Cecilia Palacios Columnas

Desencuentros

Está el sistema político peruano preparado para impulsar elecciones primarias internas sin que la agrupación política termine cuasi desplumada? Las últimas semanas tuvimos una exhibición de dos tipos de competencia, el ideal sistema de elección de candidatura presidencial por el sistema de un militante un voto y la elección por delegados; en ambos casos se han visto fisuras internas, tanto en agrupaciones con más 70 años de vida política como en partidos jóvenes que se venden como la renovación de la política pero que en el fondo son vientres de alquiler en los que si un candidato no se somete a lo que dicta el “dueño del partido” tiene reemplazo, a rey muerto rey puesto.

Las primeras grietas que pudieron apreciarse en el Partido Aprista Peruano fue la sorpresiva elección de Enrique Valderrama como candidato presidencial del Partido Aprista; con sólo 39 años, el joven aprista acabó con los sueños de candidatura de tres pesos pesados: Javier Velásquez Quesquén, Jorge del Castillo y Hernán Garrido Lecca, quiénes no sólo se quedaron con los crespos hechos sino más distanciados que nunca; ha sido elocuente escuchar a Valderrama revelar que no ha sido felicitado por algunos de sus contendores y que uno de sus primeros retos será convencer a la interna que él representa la renovación que el partido necesita para reinsertarse en la vida política nacional. Sin embargo, su única tarea no sólo será reconciliar facciones sino también deberá encontrar un discurso único que integre las distintas corrientes de pensamiento que existen hoy en el partido de la estrella. Aun cuando los “compañeros” aseguran que apoyarán a Valderrama la escisión generacional e ideología diversificada hacen de él una especie de pato rengo, una figura alrededor de la cual el pensamiento aprista dejó de ser unitario tras la muerte de Alan García  para convertirse en un río sinuoso de corrientes encontradas, esperemos que Enrique Valderrama sea capaz de encontrar el cauce que conduzca a los herederos de Haya de la Torre a buen puerto.  

No es distinto lo sucedido en otro partido de antaño como Acción Popular que ya arrastraba un pasivo enorme por la actuación de muchos de sus congresistas en el último quinquenio acusados de negociar obras durante el mandato de Pedro Castillo; ya era difícil cargar con el desastre de los populares “Niños” para cargar ahora con las denuncias de fraude. Previo a la elección de delegados del último domingo, el precandidato y Secretario General, Julio Chávez, acusó directamente a “correligionarios” cercanos a su competidor Alfredo Barnechea de la inscripción fraudulenta de delegados para beneficiarlo; finalmente, al 100% de actas contabilizadas la ONPE proclamó candidato ganador a Barnechea; será complicado recomponer la desconfianza entre facciones y superar el descontento de las bases acciopopulistas en un momento crucial que requiere proyectar máxima unidad y limpieza.

Viendo las idas y vueltas y los enfrentamientos internos en partidos tradicionales, no es de extrañar que en las nuevas agrupaciones políticas la sacada de sillas sea más visible. Así, la renuncia irrevocable de Phillip Butters no solo a su militancia sino también a su candidatura por Avanza País reconfirmó lo fugaces que pueden ser las estrellas cuando se aúpan en un vientre de alquiler; principalmente, cuando el secretario general del partido no está dispuesto a tolerar a la estrella y le pone cabe para dar paso a otra alternativa que considera más dúctil a sus intereses personales. Amén que era incompatible ser candidato y periodista simultáneamente, Butters no pudo con su genio y no logró encandilar a ese elector de derecha no convencido de las propuestas de Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori o Carlos Alvarez; semana a semana se pasó denostando de sus rivales políticos de derecha, despreciando sus habilidades, orígenes y hasta recursos económicos; alguien le hizo creer que seguir en modo sábelon y personaje exitoso iba a impulsar su candidatura; no fue así, en el camino se peleó con su “tío Porky”, ninguneó a sus pares derechistas, se dedicó a ensalzar a Antauro Humala, Vladimir Cerrón y convirtió su set en refugio de izquierdistas y oportunistas como Guido Bellido, Flavio Cruz, Alejandro Salas y otros. Es difícil entender a sus asesores, acaso creían que siendo el amigo de todos Butters iba a ganar votos de ese sector?  La plena confirmación que donde manda capitán no manda marinero, la exhibió hace dos semanas el Secretario General de partido del tren, Aldo Borrero, que en una entrevista para el diario El Comercio dejó expuesta la distancia entre la dirigencia y el candidato; el desenlace no fue inesperado, Butters fue empujado a la renuncia mientras ya estaba en marcha la maquinaria partidaria para publicitar la candidatura de su reemplazante el Gral. José Williams.

Este escenario le podría pasar a varios que no son candidatos -“dueños del partido”, entre ellos el candidato presidencial Carlos Álvarez del partido País para Todos que ya ha tenido discrepancias con el mandamás Vladimir Meza. En la izquierda las escisiones se vieron en Venceremos de Guillermo Bermejo y Verónica Mendoza, cuyo partido Nuevo Perú ha expulsado “por infraterno” a su militante Alberto Quintanilla que postula por la segunda vicepresidencia en la alianza. En otras agrupaciones de las izquierdas la pugna es intestina lo que ha llevado a los más avispados a camuflarse en agrupaciones éticamente elásticas como PODEMOS donde la ideología es lo que menos importa pues antes están los intereses personales.

Aún hay pan por rebanar en el camino a candidaturas firmes hasta el próximo 23 de diciembre; sin embargo, los desencuentros, el desorden y las sociedades extrañas son síntomas que el elector no debe soslayar a la hora de elegir  y, sobretodo, analizar los extremos a los que están dispuestos a llegar los futuros políticos para hacerse de una candidatura firme y proyectarse a lo que estarán dispuestos a hacer a la hora de la repartición de puestos de trabajo en un eventual gobierno de un partido de distintas facciones o de una alianza por interés y no por congruencia política.

Cecilia Palacios C.
Cecilia Palacios es Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, trabajó en prensa televisiva privada durante la época del terrorismo, posteriormente se dedicó a actividades privadas.

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