El debate sobre el morir con dignidad se encuentra cada vez más confuso puesto que aparecen demasiados términos que en vez de aclarar el contexto, lo confunden aún más. Se habla principalmente de la muerte digna, cuando con este sustantivo adjetivado no hace sino enredar su comprensión. La muerte es el paso del ser al no-ser y por la tanto hablar de muerte digna es un contrasentido. La muerte es simplemente muerte, y no devuelve la dignidad al sujeto fallecido. Lo importante aquí es hablar del morir con dignidad, que es algo muy distinto, y que no constituye ninguna de las formas de muerte anticipada. Cada término que se introduce en el debate se hace con la intención de esconder intereses y relaciones de poder. No solo en este debate sino en todos los debates en general. El concepto de ortotanasia alude a la muerte natural o la muerte en el momento en que debe producirse por vencimiento del cuerpo. El ser no solo es ser, sino siempre posibilidad de ser, y la muerte es la última factibilidad experimentada por el hombre. Mejor dicho, y para no caer en contradicciones, el morir o la agonía, puestos que son estas las instancias que vive el individuo antes de dejar de ser o de acaecer la muerte. También aparece acuñado el término cacotanasia que alude al morir sin consentimiento del paciente o la familia. Este lamentable hecho que se produce mucho en Holanda, no debería enmarcar un término confuso, sino simplemente eutanasia involuntaria o no voluntaria. Las palabras terminadas en tanasia son altamente peligrosas porque esconden un propósito que generalmente no gira en favor de la persona. Todas estas vueltas del lenguaje hay que pensarlas en el contexto en que se enuncian y saber a través de un análisis del discurso, a qué se están refiriendo exactamente. Es algo muy parecido a lo que ocurre con el aborto. El aborto es un eufemismo que oculta la interrupción de una vida. Abortar es siempre interrumpir algo, y este término se usa mucho en farmacología para indicar que la acción de un medicamento está destinada a interrumpir o abortar una crisis, y también en el léxico de la milicia, cuando se habla de abortar una misión, puesto que no es dable ni aconsejable seguir en combate.
La designación Interrupción voluntaria del embarazo (IVE) es mucho más fuerte y demostrativa, puesto que el embarazo implica la gestación de una vida independiente a la del código genético materno, e interrumpir ésta es detener una vida, dado que si se detiene una vida ésta muere instantáneamente. No podemos si quiera imaginar que deteniendo una vida se pueda reanudar posteriormente. Dicho caso es muy emblemático, ya que la vida que se interrumpe es una vida que automáticamente se pierde.
El término aborto es aún más encubridor puesto que al significar interrumpir y ser usado para otras acciones, no escenifica lo que realmente se quiere decir con él: matar a un ser humano vulnerable in utero.
En el caso de las vidas artificialmente interrumpidas, los eufemismos están a la vuelta de la esquina. Los debates al respecto esconden en su mayoría un cariz político que poco tiene que ver con una genuina ayuda a las personas. Por ejemplo, la distanasia debe comprenderse como un encarnizamiento terapéutico y la antidistanasia, la supresión de un tratamiento desproporcionado al resultado que se espera alcanzar. La Iglesia Católica, siempre presente en los debates Bioéticos, ya que las mayores controversias se dan con el Vaticano, ha aportado terminología muy valiosa que ya se usa pero no siempre bien. Aconseja reemplazar los términos medios ordinarios y extraordinarios, por el de medios proporcionados y desproporcionados en función del alcance de las terapias y las respuestas de las mismas.
Dadas estas figuras, es mejor no reemplazarlos sino utilizar los cuatro conceptos, ya que un tratamiento puede ser extraordinario y proporcionado a la vez, pero nunca ordinario y desproporcionado. Por ordinarios entendemos tratamientos de soporte vital y aquéllos que se encuentran al alcance de la mano y que pueden coadyuvar a un buen morir dado el caso, en cambio, extraordinario se refiere a un tratamiento que no necesariamente está al alcance de la mano pero es proporcionado con respecto a las posibilidades de cura o reversibilidad de la patología. Lo extraordinario radica en la disponibilidad. Las terapias experimentales pueden muy bien incluirse en este rubro.
Estos eufemismos deben ser aclarados, de lo contrario será muy difícil llegar a un consenso. Cuando no se comprende el mismo significado en la terminología que se usa, se torna imposible establecer una normativa. En la medida que la terminología usada se reduzca a lo mínimo indispensable para debatir, y que estos términos denoten claridad y consenso, se tornará más fácil ver dónde está realmente el problema y qué solución se le podría dar siempre que redunde en favor de la persona.
Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.


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