La pobreza moral del Perú no empieza en las calles; empieza en las decisiones. Cuando a los jóvenes se les arrebatan becas que pueden cambiarles la vida, cuando a nuestros soldados ,que entregan dos años de disciplina, preparación y servicio, se les paga apenas 250 soles mensuales, estamos confirmando que el país no sufre por falta de recursos, sino por falta de prioridades éticas. Esa es la verdadera pobreza: la moral.
Un joven que sirve a la patria recibe formación, adquiere habilidades, aprende a obedecer protocolos, a actuar con orden, a manejar situaciones de riesgo, a convivir con jerarquías y a respetar la autoridad. Ese capital humano debería ser oro para el Estado. Pero el Estado los abandona. Terminan haciendo trabajos precarios, sin oportunidad de ascenso, sin continuidad laboral, sin una verdadera ruta de desarrollo. Jóvenes que podrían ser serenos, agentes de seguridad municipal, personal del INPE o parte de servicios especializados de prevención… simplemente se pierden en el vacío de la indiferencia.
Este desperdicio no es técnico, es moral. ¿Cómo puede un país hablar de seguridad ciudadana cuando no tiene la menor capacidad de integrar a quienes han mostrado vocación, sacrificio y disciplina? ¿Cómo exigir respeto a la ley cuando el propio Estado no respeta el esfuerzo de su gente? ¿Cómo pedir patriotismo si la patria no corresponde?
Perú desaprovecha a miles de jóvenes idóneos, entrenados, capaces, que podrían convertirse en una fuerza de trabajo sólida, estable y disciplinada. Ese es el error. no les falta mérito, le falta al país voluntad para darles un lugar. Mientras tanto, la inseguridad crece, los municipios se quejan de falta de personal, las prisiones necesitan agentes mejor preparados, y la juventud reclama oportunidades que nunca llegan.
La salida es clara y profesional.
Crear un programa nacional de reinserción y profesionalización militar, donde cada soldado que termina su servicio tenga prioridad para ingresar al serenazgo, INPE, servicios de control municipal o vigilancia especializada.
Establecer un salario digno, no un “estipendio”. Ningún país serio paga 250 soles por servir.
Recuperar y proteger becas, porque un joven educado es un joven libre.
Jerarquizar la carrera de seguridad ciudadana, con formación continua y beneficios previsionales.
El Perú necesita, urgente, recuperar su brújula moral. No se trata de discursos sino de justicia. Respetar a quien sirve es el primer paso para recuperar la dignidad perdida. Porque un país que no cuida a los suyos no merece llamarse República. con responsabilidad, y mucha pena Rafael Aita Campodonico, ex viceministro de defensa.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


0 comments on “La pobreza moral de un país se mide por cómo trata a quienes más dan por él”