Columnas Martín Belaunde

Dios, el ser humano y el universo

Desde hace mucho tiempo le he estado dando vueltas e los conceptos indicados en el título del presente artículo y ahora en vísperas de la Navidad  he decidido escribir algunas líneas acerca de esos temas.  Dios de acuerdo a las nociones generales es definido como el Ser Supremo creador del universo así como de lo visible y de lo invisible. Así lo define el Credo largo de la Iglesia Católica, también conocido como el Credo de Nicea, ciudad ubicada hoy en la Turquía musulmana, recientemente visitada por el Papa Leon XIV, pero que en siglo tercero de la Era Cristiana era una ciudad del Imperio Romano que profesaba nuestra religión.

El Gran Padre San Agustín a cuyas Confesiones he decidido recurrir para escribir el presente artículo se refiere de Él en los siguientes términos: “Pues Dios mío, ¿qué ser eres?  Porque, ¿qué otro Señor hay sino este Señor mismo. ¿O que Dios si no es el Dios tuyo?  Tu eres, Dios mío, un soberano ser altísimo, perfectísimo, poderosísimo, omnipotentísimo, miserecordísimo y justísimo, ocultísimo y presentísimo, hermosísimo y fortísimo”.  Bajo estas calificaciones, el autor de estas líneas piensa en Dios como fuerza difícil de concebir para la limitada mente humana, pero a la que debemos rendir culto y pleitesía. De donde viene ese viejo dicho que a cada rato se repite : “El temor de Dios es el principio de la sabiduria”.  Sin embargo, tal afirmación concibe a Dios como un Ser castigador y de alguna forma oculta o por lo menos disminuye su bondad suprema, que también es una de sus características fundamentales. Entonces nos movemos entre dos polos: el del poder supremo y el da la bondad suprema.

Eso nos lleva a la siguiente interrogante, ¿qué es el ser humano, hombre y mujer, por nacer en el vientre de su madre y ya nacido luego del parto? Es acaso lícito interrumpir el embarazo y llevar a cabo el aborto. Las leyes de ciertos países lo permiten, Francia por ejemplo, que lo acaba de elevar a rango constitucional, otros no como es el caso del Perú, que solo autoriza el aborto terapéutico, cuando por razones de fuerza mayor se debe escoger entre la vida de la madre y del que está por nacer, prevaleciendo la vida de la primera de acuerdo al criterio del médico que supervisa el embarazo. Sin embargo, esas importantes cuestiones no definen la naturaleza del ser humano.  

La doctrina cristiana y católica nos enseña que está hecho a imagen y semejanza de Dios, obviamente en un rango inferior pero que aspira a reunirse con el Señor cuando muera y pase al infinito de la corte celestial. La persona humana conforme a nuestra Constitución es el fin supremo de la Sociedad y del Estado. El Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas señala que los pueblos que la integran “están resueltos a preservar la paz del flagelo de la tierra”. Y los pueblos obviamente están compuestos de seres humanos, hombres y mujeres, cuyo destino trascendente debe realizarse mediante la paz, que hoy día el mundo, muy a pesar nuestro, padece de crueles guerras en ciertas regiones del planeta.

Esta última palabra nos lleva a la noción del universo, ¿es acaso finito o infinito? La ciencias astronómicas nos indican que sería infinito, compuesto de múltiples galaxias, hoyos negros y sistemas planetarios alrededor de los cuales existen miles y millones de estrellas, como el sol que es el centro de nuestro sistema planetario, que ilumina y da vida a nuestro pequeño mundo, que la humanidad denomina la tierra y en cual  existen los seres humanos, los animales y las plantas así como los seres vivos y no vivos en general, que de otro lado no se encuentra en ninguno de los demás planetas que integran nuestro sistema solar. 

Por consiguiente, cabría afirmar que la vida tal como la concebimos es una característica de nuestra tierra y que no existiría a ninguna otra parte del universo, al menos tal como lo conocemos hoy día.  Eso al margen que mucha gente asegura haber visto los así llamados  “objetos voladores no identificados”, en corto “ovnis”, cuya existencia no está probada y que podría ser uno de los tantos mitos que rodean nuestra vida.  En tal virtud, podemos concluir que vivimos solos en esta inmensidad universal y que nuestro destino así como el de la tierra, es mirar a Dios para alcanzar la salvación eterna con la esperanza que preserve a nuestro universo en beneficio de la vida existente.

Martín Belaunde Moreyra. Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.

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