada en comunicación estratégica, relacionamiento con stakeholders y gestión de la reputación y marca en el sector público y privado. Directora editorial de revistas, libros y publicaciones temáticas.


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