Como algunos pueblos latinoamericanos, el Perú está soportando desde hace varias décadas, una ofensiva de terrorismo mediático que no solo manipula y desinforma sobre aspectos socio–políticos y culturales sino que generan desestabilización e ingobernabilidad.
Su generador ideológico, es el marxismo gramsciano que debilita al Estado, creando las condiciones para el triunfo de la revolución socialista, que no descarta el uso de la violencia para lograr sus fines, en la que, como afirma Gramsci, “los hombres se ven impulsados a guerras sociales”.
En la praxis gramsciana, hace uso de uno de los centenares de definiciones de terrorismo. Selecciono uno: es una táctica que utilizan entre todo diversos agentes no estatales, que pueden constituir una entidad acéfala o una organización jerárquica, con el fin de generar un clima psicológico de miedo que compense su carencia de poder político legitimado. Se diferencia con claridad, por ejemplo, de la guerra de guerrillas, del asesinato político, del sabotaje por razones económicas, aunque las organizaciones que practican el terrorismo no se hayan privado de recurrir a estas opciones. Algunos medios de comunicación y redes sociales, son la “quinta columna” de esta invasión del terrorismo cultural que desde el extranjero o desde el mismo país, construyen tácticas basadas en alentar violencia extrema en calles y plazas, desestructuración familia, así como en el anti militarismo a través de juicios interminables, persecución y disminución ostensible en su presupuesto. Las entrevistas casi a diario de gente comprometida con disociarnos; las publicaciones en libros, revistas, y diarios nacionales y extranjeros alentando a los neo senderistas, no es gratuita. El sometimiento a la justicia de militares, que defendieron a la sociedad democrática del sometimiento filo comunista, tampoco. Los numerosos films en que los militares son los que incumplen normas de derechos humanos y de lesa humanidad, no es fortuita. La construcción de colegios peruano-venezolanos o peruano- cubanos, con presuntos fines de adoctrinamiento ideológico, son un veneno cultural para nuestros jóvenes. La amenaza de que Puno con ayuda iraní y boliviana, sea un núcleo de separatismo, es una puñalada a la nacionalidad misma. La prohibición a que se ice la bandera nacional en la ciudad de Puno; la destrucción de varias torres de energía eléctrica en Pataz, las marchas de protesta y secuestro de turistas extranjeros y las ingentes perdidas económicas en Machu Picchu, la escalada de titulares y primeras panas sobre hechos delincuenciales en lugar de la advertencia al gobierno de solución a las necesidad básicas de la población; la exhibición de libros y documentales sobre exponentes del comunismo-marxismo- leninismo-pensamiento Gonzalo en detrimento de los peruanos de paz, son claros ejemplos, de que el terrorismo pro socialista, nos lleva la delantera.
Preguntémonos: ¿Desde 1962, en que se incubó y realizaron las luchas proselitistas y violentistas de las organizaciones terroristas, con el apoyo externo físico y material de organizaciones castristas y comunistas, y el apoyo interno, con estudiantes y maestros universitarios, magisterio y campesinado y otros sindicatos de trabajadores, hemos hecho lo suficiente para disminuir o eliminar el fenómeno terrorista? Respondamos: No, no lo hemos hecho, porque seguimos con el centralismo político, económico, educativo y cultural; porque el contraste entre el avance tecnológico entre las zonas interiores del país y el acelerado avance que ocurre en Lima, sigue vigente; porque existe deficiencias en los medios de transporte y comunicación, y porque la esperanza de mejoras de vida ha decaído. Si la decisión, ante una mala apreciación de inteligencia estratégica, de los gobiernos contemporáneos, es adoptar como subterfugio el “dejar hacer, dejar pasar”, estamos fritos. Si preferimos seguir con la “calma chicha”, pues estamos haciendo la camita a los seguidores de Cuba, Venezuela o Nicaragua, y por ende, cavando nuestra propia tumba.
Para salir de este círculo vicioso que carcome nuestra paz y futuro, debemos lograr la hegemonía moral, el nacionalismo basado en valores. En ese fortín ideológico, la lucha por la supremacía de los espacios vitales terrestres es una de los principales indicadores de las tensiones que existen a partir de las divergencias de intereses de los estados, añadiría también, en el caso nuestro, la de las regiones. Si seguimos eligiendo malos gobernantes y peores congresistas: si los otros estamentos relacionados con lo judicial y policial no son eficientes; si el número de los jóvenes que ni trabaja ni estudia aumenta; si la pobreza extrema sigue subiendo, y si la clase media, desaparece, desgraciadamente, el “caldo de cultivo” para filosofías gramscianas se hace probable.
En ese contexto, la sociedad civil, representada por los Poderes del Estado debería ser la primera barrera para detener experiencias socialistas fallidas que solo han traído más hambre y pobreza a los pueblos. A igual nivel, los familiares de los asesinados por el PCP-SL, de 1980 a 1992. Todos a la vez, deberían ser los primeros en oponerse a que los partidos o alianzas, comunistas-marxistas-leninistas-mariateguistas- caviares, sigan ejerciendo autoridad alguna en el Perú, pues encarnan pactos que sitúan en el poder a los que consideran la violencia como partera de la historia. Es decir, acabar de una vez por todas con el comunismo, uno de los principales causantes de la desgracia nacional desde los años 30. Ergo, que los libros sobre la vida de los valientes soldados y campesinos reemplacen a los terroristas, y que patriotas de la talla de Moyano, Noel y Moral, y muchos otros más, sean reivindicados. Asimismo, que la leyenda negra de que los soldados han cometido crímenes de lesa humanidad sea reemplazada por la iluminada tarea homicida de Abimael Guzmán y sus huestes criminales, que mataron a cientos de campesinos, militares y policías, y siguen en la impunidad, con el cuento de que, lo hicieron para buscar dizque la justicia social.
Para que el jaque mate gramsciano no se realice, y salvar a la república, luchemos con todas nuestras fuerzas por la unidad y paz.
Víctor Velásquez Pérez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.


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