Columnas Jorge Céliz

Lecciones de Europa para Sudamérica

Al analizar la crisis estructural de la Unión Europea desde la perspectiva sudamericana, se revela un espejo distorsionado que refleja lecciones cruciales para nuestra región. Europa enfrenta las consecuencias de un modelo de bienestar insostenible, mientras que Sudamérica lidia con su propia tormenta: una transición demográfica acelerada, una migración masiva sin precedentes y una creciente debilidad institucional. Aunque las problemáticas son diferentes, ambas regiones están en puntos de inflexión similares, lo que puede marcar el futuro de sus sociedades.

Europa se enfrenta a una crisis demográfica profunda, con una edad media superior a los 44 años y una tasa de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo (1.5 hijos por mujer en 2025). El envejecimiento acelerado está llevando al continente a un estancamiento poblacional, incapaz de regenerarse internamente. En Sudamérica, la situación demográfica también está cambiando. La tasa de fecundidad ha descendido a 1.8 hijos por mujer, y la edad mediana ha aumentado a 31.7 años. Aunque la región sigue siendo más joven que Europa, el “dividendo demográfico” (el periodo en el que la población activa supera a los dependientes) se está cerrando rápidamente. Sudamérica corre el riesgo de envejecer antes de haber alcanzado un desarrollo económico robusto. Además, la informalidad laboral, que supera el 50% en muchos países, y sistemas de pensiones débiles aumentan la vulnerabilidad de los ciudadanos.

En Europa, la migración se percibe como una amenaza a la identidad cultural, exacerbada por la falta de integración de los inmigrantes y sus descendientes, que viven en guetos urbanos. En Sudamérica, aunque compartimos idioma y religión, la crisis migratoria toma una forma distinta. La región está viviendo el mayor desplazamiento humano de su historia, con millones de venezolanos, haitianos y colombianos cruzando fronteras. Este éxodo ha generado una presión sin precedentes sobre los servicios públicos en países receptores como Perú, Chile y Colombia, alimentando tensiones sociales y xenofobia. A la par, las bandas criminales transnacionales, como el Tren de Aragua, han aprovechado la crisis para expandir su influencia en las ciudades, afectando la seguridad regional.

La economía de la Unión Europea se ve asfixiada por una excesiva regulación, altos costos energéticos y un crecimiento económico limitado, con un PIB que ha aumentado solo un 2.1% en los últimos años. En Sudamérica, aunque no enfrentamos las mismas restricciones regulatorias, seguimos atrapados en un modelo económico primario-exportador que depende de las fluctuaciones internacionales de precios de materias primas como el petróleo, la soja y el cobre. En 2025, la región sigue sin lograr la diversificación económica y permanece atrapada en la “trampa del ingreso medio”, lo que impide el avance hacia economías más tecnológicas y competitivas.

Por otro lado, Europa enfrenta la emergencia de sociedades paralelas y movimientos radicales debido a la falta de cohesión social, mientras que en Sudamérica la debilidad institucional ha permitido la consolidación de “micro-estados” criminales. El narcotráfico y la minería ilegal han capturado territorios enteros y financiado grupos políticos, lo que genera un panorama de inseguridad que ha superado la preocupación económica como prioridad para los ciudadanos, según el informe de riesgo político de 2025. Mientras Europa debate sobre los límites del bienestar, Sudamérica enfrenta la discusión sobre la supervivencia de la democracia ante modelos populistas y autoritarios que prometen estabilidad a cambio de libertad.

La crisis de Europa ofrece valiosas lecciones para Sudamérica. El bienestar sin sostenibilidad demográfica es un espejismo, como demuestra la experiencia europea. En Sudamérica, la libertad sin seguridad se está convirtiendo en una quimera. Europa debe aprender que un Estado que lo ofrece todo finalmente no garantiza nada si no se priorizan la cohesión social y la meritocracia. Por su parte, Sudamérica debe entender que no podrá aprovechar su potencial humano sin fortalecer sus instituciones, formalizar la economía y garantizar la seguridad. El futuro no pertenecerá a quienes regalan subsidios, sino a quienes construyen instituciones sólidas y responden a las realidades económicas y sociales del siglo XXI.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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