La desvergüenza que ha caracterizado a la izquierda peruana en el último quinquenio ha revelado que los sucesores de Manuel Barrantes Lingán, Rolando Breña, Javier Diez Canseco y otros pensadores del periodo 1980 al 2000 poco o nada heredaron de la calidad política de esa antigua generación; hoy los representantes de la izquierda en casi todos sus matices parecen haberse bañado en manteca al estilo de su representante Dina Boluarte, a tal punto que la mayoría ensaya las más estrambóticas teorías para justificar el golpe de estado fallido de Pedro Castillo de diciembre de 2022, desde atribuirlas a alguna maligna droga que lo llevó a tal dislate hasta aquella que asegura que no fue intento de quiebre del orden constitucional sino fue “proclama”.
La primera reacción de la izquierda tras la intentona golpista en la que se anunció el cierre del Congreso, entre otras instituciones, fue vacarlo; no se trató de una indignación de los congresistas de izquierda ante el claro atentado contra la democracia, fue la indignación por el anuncio que se quedarían sin curul, sin sueldo, sin gollerías y a medio camino de construir una carrera política; no nos engañemos, no votaron a favor de licenciarlo de puro demócratas, lo hicieron por interés propio porque en materia de despreciar la democracia son campeones y merecen un trofeo cuando se esfuerzan en negar que Cuba, Venezuela o Nicaragua son dictaduras y más bien las califican de “democracias comunales”. Imposible olvidar la justificación inicial del ex premier Guido Bellido tras su primera visita al golpista recluido en Barbadillo, argumentando que la intentona golpista anunciada por Pedro Castillo desde Palacio de Gobierno en TV nacional y con banda presidencial fue prácticamente producto de las malas artes de un ignoto chamán que “drogó” al pobre “Prosor”. Este primer globo de ensayo para justificar el golpe fallido del chotano fue el inicio del comportamiento errático y desfachatado de los representantes de Perú Libre y sus satélites desperdigados hoy en diversas mini bancadas.
A lo largo del juicio oral a Pedro Castillo y sus cómplices, el país ha sido testigo de la resistencia e irrespeto de esta izquierda a someterse a las instituciones y a los procesos, en este esfuerzo anti sistema quizás el político que merece mayor atención por sus actos en contradecir las normas democráticas es el congresista Roberto Sánchez. Presidente y candidato presidencial de la agrupación Juntos por el Perú (JPP), Sánchez ha sido el personaje que más ha batallado para devolver al Congreso a quiénes intentaron el quiebre del orden constitucional; su primer intento, afortunadamente sin éxito, fue tratar de contratar a Betssy Chávez como asesora congresal; no contento con su deplorable intención de devolver al Parlamento a quien conspiró para clausurarlo, anunció con bombos y platillos que Pedro Castillo encabezaría la lista del Senado con el número 1 por JPP, un segundo intento frustrado ante la reciente condena al golpista; lo último que está maquinando es postularlo “de manera simbólica” al Senado, otro ardid para estafar al elector. Ya que Sánchez ha hecho tanto esfuerzo por colocar en el menú de las próximas elecciones a aquellos que no creen en la democracia, debe hacerse acreedor a sendas tachas ante el Jurado Nacional de Elecciones por sus persistentes intentos de hacer política en una democracia sin respetar la Constitución y la ley.
Estos son los personajes que desde sus diversos reductos nos ha entregado la izquierda después del 2000, políticos como Verónica Mendoza, quién dictaba la agenda política de la decencia pero que nada la detuvo en 2016 para aliarse al reo corrupto Gregorio Santos y en 2021 a Vladimir Cerrón sin importarle las avanzadas investigaciones fiscales por corrupción y peculado del líder de Perú Libre; ya en el actual Congreso, no tuvo empacho en que su bancada, encabezada por Sánchez, una fuerzas con el hoy sentenciado por afiliación terrorista Guillermo Bermejo; el fin justifica los medios, el resto son “pelotudeces democráticas”.
En esta lucha por un curul 2026, dentro de las 39 organizaciones en carrera existen varios topos castillistas en diversas organizaciones políticas, merece mención honrosa PODEMOS, la agrupación de José Luna Gálvez; consagrado como recolector oficial de “mochasueldos” y “niños”, ahora alberga a izquierdistas peleados con Cerrón con aspiraciones personales como Guido Bellido y lleva en su plancha como primer vicepresidente al polémico abogado Raúl Noblecilla, un personaje radical que a lo largo de su actuación como defensor de Pedro Castillo y, posteriormente, de Betssy Chávez ha obstaculizado sistemáticamente el juicio oral, recurriendo a artimañas para victimizar a quiénes intentaron acabar con nuestra democracia. Esos son los topos agazapados detrás de organizaciones que no creen en el sistema o que están dispuestos a todo, incluso a aliarse con golpistas, para pasar la valla electoral en el caso de Luna. Otros, aparentemente más discretos pero igual de peligrosos por antisistema o anti principios, son políticos como Alberto Quintanilla, para quién la condena de Pedro Castillo es “política” y aboga por el indulto al golpista; otro que aboga por el indulto pero no por creencia sino por interés propio es el candidato sustituto del Lagarto, Mario Vizcarra, dispuesto a limpiar Barbadillo de corruptos y golpistas con tal de liberar al hermano.
Esa es la izquierda actual, una izquierda retrógrada que desde 1990 ha involucionado, una izquierda incapaz de condenar a un dictador comunista si proviene de sus canteras, como Velasco Alvarado, pero que repite como estribillo “Fujimori nunca más”, una izquierda que pretende negar con desparpajo absoluto que lo que hizo Pedro Castillo no fue un golpe de estado y asegura que sólo fue una proclama; en suma, una izquierda plagada de oportunistas a la que el Perú debe decirle # Izquierda nunca más.
Cecilia Palacios C.
Cecilia Palacios es Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, trabajó en prensa televisiva privada durante la época del terrorismo, posteriormente se dedicó a actividades privadas.


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