El Perú está entrando a un momento muy importante. Se están construyendo puertos grandes como Chancay, Corío y Eten, y corredores que conectarán el país con el resto de Sudamérica y con Asia. Esto traerá más comercio, más barcos y más oportunidades. En pocas palabras: el Perú está empezando a convertirse en un país clave para el comercio mundial.
Pero hay un problema serio: mientras la economía avanza rápido, la defensa del país está muy atrás. No hay suficiente presupuesto, los equipos están viejos y muchas zonas del territorio no tienen presencia del Estado. Es como querer competir en la Champions… pero con un equipo que no tiene zapatos ni uniforme.
Los países vecinos se están dando cuenta de esto. Con Colombia hubo problemas por la Isla Santa Rosa. Aunque pareció solo un cruce de palabras, hubo movimientos que en un país con buena defensa serían señales de alerta. Desde Ecuador, grupos criminales cruzan la frontera para sacar oro, destruyen ríos y hacen lo que quieren, porque casi nadie los detiene.
En la Amazonía, el problema se ve aún más claro. Brasil controla su selva, patrulla y vigila su espacio aéreo. En cambio, del lado peruano faltan bases, aviones, helicópteros y tecnología. Para los vecinos, parece que el Perú no cuida bien su propio territorio.
En el sur también hay debilidad. En Bolivia, grupos radicales hablan en contra del Perú y el contrabando cruza la frontera sin control. Y cuando tenemos una crisis migratoria en la frontera con Chile, quedó claro que el país no tenía suficiente personal ni equipos para manejar la situación, dejando abierta la puerta a grupos criminales.
El problema tampoco es solo externo. Dentro del Perú, la minería ilegal (sobre todo en Madre de Dios) funciona casi como un país aparte, con mucho dinero y poder. Las Fuerzas Armadas deberían ayudar a recuperar el control, pero tienen muy pocos recursos: falta movilidad, falta inteligencia y muchos vehículos están antiguos.
A esto se suma algo muy grave: se ha abusado del profesionalismo de los uniformados, esperando que hagan milagros en desastres naturales, pandemias y conflictos sociales, trabajando con las uñas y sin las herramientas adecuadas. Una y otra vez se les pide que resuelvan emergencias nacionales, pero no se les da lo necesario para hacerlo.
Todo esto viene de décadas de descuido. Gobierno tras gobierno dejó que la defensa se deteriorara: aviones sin repuestos, tanques viejos, radares insuficientes. Y aunque el Perú tiene planes estratégicos para modernizar su defensa, están guardados sin presupuesto ni decisión política.
El país ya no puede seguir así. No se trata de prepararse para una guerra, sino de estar lo suficientemente fuertes para evitarla. El Perú tiene grandes oportunidades para crecer, pero si no protege su territorio y sus recursos, otros llenarán esos espacios. La mayor amenaza para el futuro no viene de afuera, sino de seguir ignorando un problema que ya no se puede esconder.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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