Columnas Víctor Velásquez

La visión de los caemistas

En el origen, evolución y trascendencia del Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN), a través de su evolución orgánica así como de la palabra y pensamiento de sus miembros fundadores, y de cuyos planteamientos surgen políticas que más tarde fueron enarboladas por el Gobierno Revolucionario de las FFAA, e inclusive por el mismo Belaunde Terry, cuales son proyectos en la Sierra central, los mismos que están presentes cada vez que de la Realidad Nacional, se trata. 

Durante una conferencia en el Círculo Militar del Perú, en el año 1936, el entonces teniente coronel Carlos Dellepiane manifestó: “creemos que debe existir una escuela de Oficiales, una escuela de Capitanes, una escuela de Jefes y una escuela de Coroneles…De este modo hemos enunciado, en el segundo rubro, las Escuelas de Aplicación; en el tercero, la de Guerra; y en el cuarto, el Centro de Altos Estudios Militares…Es necesario crear un curso independiente de Altos Estudios Militares”. 

En 1944, un estudio del Estado Mayor General titulado “Exposición del Ejercito sobre una Organización para el Esfuerzo de Guerra”, a mi parecer, teniendo en cuenta  las lecciones aprendidas en el Conflicto con Ecuador de 1941, propuso una definición más amplia de defensa nacional, incluyendo algunas reformas sociales, la que paso desapercibida.   

Pero, al interior de la institución,  y por la preocupación de algunos oficiales de la Escuela Superior de Guerra, fue materializándose la necesidad de crear un nuevo centro de estudios militares donde se preparase al alto mando institucional para formular una estrategia de defensa nacional moderna. Este centro estaría dedicado fundamentalmente a crear nuevas teorías de defensa nacional basadas en las “realidades” del potencial nacional del Perú y en sus capacidades militares, y desempeñaría una función clave en la preparación de los oficiales para asumir importantes puestos de mando. 

El primer planteamiento formal para la creación de un centro militar de entrenamiento especializado fue hecho por el general Oscar N. Torres en 1945, quien declaró que se  requería un centro de altos estudios militares para preparar a los oficiales del ejército para dirigir unidades militares estratégicamente importantes. 

Durante tres años su propuesta fue encarpetada, hasta que cinco meses antes del gobierno de Odría, el coronel en retiro Cesar Enrique Pando, senador aprista por Lima, presento ante el segundo congreso nacional de su Partido una propuesta solicitando la creación de un centro de estudios militares para mejorar la calidad de la capacitación profesional castrense.   

Finalmente, en julio de 1950, a instancias del general José del Carmen Marín, se logró la creación, primero, como Centro de Estudios del Ejercito, y luego como Centro de Altos Estudios Militares. Sus objetivos eran: definir una doctrina de guerra nacional; incorporar los principios básicos de esa doctrina al entrenamiento de oficiales del ejercito destinados a asumir puestos de alto mando; estudiar los asuntos fundamentales de la defensa nacional y su relación con los problemas nacionales básicos; desarrollar sistemas de educación e instrucción para el ejército, y supervisar la instrucción de coroneles como una forma de prepararlos para su acenso a generales de brigada. 

La creación del CAEM en 1950, permitió iniciar el estudio de disciplinas íntimamente ligadas a la realidad socio-económica del país, a la que nunca antes los militares habían tenido acceso. Más tarde, los egresados de este centro de estudios conformarían el grupo militar más comprometido con los cambios y modernización del país y muchos de ellos ocuparían puestos claves en los gobiernos civiles y militares que se sucederían a partir del régimen del general Odría, que fue el primero en contar entre sus miembros a egresados de este centro. En el discurso de inauguración del año académico de 1951, el general Marín, insistió en señalar que el centro debía desempeñar una función integral en el desarrollo del siempre creciente concepto de defensa nacional, el cual debía ser traducido por el alto mando de la fuerza armada en acciones concretas destinadas a promover el bienestar de la nación.

Un hecho muy curioso, es que después de 1956, oficiales sin ningún vínculo con el CAEM plantearon reiteradamente la necesidad de que las fuerzas armadas también asumieran la función de resolver los principales problemas nacionales, lo que cobro vigencia en 1859, en artículos escritos por oficiales en revistas militares como el del capitán Mario Lozada Uribe, el teniente  coronel Alejandro Medina y el teniente coronel Artemio García Vargas. Al igual que durante el gobierno de Velasco (a partir de 1968), la influencia del CAEM con la Junta Militar de Gobierno de Pérez Godoy, fue más ideológica que administrativa. 

Entre los pensadores caemistas, destacan: Marcial Romero Pardo, quien sustentó la necesidad de vincular la seguridad con el desarrollo nacional. En 1944, el entonces teniente coronel Marcial Romero Pardo publicó un panfleto titulado La Guerra Total, que incluía un artículo, “El concepto moderno de la defensa nacional (1941) y el texto de una conferencia titulada “La Guerra Total y la Movilización Integral (1942). Su argumento, estaba basado en la premisa fundamental de que la guerra moderna se había convertido en guerra total.  En el grado de general, Romero Pardo, ya como sub director en 1954, sobre la situación del CAEM, dice que: “…se instala cuando Odría, pero…en ese desarrollo político se crea una enemistad entre Odría y Marín, y Odría lo retira todo el apoyo al CAEM…Yo había sido ascendido a general el año 54-55 y fui nombrado Sub Director del CAEM por Odría. Y Odría personalmente me dijo: “lo he nombrado a usted provisionalmente y lo antes posible se dispone usted a tomar la dirección del cargo”. Yo le conteste, “mi general, mientras el General Marín esté en servicio yo creo que debemos mantener y usar de su experiencia y capacidad, yo no permitiría aceptar la dirección”. El CAEM apoyaba medidas que sirvieran para dar un grado más alto de centralización al comando y a la estructura planificadora de las FFAA, tales como el Comando Único y el Consejo Supremo de las FFAA. De su experiencia caemista, Romero Pardo, refiere que: “Durante la época de Prado se  produjo esa mi intervención como director y cuando yo presenté el proyecto (de la Selva Central), Prado me lo escuchó con seis ministros. Tres horas hice la exposición. Abrazos y que se yo pero no se realiza…A pesar de estar conversando en esa forma, invitando al nuevo director que hiciera el máximo desarrollo, etcétera, etcétera, al final proyectos de gran importancia cono el de la Selva central, por una parte, y por la otra, la constitución del Comando Único y el Consejo Supremo de las FFAA…no fueron aprobados”.  Dice Romero Pardo, en 1959,  que: “La guerra, en tanto es ciencia y arte a la vez, tiene su teoría. La teoría de la guerra tiene un valor universal, puesto que sus principios lo son, pero en su aplicación, la teoría de la guerra debe tomar formas y modalidades especiales. Solo cuando la teoría general ha logrado adaptarse, en forma evidente y útil, a un determinado país, se convierte en la doctrina de la guerra del país aludido. Por consiguiente, no puede ni debe hablarse de Doctrina de guerra a secas, sino de Doctrina de Guerra de tal o cual país. Resulta, pues, absurdo, copiar o adoptar una doctrina exótica, ajena a la realidad nacional”. 

Brilla con luz propia, José del Carmen Marín Arista, primer Director del CAEM. Su principal labor fue difundir el conocimiento del potencial nacional y por sus trabajos analíticos para enfocar el problema de la seguridad y desarrollo económico, ha logrado una valiosa contribución al conocimiento integral de la defensa nacional, poniendo en relieve las líneas fundamentales de impuso, al margen de toda visión aislada o interés de grupo. En lo que concierne a la seguridad nacional, pensaba no solo en una nueva definición de la guerra como total e integral, sino también en una concepción abstracta del rol de Estado. Este, persigue a través de su política general dos objetivos fundamentales: el bienestar general, definido como bienestar material y espiritual, progreso y libertad económica de la nación, y la defensa nacional para asegurar la inviolabilidad y el ejercicio absoluto de su soberanía. Añade con su acostumbrada sinceridad, en 1965, que: “Amigos, en realidad los que se oponen a las ideas renovadoras ponen en peligro a la patria. Ya hace años que sostengo que los militares debemos darnos cuenta de una cosa: ¿qué va a defender el solado, el ciudadano? Cuando un hombre de una barriada está tuberculoso o cuando no tiene dinero para comprar medicinas a su hijo enfermo, no va a estar decidido a defender nada, menos el orden social. Más bien, puede estar esperando un cataclismo porque a lo mejor, piensa, le va a resultar algo bueno. En todo caso, él no tiene nada que perder con cataclismos”. Reafirmando que la paz no es la ausencia de lucha, sino la prosecución de la lucha en dominios no militares, tales como económico, social y psicosocial, dice: “Si un país pretende mantener a otros en estado de inferioridad, para defenderse, con miras a imponerle sus condiciones, es de lógica evidente que tratará de obstaculizar el desarrollo de la potencialidad de este último, de debilitarla al mismo tiempo que acrecienta la propia. Tal es la finalidad de la lucha permanente en los campos político, económico, y psicológico, que observamos a diario en el mundo y de la que también somos objeto nosotros mismo como lo prueban las dificultades experimentadas en la obtención de créditos internacionales para el desarrollo de nuestra industria siderúrgica; el apoyo y aliento dados a los elementos de perturbación interna o de amenaza internacional, y tantos otros que podríamos citar en todo el curso de nuestra historia”    

Destaca Carlos Giral Morzan, quien, según uno de sus biógrafos, fue oficial conservador y director del CAEN, dio menos importancia al estudio de problemas socio económicos y mayor dedicación a cuestiones militares. Debe ser por eso, que no estuvo en el equipo de militares “golpistas”. Morzan, nos dice, en 1965, lo siguiente: “No hay diferencias fundamentales entre la guerra clásica y la subversiva. La denominada guerra subversiva es una guerra internacional en la que los ejércitos que operan son los propios connacionales, se busca establecer un régimen esclavista, totalitario soviético y forma parte de una guerra integra, o sea de la que libra dicho bloque [comunista] contra el mundo occidental…Esa es la causa por la que producida una guerra subversiva hay que ir de inmediato a contemplarla como una guerra internacional. Dicho planteamiento explica el porqué de los pactos de defensa anticomunista”. 

Terminamos este recuento, con Cesar Pando Egusquiza, el mismo que, luego de su importante labor en el CAEM, y en la situación de retiro, incursiona en la política, en un partido de izquierda. Estudiante y luego Sub Director del CAEM, es el más conocido propagandista militar de la nacionalización del petróleo El general Marcial Romero Pardo, su superior en el CAEM, condeno su radicalización en los términos siguientes: “César Pando fue un oficial de prestigio en las FFAA. Era de mi promoción, me acuerdo mucho, hizo el CAEM, etc. Él era un ideólogo del problema petrolero y finalmente por su tendencia adoptó pues un temperamento, una actitud política que para mí, personalmente, no merecía mi aprobación. Porque un oficial de alta graduación personero del partido de extrema izquierda como el comunismo me parece absurdo”. 

La fundación del CAEM (hoy CAEN), fue en parte respuesta a las demandas de intelectuales del Ejército por un centro de estudios superior al que se le pudiera confiar con seguridad la tarea de elaborar una doctrina estratégica nacional.    El marco global actual nos exige que, exista una corriente de intelectuales militares, que definan para el futuro inmediato una nueva concepción estratégica nacional, la misma que paradójicamente, viendo lo que pasa en el escenario mundial, volverá a lindar con la Guerra Total, Hibrida o Irregular. En plena celebración del Bicentenario de las Batallas de Junín y Ayacucho, que consolidó la Independencia Nacional, es motivo suficiente para que, a través de la historia del soldado intelectual peruano, entre ellos, los militares fundadores y participantes del CAEN, conozcamos, algo más de su amor y lealtad a su Patria así como la necesidad real de delinear el futuro estratégico inmediato.

Víctor Velásquez Pérez Salmon.  Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.    

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