¿Siempre podemos salir del error en el que nos encontramos? No siempre. Existe, en el lenguaje moral, lo que se llama la conciencia invenciblemente errónea. Una conciencia de este tipo actúa generalmente por ignorancia. Tenemos la idea de algo o creemos en alguna cosa y nos sostenemos en ella. Una conciencia verdadera y cierta será aquélla que apunta al Bien personal y al Bien Común, según la recta razón, o el consenso de los responsables de alguna decisión. La ideologización del mundo que sostienen algunos individuos o grupos es lo que los llama a profesar una conciencia de este tipo. Están tan persuadidos que no ven más allá.
A veces, pensamos que las personas pueden cambiar y suele suceder cuando hay educación y cultura, cuando existen elementos comparativos que permiten al sujeto pensar, sopesar las ideas, ver los resultados en el mundo real y cambiar de parecer. Pero cuando estos elementos no existen y la persona no ha tenido acceso a la cultura que te puede hacer ver el mundo de otro modo, entonces, se produce una conciencia invenciblemente errónea, porque el individuo no puede salir de su propio modo de reflexión, aquél que se fue gestando durante su vida y sus contactos con el pensamiento de otros, ya sea a través de lecturas o conversaciones.
Existen fuertes ideologías, como el marxismo, con un manejo del lenguaje muy articulado, con capacidad para argumentar perfectamente y con la velocidad del que quiere convencer y, los individuos que poseen una personalidad casi sin valores fuertes, las adoptan y las llevan a su máxima expresión.
Decimos que la gente no cambia, cuando nos encontramos con estos cuadros de elementos humanos tan acalorados, que no ven más allá de sus narices. Esto ocurre porque estas ideologías tan perfectamente armadas suplen los verdaderos valores de la persona.
Ahora, ¿qué ejemplos se pueden extraer de ello? El marxismo seduce hasta las últimas consecuencias y lo peor es que algunos, que han podido ver su fracaso en algunas sociedades, continúan pensando de esa manera porque les falta la cultura del que puede reflexionar a partir de varios paradigmas.
Otro triste ejemplo de ello es el nazismo y el facismo. Pues vemos en un repaso de la historia, que la mayoría de ellos no se arrepiente de lo hecho y, están totalmente persuadidos de sus creencias. Eichman en Jerusalem apeló a Kant para sostener que estaba cumpliendo con su deber.
¿Son responsables quienes profesan esta forma de conciencia?
En un principio no deberían de serlo. San Pablo dice: No hagas nada contra tu conciencia (1Cor, 10, 25-27). Según esta frase paulina, no habría responsables. Pues los nazis estaban totalmente sujetos a sus creencias. Sin embargo, no era malo ni estaba enfermo mentalmente, simplemente, asimiló una forma de pensar que no pudo comparar con otra, no tuvo la educación ni la cultura que le hicieran pensar diferente, pero sus delitos fueron contra la humanidad, entiéndalo o no, y por eso recibió el castigo merecido.
San Pablo habla de la conciencia que nos une, no la que nos desune. Habla de esos principios que nos permiten acusarnos y excusarnos entre nosotros. Ya está avizorando la idea de un consenso. La conciencia frente a Dios de los buenos y malos actos.
Una conciencia venciblemente errónea es responsable y, una conciencia invenciblemente errónea, también, porque aunque no hayan convincentes posibilidades de salir del error, el error mismo mismo es flagrante y nos lleva por un camino perdido. La conciencia invenciblemente errónea se subsana acudiendo a los primeros principios morales del ser humano, aquéllos que sí pueden comprender como el ABC de la ética.
La responsabilidad está en el hecho de ver hasta qué punto, la realidad es comprensible. La filosofía se esfuerza por esclarecer la naturaleza de la persona. Y en función de eso podemos ir viendo por qué algunos piensan invenciblemente erróneos, por qué la vida humana se defiende siempre y no en algún punto de su desarrollo, o de su aspecto. Se trata de asimilar los valores de conciencia que apuntan a Bien y, estos serán los modelos que nos indicarán hasta qué extremo estamos acertados o equivocados. La conciencia invenciblemente errónea no puede salir del error porque sus contenidos son únicos y persuasivos, pero aún así, no se le exime de la pena.
Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.


0 comments on “Conciencia invenciblemente errónea”