¿Qué le falta al médico para alcanzar la excelencia ética? Muy buena pregunta. El médico como técnico del cuerpo humano debe alcanzar no solo una excelencia profesional en cuanto artífice del tratamiento de las enfermedades, sino que ha de estar impregnado de un cariz ético que complemente su correcto actuar.
James Drane, padre de la Bioética clínica estadounidense se ocupó ampliamente del tema logrando esbozar una serie de virtudes que debe reunir todo galeno. Estas virtudes se tornan necesarias en la formación del carácter de todo futuro médico a fin de que pueda alcanzar la excelencia profesional.
En primer lugar, el médico debe ser benevolente, es decir, tener una buena actitud con el paciente, no sólo querer su bien sino demostrarle que a eso apunta. Los pacientes se sienten muchas veces atribulados cuando pisan un consultorio por primera vez y la actitud de todo aquel que ejerce la medicina es suavizar esa tensión, procurando que éstos se sientan tranquilos. Recordemos la famosa hipertensión de bata blanca, que se genera en la visita médica como reacción del enfermo frente al médico y el diagnóstico que pueda presentar.
En segundo lugar tenemos la veracidad. Decir la verdad es un factor importante en la relación médico-paciente. Quizá el enfermo no esté en condiciones de escucharla plenamente, y para ello el médico tiene que acudir a la familia, o en todo caso, referírsela de la mejor forma. No mintiendo, pero sí dándole cuotas de esperanza. Tampoco, falsas esperanzas, sino alternativas de tratamiento. Después de todo, el paciente será el primero en darse cuenta acerca de qué es lo que realmente le está pasando. No solo ser veraz, sino que el sujeto vulnerable le crea realmente lo que tiene y las posibilidades de seguir adelante.
Tenemos en tercer lugar el respeto, a saber, el acortamiento de la distancia entre médico y paciente. Este aspecto es fundamental, ya que la distancia entre ambos y la falta de confianza dificultan las cosas. La distancia hace que el paciente no pueda absolver sus dudas frente al médico, tornándose en un aspecto grave para la condición del enfermo.
Luego, tenemos la virtud de la amistad, ya que esto pretende aconsejar que los médicos se conviertan en amigos de sus pacientes teniendo como base la honestidad con ellos. De esta actitud cálida nacerá un bienestar espiritual aún ante la adversidad. El paciente sentirá un sentimiento de protección y experimentará que se encuentra en buenas manos.
La justicia es una virtud importante en este contexto. Todos sabemos que muchas personas no tienen los recursos económicos para afrontar determinados tratamientos. Este es un problema que no solo puede solucionar el médico indicándole al paciente alternativas de solución, sino al mismo sistema de salud que debe afrontar serios problemas de equidad en las posibles terapias que ofrecen. Justicia y equidad no son conceptos intercambiables, sino que se complementan. La justicia es dar a cada quien lo que le corresponde, mientras que la equidad indica una actitud igualitaria.
Finalmente, aparece la virtud religiosa, que convierte al médico moderno en más sacerdote que nunca. Muchos pacientes acuden al médico para expresarle aspectos de su vida privada porque ven en ellos no solo a quien va a sanar su cuerpo, sino con quiénes pueden compartir aspectos de su alma. Los psiquiatras juegan en este aspecto un papel preponderante. En el psiquiatra (junto a todas las especialidades clínicas) deben aparecer todas las virtudes éticas del médico de las cuales se desprenden dos corolarios: veracidad, ya antes mencionada y sobre todo confidencialidad. El médico psiquiatra no puede ni debe divulgar las confidencias que le revelan sus pacientes ni el diagnóstico que tienen, a no ser que una situación realmente lo exija. Sobre todo en un país como el nuestro donde los problemas de salud mental no son vistos con buenos ojos. Eso es parte de una mentalidad infantil por parte de la sociedad. Los hospitales públicos no han de verse negativamente, pues mucha gente acude a ellos en busca de ayuda, gente de todos los sectores, puesto que las enfermedades y trastornos mentales no son cubiertos por ningún seguro privado dada su carestía. Si así fuera nadie se salvaría de un diagnóstico y las entidades aseguradoras entrarían en bancarrota. Sin embargo, en otros países, incluso en Latinoamérica, sí cubren la especialidad de psiquiatría, desde consultas a tratamientos largos y crónicos, hasta aquellos que requieren internamientos temporales o permanentes.
Estas virtudes mencionadas deben incorporarse a la formación de los futuros galenos, pues si bien mucha gente piensa que estos no van a cambiar, ya que están insertos en un sistema que los hace ser como son, es decir, buenos técnicos pero no necesariamente buenas personas o médicos buenos, con valores, confiemos en las nuevas generaciones que puedan transformar la imagen de desconfianza que la sociedad tiene hoy hacia una buena porción (no toda) del gremio médico.
Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.


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