Víctor Velásquez
Hace tres mil años, en una región llamada Chavín de Huantar, apareció el primer ejército peruano y a la vez sudamericano, básicamente compuesto de tropas de infantería, organizado para la defensa de la sociedad. Allí, están aún los vestigios, como el del combatiente de Sechin, con sus cabellos hirsutos, cruel con sus prisioneros de guerra; el de la cultura Nazca, que utilizaron armas arrojadizas creando la estolica para los combates a distancia; hacia el siglo III A.C., el guerrero Moche, que combina las armas contundentes con las arrojadizas, y utiliza la porra como arma predilecta, los misteriosos Wari y a los inteligentes hombres del Tiahuanaco, hasta llegar al gran ejército imperial de los incas, que contribuyó a que el Tahuantinsuyo tuviera el máximo nivel de poder y expansión en toda la América del Sur debido a la bravura de los soldados de a pie, provistos de escudos, lanzas, macanas y hondas, con sus unidades de infantería pesada de choque que fueron invencibles.
En el siglo XVII, la lucha por la libertad, se traslada, hacia casi todos los confines de la patria, con los levantamientos ocurridos en 1739 con juan Vélez de Córdova en Moquegua, con pomares en Huánuco y con Zela en Tacna; y prosiguen con Juan Santos Atahualpa en 1741,que llega a formar un ejército nacional; continúan el 4 de noviembre de 1780, cuando volvieron a marchar las huestes de infantes esta vez con Túpac Amaru como su líder, al que le siguió Diego Cristóbal hasta el Siglo XVIII, con la rebelión de los hermanos Angulo y Pumacahua, en 1814. Ese mismo año, la infantería del ejército real del Perú, obtuvieron la victoria en la batalla de Rancagua, donde, dice Ugarte del Pino, que: “el ejército real del Perú, conformado por soldados mestizos y criollos, en el que se formaron los hermanos Castilla, Gamarra, Santa Cruz, La Mar, Berindoaga, Riva Agüero, Terán, Aristizabal y tantos otros como el general Goyeneche y esos soldados que vencieron en Rancagua e ingresaron en Santiago, pensando que combatían a los ingleses y sus aliados sus tradicionales enemigos de trescientos años; pues así consta en las medallas de oro, plata y cobre que en su honor se acuñaron en Santiago en 1814. En 1821, con San Martin, los infantes siguen batallando en las Campañas de Intermedios, en donde la falta de coordinación y auxilio apropiado de parte de aliados argentinos y chilenos ocasiona el fracaso, y la inacción, hasta la llegada del general Bolívar, y conseguir mediante la División de Infantería, al mando de La Mar, la victoria en la batalla de Ayacucho en 1824.
A finales del Siglo XIX, durante la guerra de Chile contra el Perú, numerosos episodios se sucedieron, Uno de ellos, la batalla de Tarapacá, que hoy conmemoramos. Refiere Raúl Rivera Serna, “no podemos dejar de valorar la decisiva contribución del soldado aborigen, ni de mencionar los nombres de jefes, que como los comandantes Zubiaga, Suarez, Pardo de Figueroa, Ríos, los de los jóvenes Odiaga, Osorio, Meneses, Torrico y Cáceres…los de los coroneles Recavarren, Dávila, Bolognesi, Herrera y Cáceres artice este ultimo de la victoria, pues supo conducir con habilidad a los batallones “Zepita” y “2 de Mayo”, a los que le toco soportar la impetuosa carga del enemigo. Nuestra Universidad no estuvo ausente en esta ocasión, pues estuvo dignamente representada por lo jóvenes Lecca, Bedoya y Torres Paz”.
Luego de la Defensa de Lima, se inicia la Campaña de la Breña, liderada por Cáceres, la que significa para él, lo siguiente: “es la página más honrosa de mi vida militar. No vacilo en proclamarlo. Me enorgullezco de ello. Tengo muy presentes y me acompañarán hasta mi tumba, todos los entusiasmos, todas las satisfacciones, todas las decepciones y amarguras, que experimenté durante estos tres años de constante batallar. Todos los que pudieron agruparse a mí, para continuar la campaña y arrojar al odiado enemigo del país, aún después de los desastres de San Juan y Miraflores y la toma de Lima, rehuyeron ayudarme…ambiciones, rencillas, pequeñas pasiones ¡todo se coaligo contra mí, que defendía a la patria, cuando todos la dejaban abandonada al infortunio!
Hablar del Arma de la Infantería, es referirse a la “Reina de las Batallas”. Es reseñar los orígenes del primer hombre que habitó nuestro territorio patrio. Es señalar al componente principal de cuantas operaciones militares se han desarrollado en nuestra historia, desde el Incario hasta la República, en las cuales sus ejecutores, vencen con estoicismo, la fatiga y los peligros propios del combate, superan con honor y valentía las distintas privaciones que la misión misma impone, hasta conseguir la victoria.
Tarapacá para Ella Dumbar Tenple, “fue el día augural de Cáceres de la futura resistencia del hombre de piedra y de roca andina, que actuó siempre impulsado por un viento telúrico, y se me impone un paralelo: nuestras dos acusadas y singulares realidades geográficas, la larga costa y la larga cordillera peruana, hallaron sus adecuados y pugnaces defensores en Grau y en Cáceres, en el héroe del mar y el héroe del Ande. Ambos responden, en adentrada simbiosis, inclusive en sus apariencias fiscas, idiosincrasias y calidades espirituales, a sus respectivos ancestros y destinos”.
Nos dice Tomas Caivano que: “el soldado peruano sorprendido por el enemigo cuando menos se lo esperaba, supo, no solamente salir del foso para ponerse enfrente de un enemigo que lo dominaba y fusilaba a discreción, sino también lo fue a buscar hasta dentro de sus mismas posiciones, que estaban defendidas por diez buenos cañones y por las bien aprovechadas asperezas del suelo; y luchando cuerpo a cuerpo, en un encarnizado combate varias veces suspendido, para tomar aliento y volverlo a empeñar cada vez con vigor siempre creciente, le tomó sus cañones y sus banderas, lo desalojó de sus posiciones, y lo hizo retroceder en completa derrota”.
A los 145 años de aquella batalla victoriosa, el legado dejado por nuestro Patrono el Mariscal Andrés Avelino Cáceres, y los jefes y tropas artífices de las victorias alcanzadas en Ayacucho, Tarapacá, la Campaña de la Breña, Zarumilla, Cordillera del Cóndor, Cenepa y Operación “Chavín de Huantar, fortalecen la fe del soldado de infantería y constituyen leit motiv para vencer: Infantería ¡Paso de Vencedores!
Víctor Velásquez Pérez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.


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