Arturo García Opinión

CELAC: vergüenzas continentales

Apenas se está asentando la polvareda que para mal levantó la reciente reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cuando ya vemos la cara sucia de mandatarios bananeros, especialmente el mexicano. Nadie le jala la cola al tigre sin recibir un sonoro rugido de sus fauces, si bien le va.

Este mecanismo fue lanzado oficialmente en Cancún, México, en el año 2010, promovido por el entonces presidente mexicano Felipe Calderón. Notamos que se trata de una alianza en la que explícitamente no participan Canadá ni Estados Unidos.  La reunión actual fue ideada por la cancillería mexicana para intentar posicionar al mandatario mexicano como un líder continental. Imposible en alguien que en tres años de presidencia apenas ha salido del país en una sola ocasión. Se había anticipado que el dilatado propósito que la movía era promover una reforma a la Organización de Estados Americanos (OEA), pero a la hora buena nunca avanzó la propuesta, y sucumbió en medio de veleidades y protagonismos. Nada nuevo pues. Tan mal operado, que López Obrador debió modificar su discurso para hablar de una especie de comunidad económica americana, no viable sin Estados Unidos, y apelando a la “alianza para el progreso” de Kennedy, estrategia para suavizar a los demás países latinos… por el embargo a Cuba. De locos.

La división de OEA y CELAC es bien conocida, y desde luego que en ella concurren posturas y alineamientos ideológicos. La OEA ha sido critica con regímenes no democráticos, como Venezuela, Nicaragua y en su momento con el proceso boliviano. Además, excluye explícitamente a Cuba e integra a Estados Unidos y Canadá. En la CELAC, aunque ha variado según su mezcla de mandatarios, suelen influir los allá criticados. Más cuando les abren las puertas como sucedió en este evento realizado en tierra mexicana. Adicionalmente impulsan el discurso de no intervención, autodeterminación de los pueblos, y todo ese andamiaje intelectual que muchas veces resulta solo pretexto para encubrir violaciones a derechos humanos y democracia.

De entrada, la reunión fue desairada por los mandatarios de Argentina, Colombia, por diferentes motivos, y abiertamente Brasil que se quejó justo de que la reunión privilegiaba a países no democráticos. Y esto era más que anunciado, no había ni siquiera rubor en darle este toque de socialismo folklórico, comenzando con la ambientación de que López Obrador tuvo como invitado de honor al autócrata cubano Miguel Diaz-Canel en los festejos de independencia los días previos. Y luego hizo venir a Nicolás Maduro casi sin avisar, y este regodearse con la visita.

Esto derivó no obstante en sendas sacudidas en la mesa a cargo de mandatarios Latinoamericanos. Tanto el uruguayo Luis Lacalle Pou como el paraguayo Mario (Marito) Abdo Benítez, en plena sesión les dieron, diríamos en las peleas de barriada, hasta por debajo de la lengua, a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Marito Abdo además espetó que era honorable hacerlo de frente, y acompaño el dicho con el hecho: en su propia cara se los dijo. Y estas fueron las noticias destacadas, y los trozos de video a los que mas vuelo se les dio en los diversos medios noticiosos y en las redes, lo que puso el ambiente maltrecho y poco proclive a algún acuerdo en el que se ostentara la “unidad latinoamericana”.

No seria de extrañar, además, que Estados Unidos haya operado para impedir la concreción de acuerdos de fondo. Al fin no está pintado ni esperando a que en sus fronteras le armen una rebelión de economías que juntas no reúnen ni la mitad de su PIB. Por ello al final, el acuerdo de la cumbre se tuvo que derivar hacia cosas más o menos asépticas, sin atractivo especial, como la salud, la pobreza.

Ya todo eso tenia para que hubiera causado vergüenzas continentales, cuando en el cierre de la reunión, a petición de México, presidente por tempore, participó el mandatario chino Xi Jinping vía remota. En pocas palabras, les dijo, no se preocupen si Estados Unidos no les ayuda, aquí esta su amigo para arrimar el hombro en sus congojas.  No, ciertamente no fue así, pero al buen entendedor pocas palabras. Quien sabe a que atrevido y creativo funcionario de la cancillería mexicana se le habrá ocurrido que era buena idea esta intervención. O sea, si no había suficiente con ostentar la amistad con Cuba, ahora también la hacen de avanzada de la penetración de china en el continente. Que tampoco es que le haga falta mucha ayuda. Y justo cuando en ligas mayores se libra una pelea de gigantes y pronóstico reservado, por la cancelación de una compra de submarinos a Francia. Vaya sentido de la oportunidad.

Así ocurrió este episodio de la política internacional de nuestros países. Ya ni hablar que los otros mandatarios no se hicieron notar por ninguna idea memorable. Tristemente, con mucha pena para mis amigos peruanos, el caso del profesor Pedro Castillo, apenas distinguido por no más que su atuendo.

Se verifica lo que hace exactamente un año que hice una pausa por tareas electorales en este acreditado medio, escribí:

“Quién sabe qué azares del destino han concurrido para que tengamos una de las peores camadas de presidentes que se recuerde. Y al final el saldo va a ser negativo. Temo que vamos a dar un salto en retroceso de al menos una década”.

Gracias de nuevo por este espacio.

Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue miembro de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, miembro de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación.  Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, México. 

1 comment on “CELAC: vergüenzas continentales

  1. martin belaunde moreyra

    Interesante apreciación. China se perfila como el socio comercial e inversionista en el espacio continental americano frente al repliegue de los Estados Unidos. Eso está ocurriendo con el Perú.

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