Según informaciones del Instituto Nacional de Informe y Estadística (INEI), a nivel nacional, en el año 2024 la población peruana fue de aproximadamente 34´390.000. De estos 16´876.000 son hombres y 17´163.000 mujeres. En Lima, se proyecta que tendrá 10´432.000 que representa el 30.4% de la población peruana. La pobreza monetaria afectó al 27,6% (9´395.000).
El primer trimestre del 2024 la población ocupada fue de 17´159. 100 personas y de este número el 26,5% (4´547.000) tiene empleo formal y 73.5% (12´612.000) trabaja en la informalidad. La tasa de desempleo fue del 6.4%. Es necesario tener conciencia que el trabajo en la informalidad es constante en el Perú. Las personas con desempleo son las que buscan trabajo activamente pero no lo encuentran; generalmente son mujeres (38.7%) y los hombres (18.3%), ello refleja la desigualdad de género. De nuestra población que no tienen empleo, la mayoría son nuestros jóvenes de 18 a 24 años y se encuentran en la incertidumbre laboral.
Lo expuesto tiene directa relación con la necesidad que, en el tiempo por venir, cada vez más haya la creación de nuevos centros de producción de bienes y/o servicios que requieran de trabajadores, los que debidamente remunerados podrán no sólo subsistir, sino que puedan sostener a la familia con dignidad.
Por ende, para el efecto de lograrlo es indispensable que haya cada vez más empresarios que inviertan capitales en las diversas actividades productivas, cuales son la extracción de minerales, la pesca, agroindustria, destilería, confecciones de vestuarios, atracción del turismo. Es importante que a los minerales extraídos se les agregue valor en centros fabriles constituidos (ubicados) en diversos lugares cercanos a las minas. Nuestra mencionada riqueza natural debe ser destinada sobre todo a los mercados internacionales; igual en la pesquera y las lanas (de oveja, alpaca, vicuña) y el algodón.
También debe mejorarse, ampliarse y programarse las inversiones públicas para destinarlas a acrecentar la infraestructura nacional en la construcción de carreteras, puentes, escuelas, hospitales, centros carcelarios, sistemas de transporte público, etc. con lo que se generaran nuevos empleos en construcciones y mantenimiento de estas obras y en la provisión de materiales y servicios.
Con nuevas inversiones de capitales tanto de empresarios nacionales como extranjeros y obviamente las públicas, se producirán nuevos puestos de trabajo dependiente y subordinado al empleador y pagándose justas remuneraciones a los servidores. Las sumas que perciban los trabajadores las emplearan en la adquisición de bienes para el sostenimiento familiar, la educación de los hijos y hasta la adquisición de viviendas, con lo que se impulsará la creación y producción de bienes y servicios de otros empresarios, con lo que habrá una extensión de la creación tanto de capitales como de empleos. Y, finalmente hasta el Estado percibirá “ganancias” para destinarlas a los presupuestos de la Nación para sufragar servicios públicos eficientes.
Para que haya nuevas inversiones de capitales, el Estado tiene que reflejar que hay estabilidad económica y política y respeto a los derechos de empresarios y los laborales. Lamentablemente las confrontaciones entre políticos del Legislativo y Ejecutivo, la creciente inseguridad ciudadana y algunas “movilizaciones” que pregonan oposición a algunas actividades mineras, está repercutiendo negativamente en empresarios que desearían invertir capitales en exploraciones y extracciones mineras. La inseguridad ahuyenta a turistas extranjeros.
Ante ello es menester que los políticos, sin renunciar a sus convicciones dogmáticas y/o partidarias, eviten frecuentes confrontaciones políticas de un Poder del Estado al otro Poder. Y como estamos cercanos a las elecciones de abril del 2026 que los candidatos evidencien capacidad para gobernar con equidad y justicia.
Todos en el Perú debemos obrar y trabajar para resolver digna y positivamente los actuales problemas nacionales como en salud, educación, trabajo, transporte, seguridad; en deber combatir y extinguir la corrupción de dignatarios y personal (de todos los niveles jerárquicos) en los Poderes del Estado.
¡Es tiempo de recapacitar! Trabajemos todos para que hay nuevas y significativas inversiones de capitales en minería, pesca, agraria, destilería, turismo, etc. para que constituyan nuevos centros de producción que requerirán cada vez más de trabajadores debidamente capacitados y que con sus remuneraciones dignas se alejen de la informalidad y extingan la pobreza.
Es racional: las atracciones de nuevas inversiones económicas generaran puestos de trabajo y paulatinamente se eliminará la informalidad y la pobreza.
José Roberto Rendón Vásquez.
Más de 40 años desempeñándose como profesor de derecho laboral de la Universidad de San Marcos, fue segundo vicepresidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad de San Marco de 1995 al 2000. Tiene el grado de doctor en derecho por la Universidad de San Marcos, además se ha desempeñado como vocal en la Corte Superior de Lima y fue asesor del directorio de Shougan Hierro-Perú, además ha seguido cursos de especialización en la Universidad Carolina de Praga (República Checa).


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