Columnas Jorge Céliz

La Segunda Ola de Trump: ¿Temblor Global?

Los primeros 300 días del segundo mandato de Donald Trump han sido, como era de esperar, una ráfaga de actividad y controversia. Quienes anticipaban un Trump más moderado o institucional se han encontrado con una versión recargada, más segura de sí misma y decidida a imponer su agenda sin concesiones. Este estilo, directo y a menudo divisivo, ha marcado el tono de una administración que busca redefinir las reglas del juego tanto en casa como en el extranjero.

En el plano interno, la velocidad ha sido clave. Trump ha impulsado la eliminación de regulaciones en sectores clave, ha recortado políticas ambientales y ha frenado iniciativas de diversidad en instituciones públicas y educativas. Para sus seguidores, estas medidas son vistas como una necesaria «limpieza» que dinamiza la economía y restaura ciertos valores. Sin embargo, sus críticos advierten sobre un retroceso significativo en protecciones esenciales y derechos civiles. La política migratoria, con un endurecimiento de controles y la propuesta de deportaciones masivas, ha sido un foco de intensas protestas, subrayando la profunda polarización social.

La economía ha sido otro campo de batalla conocido, con Trump reiterando su fórmula de reducción de impuestos, aumento de aranceles y la promoción de la producción nacional. Este mensaje, centrado en «proteger al trabajador americano», genera esperanzas de empleos y salarios más altos. No obstante, voces desde el empresariado y la academia alertan sobre los riesgos de guerras comerciales, que podrían disparar los precios, complicar las cadenas de suministro y, en última instancia, afectar el bolsillo de los consumidores.

La mayor onda expansiva, sin embargo, se ha sentido en la política exterior. En un contexto global ya volátil con conflictos en Europa del Este, tensiones en Oriente Medio y una creciente fricción con China, Trump ha optado por un camino de menor compromiso automático y mayor presión. Ha cuestionado alianzas históricas, ha frenado acuerdos internacionales y ha usado los aranceles como arma contra países que antes eran socios clave, sustituyendo la diplomacia tradicional por la exigencia unilateral.

En este complejo escenario, Venezuela ha resurgido con una renovada importancia. La administración Trump 2.0 ha endurecido drásticamente su postura: ha reinstalado sanciones económicas, elevado el tono retórico y ha declarado que no habrá negociación sin resultados concretos. Además, ha fortalecido la cooperación con naciones vecinas para controlar la migración venezolana, vinculando directamente este flujo a su política de seguridad fronteriza. Para Trump, esta estrategia busca recuperar influencia en América Latina y demostrar firmeza ante un gobierno que considera ilegítimo, aunque no exenta de crear nuevas tensiones regionales y preocupaciones por el impacto humanitario y económico.

Los primeros 300 días de Trump 2.0 nos presentan a un líder inquebrantable en su visión, dispuesto a confrontar y a redefinir el orden establecido. Ya sea aplaudido como un restaurador de la fuerza o temido como un catalizador de divisiones y conflictos (incluyendo el de Venezuela), su impacto es innegable. La única certeza es que esta administración no piensa moderar su rumbo. Estados Unidos y el mundo deben prepararse para una etapa que promete ser tan ruidosa y disruptiva como la anterior, si no más, exigiendo una adaptación constante a un panorama político en perpetuo movimiento.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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