Homenaje a mi amigo Rossini, maestro del humor peruano.
Hoy, a los 93 años, Rossini ha partido al cielo. Y aunque el Perú entero siente el peso de su ausencia, también sabemos que, apenas cruzó la puerta celestial, soltó su primera broma, alegró a los ángeles y convirtió el firmamento en un escenario. Rossini no sabía vivir sin hacer reír; por eso, incluso su despedida tiene algo de luz.
Yo tuve el privilegio de ser su amigo durante más de cincenta años. Lo invité varias veces a Chiclayo, compartimos noches memorables, escenarios llenos, presentaciones inolvidables auspiciadas por Backus, y una amistad que se construyó entre carcajadas, reflexiones sutiles y una nobleza que solo poseen los grandes artistas del alma. Rossini era más que un cómico: era un señor del arte de la risoterapia, un hombre que entendía que reír también cura, también levanta, también salva.
Hoy lo recuerdo con su humor sencillo, inteligente, criollo, capaz de transformar cualquier momento cotidiano en una escena brillante. Como cuando, al preguntarle por qué los elefantes no pueden manejar, respondía con la naturalidad de un sabio del humor.
Porque no tienen brevete, pues. ¿Qué quieres, que les den examen en el Touring?
O aquellas vueltas al “Pentágono” en Lima, ese legendario ejercicio imaginario suyo donde, con pura creatividad, lograba que medio salón llorara de risa mientras él, desde su asiento, describía cómo hacía piruetas, cómo aceleraba, cómo levantaba polvo… sin moverse ni un centímetro. ¡Eso era Rossini! Un cómico que no necesitaba efectos, luces ni artificios: solo su ingenio, su voz y su mirada chispeante.
Era una fábrica de alegría. Una alegría permanente.
Hoy le envío un abrazo hasta el cielo, con la gratitud de un compañero de vida que lo admiró y lo quiso. Y a su familia, mis más profundas consideraciones. No solo perdieron a un ser querido. perdieron a un hombre que hizo feliz a un país entero.
Rossini no se va. Simplemente cambia de escenario. Y desde arriba, estoy seguro, ya debe estar preguntando.
¿Y acá quién maneja? Porque si es un elefante, estamos fregados.
Gracias, maestro. Por el humor, por la amistad, por la vida.con tristeza su amigo, Rafael Aita Campodonico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


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