La derrota recurrente de la izquierda en procesos electorales no puede explicarse, de manera honesta, como una simple consecuencia de la eficacia de la derecha o de la manipulación mediática. Tampoco basta con atribuirla a errores tácticos de campaña. Hay una causa más profunda y estructural., la pérdida de una visión integral de la vida y del orden de prelación que la política debe otorgar a su cuidado, protección y dignidad.
Cuando la izquierda deja de colocar la vida humana ,en todas sus dimensiones, en el centro de su proyecto, su discurso se fragmenta. Prioriza consignas abstractas, debates identitarios desconectados de la experiencia cotidiana o promesas económicas que no dialogan con la inseguridad vital que atraviesan millones de personas. El ciudadano común no vota solo por ideas, vota por expectativas de vida. seguridad, futuro, estabilidad, sentido. Si la política no responde a eso, pierde legitimidad.
No se trata de renunciar a principios históricos, sino de reordenarlos. La vida no puede ser un tema más en la agenda; debe ser el criterio que ordena toda la agenda. Cuando la izquierda relativiza el valor de la vida ,sea por indiferencia ante la violencia, por ambigüedad moral o por una jerarquización ideológica que posterga lo humano concreto, rompe el vínculo emocional y ético con la sociedad. En ese vacío, otros discursos avanzan ofreciendo orden, aunque sea precario o excluyente.
Este momento histórico puede leerse como el cierre de una etapa sanguinaria, marcada por la normalización de la muerte, la violencia y el descarte. La ciudadanía expresa, muchas veces de forma confusa, un deseo de volver a vivir sin miedo, de recuperar expectativas básicas, llegar a casa, criar a los hijos, proyectar el mañana. No es un giro ideológico sofisticado; es un reclamo existencial.
El desafío es comprender que la calidad de vida no es un lujo ni una concesión del mercado. es un derecho humano fundamental. La vida no tiene precio porque no es mercancía; es lo más preciado que existe y la razón última de la política. Sin vida digna, no hay justicia social posible, ni igualdad, ni libertad real.
El mensaje final es claro, quien no defiende la vida en su totalidad, termina perdiendo el respaldo de quienes solo piden vivir mejor. Reordenar la política desde la vida no es retroceder; es volver a empezar.con responsabilidad y compromiso.
Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


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