El debate del equívocamente llamado aborto terapéutico sigue generando controversias. Se supone que por el término terapia entendemos un tratamiento positivo para el paciente que va a ir menguando las condiciones patológicas o psicopatológicas que generaron la condición vulnerable del que la padece. La terapia mantiene o remite el cuadro sin causar daño, o tolera efectos secundarios en favor del recobro de la salud.
Cuando se interrumpe un estado de gestación y se aluden razones terapéuticas, inmediatamente esto nos invita a pensar en que este evento va a generar un restablecimiento de la madre gestante. La casuística nos obliga a pensar en qué casos puede ocurrir esto. Solo existe una figura al respecto. En el embarazo ectópico, es decir, aquél que en que el embrión se anida en la trompa de Falopio, puede producir serios daños, ya que al crecer el óvulo fecundado en este lugar del sistema reproductivo femenino, llevaría a generar una hemorragia peligrosa por el peso del mismo poniendo en peligro la vida de la madre. El embarazo en estas condiciones anuncia él mismo que no va a llegar a buen puerto. Entonces, se hace necesario intervenir. Se ha hablado de una posible solución que, en este caso, consiga colocar al embrión en el útero mediante laparoscopía, pero no existe evidencia al respecto, y mucho menos que logre establecerse como una terapia habitual.
Cuando se producen embarazos no deseados, incluyendo los dolorosos por violación, la interrupción del embarazo no constituye terapia alguna para la gestante. Ya que se trata de la eliminación de un ser independiente a ella que lleva en sus entrañas. No existe otro modo de gestación humana más que en el vientre materno.
La ectogénesis, es decir, la gestación fuera del útero materno (en un recipiente adecuado), aún no es posible. Tampoco creo que se consiga algún día, pues se trata de un mero capricho humano sin rumbo específico.
De modo que la interrupción del embarazo nunca puede ser terapéutica a efectos del bienestar de la madre. Si una paciente descubre que tiene cáncer mientras está embarazada y precisa un urgente tratamiento de quimioterapia con riesgo para el feto, si es imposible la espera hasta que el no nacido pueda alcanzar el estado de viabilidad, entonces la pérdida del feto ocurre como efecto colateral al tratamiento para el cáncer. No se ha buscado directamente su eliminación, sino que se ha procedido en favor de la madre ante un caso grave en que el feto se pierde frente a una terapia que urge, ya que no es posible extraer al nascituro en fase viable. El principio del doble efecto reza así: el bien que se procura debe ser proporcionalmente grave al mal que se tolera. Es decir, que no se pueda evitar la causa cuyo efecto colateral simplemente es tolerado, no buscado.
En estos casos de dilema mayor, se actúa en favor del que más probabilidades tiene de vivir.
El aborto nunca puede ser terapéutico, ya que la casuística arroja que el estado de la madre queda psicológicamente vulnerable y dañado. Incluso, cuando los Obispo católicos perdonan en nombre de Dios el pecado de aborto, declaran que el sentimiento de culpa que lleva la madre cuando se acerca al confesionario, es sumamente doloroso, haciéndolo insuperable fácilmente. Pero la misericordia de Dios ante estos casos no se puede poner en duda.
Cuando se le aconseja a una madre violada que siga con el embarazo, se está buscando la solución menos devastadora a futuro para ella. Existe la posibilidad de ayudarla a sobrellevar la gestación con ayuda psicológica y posteriormente dar en adopción a la criatura. Muchas mujeres experimentan después estados de angustia y ansiedad tras un aborto voluntario. Ignoran a qué se deba esto, y cuando el psiquiatra las examina logran ubicar la causa en un aborto producido anteriormente. Otras, afirman no sentirse arrepentidas pero que si fuera ahora, no lo harían. Algunas, han expresado que cuando lo hicieron ignoraban toda la información que se propaga ahora sobre el estatuto humano del embrión. Lo que indica que no lo hubieran hecho. Otro grupo acude al viejo dicho ojo que no ve, corazón que no siente, a saber, que prefirieron abortarlo a darlo en adopción porque una vez que ven al bebé nacido, ya no hubieran querido desprenderse de él. Parece macabro, pero es cierto.
Es obligación del Estado encontrar una fórmula para tratar los embarazos adolescentes y por violación, ya que la eliminación del feto no constituye una terapia ni una solución. Incluso, algunas mujeres quedan estériles después de un legrado. La falta de arrepentimiento ocurre por ignorancia ante la verdad, y la opción de no salir de lo que se denomina una conciencia venciblemente errónea para aquellas que por su educación o cultura pueden salir de su error y simplemente no desean hacerlo.
Nosotros, los que sí sabemos cómo viene la mano, debemos actuar con la verdad. Nuestra obligación no es convencer a nadie sino manejarnos con veracidad. El aborto no resuelve nada, al contrario, crea alteraciones fisiológicas y psicopatológicas que más tarde generan trastornos de la personalidad muy severos y enfermedades mentales de suma gravedad. Existe una casuística muy importante al respecto. No hay que cambiar mocos por babas sino ir en busca de soluciones verdaderamente certeras, ya se trata de dos vidas humanas cuyo valor intrínseco no se pone en duda.
Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.


Buenos días Miryam: Quisiera agregar que la ciencia médica ha desarrollado tanto, que son cada vez menos los casos de enfermedades en el embarazo que no puedan ser resueltos por un equipo multidisciplinario. También es pertinente mencionar que bajo el concepto “riesgo de daño a la salud mental”, se están incluyendo el aborto por violación y por malformaciones congénitas. Quienes promueven el aborto terapéutico por salud mental, proponen que un aborto puede reducir el trauma de la violación, lo cual no tiene prueba científica. O también que el dolor por un hijo con malformaciones puede ser aliviado por el aborto de ese niño. Esto más tiende a la eugenesia, corriente que se erigió como aquella que iba a mejorar las descendencias eliminado a los menos favorecidos. En estos 2 casos, aborto por violacion o por malformaciones congénitas fetales, los equipos multidisciplinarios y la compasión humana, si pueden ser terapéuticos. Considero que la primera opción debe ser siempre salvar las dos vidas.
Gracias Paul. Efectivamente se trata de salvar las dos vidas por igual. Me alegra que como médico ginecólogo nos informes que las enfermedades en el embarazo son cada vez menos. El aborto no es terapéutico en ningún caso. Cuando ocurre un evento oncológico, los efectos para el feto no son buscados sino tolerados. Las secuelas que deja el aborto aún en casos de violación son sumamente graves sobre todo a nivel psicopatológico como bien lo mencionas.