La injusta prisión de los generales Hermosa Ríos y Rivero Lazo, el primero, en estado vegetativo, y el segundo, con exceso de carcelería tras una prisión sin sentencia de largos años, y de muchos oficiales enjuiciados y perseguidos con la aplicación malévola de la culpabilidad mediata, nos hace ver que, los militares, que por misión constitucional, protegen al país de las amenazas transnacionales imbuidas de comunismo-maoísmo tipo Gonzalo, que quieren destruir a la democracia, no tienen respaldo del sistema de justicia de la sociedad a cual defienden.
En este contexto, creemos, que no puede haber similitud entre el ejercicio del uso legítimo de la fuerza del Estado versus la criminalidad de los grupos terroristas que buscan la destrucción del propio país. No puede haber similitud ante el Ejército que, en combate, mató a miembros de la fuerza militar del PCP o del MRTA que tras recibir apoyo monetario y de instrucción en países aliados, cometió innumerables crímenes de lesa humanidad, contra los pueblos más pobres de la sierra central, por solo negarse a apoyarlos, los cuales permanecen hasta ahora, impunes. Aquí, me estoy refiriendo al despellejo con hojas de afeitar, a los que le reventaron la cabeza a pedradas, los que fueron tomados como rehenes e incinerados luego de incendiar aldeas amazónicas, a los juicios populares contra autoridades, mujeres, ancianos y niños, solo por el hecho de sembrar el terror. Estamos hablando de casi cuarenta años de impunidad, de liberación de cientos de ellos desde la época de García Sayán, hasta la incorporación de los mismos en las actuales organizaciones que sembraron el terror tras la caída de Castillo.
La batalla pendiente, es la batalla cultural. No es la venganza, es poner las cosas en su lugar. No es matar, sino evitarlas. La batalla pendiente es democratizar al país, mediante la justicia social a la manera democrática. Anteponer al crimen y odio, la paz y la unidad nacional. Para ello, necesitamos como en el Siglo XIX, cuando el país estaba dividido, fragmentado, sin esperanza, recurrir a los gobiernos fuertes. Y acá, no hay ideologías de por medio, acá existe la necesidad de unir fuerzas, separando lo que hace bien de lo que hace mal al país tanto a élites como a las masas. Trazar un plan de gobierno de reconstrucción moral, en la que tras el fracaso del actual gobierno, que se dijo de transición y acabó quedándose dizque al 2026, vacarlo y convocar a elecciones generales. No para darle gusto a los caviares ni izquierda radical, sino para salvar al país de lo fallido. Que en ese año de transito político, las fuerzas democráticas tras un Pacto de Punto Fijo, se unan para vencer en las urnas y en las redes sociales (vía uso del Soft Power), a los que quieren destruir al país, con el dispendio de bienes, con la corrupción galopante, con la frivolidad a flor de piel, con la ignorancia del aparato burocrático estatal arcaico, con los remanentes de terroristas aliados con el narcotráfico, la minería ilegal, inmigración descontrolada y las bandas criminales en alza, ya que “la batalla se gana en la mente antes que en las urnas” (De Piérola, 2024).
Las conclusiones del Informe Final de la CVR, por su carácter ideológico pro radicales, ha impedido llegar a la paz y a la reconciliación. De los 44 casos considerados materia de procesos penales, 43 son atribuidos a las fuerzas del orden y uno solo a las huestes terroristas. Califica a la escalada de crímenes de las OOTT PCP-SL y MRTA, por ejemplo, Lucanamarca, como periodos de violencia generalizada, y afirma que las FFOO actuaron sin sustento legal, sin estrategia, ejecutando una indiscriminada represión, usando prácticas generalizadas y/o sistemática de violaciones, pero no menciona que quienes lideraron la pacificación nacional fueron los militares. Menciona también la existencia de 4,644 fosas comunes de las cuales 2,444 solo existen en la imaginación de sus investigadores, todo lo cual costó para el país cerca de trece millones de dólares.
Hay una corriente de pensamiento de violencia que va desde Abimael Guzmán hasta Aníbal Torres, cuando coinciden en el uso de prácticas violentas y divisionistas en las que “correrán “ríos de sangre”. Y eso hay que revertir. Por ello, en el año pre electoral al cual estamos ingresando, es conveniente advertir que, “las fuerzas democráticas no han entendido que el dominio de las sociedades no es por la economía o por las fuerzas militares sino por la hegemonía cultural, batalla ganada por un totalitarismo amenazante a las libertades políticas desde 1917” (Laje, 2023). Esperemos que la sociedad civil, no solo sea parte de la comparsa de lo fallido sino actor principal en esta batalla pendiente por la democracia con rostro de ley y orden.
Víctor Velásquez Pérez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.


0 comments on “La batalla cultural”