La crisis de la educación en el Perú no es solo cosa de colegios o de falta de plata. Es el reflejo de lo que nos ha pasado como país. Durante años dejamos que otros decidan por nosotros, que la mediocridad y la improvisación manden. Nos alejamos de la política, de la gestión pública y de los temas educativos. Pensamos que “eso no era asunto nuestro”. Pero mientras nos ocupábamos de lo nuestro, otros ocuparon el espacio vacío.
Y así estamos hoy: con un sistema que no forma ciudadanos pensantes, sino sobrevivientes. Jóvenes que terminan el colegio sin entender bien lo que leen ni resolver un problema simple. Solo uno de cada diez domina las matemáticas básicas. A eso se suma la deserción escolar, un drama silencioso que deja a miles de niños y adolescentes fuera del aula cada año. Muchos abandonan por pobreza, por falta de apoyo o porque sienten que la escuela ya no les sirve. ¿Cómo construir un país moderno si buena parte de nuestra juventud no termina la secundaria o carece de las herramientas mínimas para pensar, crear o decidir? Esto no es mala suerte ni solo falta de presupuesto. Es el resultado de nuestra indiferencia.
Durante mucho tiempo, la gente preparada, con experiencia y criterio, se mantuvo al margen. Creyeron que involucrarse era perder tiempo. Pero el vacío se llenó, y no con los mejores. Hoy pagamos las consecuencias: un país dividido, con poco respeto, sin rumbo, donde la educación no enseña a pensar, sino a repetir.
Aun así, no todo está perdido. La generación que superó los años difíciles del terrorismo, la crisis y la reconstrucción tiene todavía mucho que dar. Esa generación sabe lo que cuesta levantar un país y entiende que gobernar no es gritar, sino escuchar; que educar no es dictar, sino formar; y que el progreso no llega por milagro, sino con disciplina y visión.
Por eso, necesitamos que esa generación vuelva a participar. No para imponer, sino para guiar. No para mandar, sino para servir. Y sobre todo, debemos recuperar la educación cívica, esa que enseña a respetar las normas, amar al Perú, participar y cuidar lo que es de todos. Si los jóvenes aprenden desde temprano el valor de la democracia, la honestidad y la responsabilidad, el país tendrá mejores ciudadanos.
También es importante rescatar, en algunos casos, la instrucción pre-militar, no para formar soldados, sino para enseñar orden, trabajo en equipo, respeto y compromiso. Una formación que prepare a los jóvenes para servir en emergencias, proteger a su comunidad y sentirse parte activa del país.
El Perú necesita un Pacto por la Educación, donde el Estado, los maestros, las empresas y los ciudadanos trabajen juntos, con continuidad y meritocracia. No basta quejarse por redes ni hablar de valores desde la casa. Es momento de actuar.
Si queremos un país con rumbo, debemos volver a involucrarnos. La educación cívica, la disciplina y el amor al Perú son la base para recuperar el orden, la ética y la esperanza. Porque educar bien es enseñar a vivir con propósito, a servir y a construir juntos un país mejor.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


0 comments on “Educar para levantar al Perú”