Columnas Peter Sanguineti

¿El Perú funciona como debería ser o es preciso transformarlo?

Según Karl Popper, la historia no tiene orden, lógica, sentido y mucho menos, una dirección racional que los sociólogos, economistas o ideólogos podrían detectar por anticipado, científicamente.

No obstante, hay corrientes radicales que quisieran cambiar al Perú por completo y otros que quisieran mantenerlo tal como está en la actualidad.

El sentido común (el de ser común a todos) nos dice que ninguna de las dos opciones seria la correcta. La historia es impredecible y fluye de forma misteriosa.

A la fecha, las encuestas electorales aun no reflejan preferencias por ningún candidato. Ninguno supera el 10% lo que hace la atomización entre 36 aspirantes a la presidencia muy notoria.

¿Es que esta vez se trata nuevamente de la confrontación clásica entre izquierdas y derechas? O se trata más bien de que los peruanos decidamos por algo distinto, netamente peruano. Muy nuestro.

Si resulta que para estas cosas el método del ensayo y error es útil, querría decir que luego de haber metido la pata con Castillo, los peruanos hemos aprendido la lección. Aunque como decía M.A. Denegri, el ser humano es el único animal que persevera en el error. Confiemos en que esta vez será distinto.

Pero, ¿Cuál es el verdadero sentir del peruano promedio?

Todos recordamos al veterano primer ministro de Castillo, (Aníbal el caníbal) que empoderado por el alto cargo que desempeñaba se paseó por todo el Perú envenenando al ciudadano con su verbo subversivo lleno de odio y su estado de ánimo alterado, arrebatado, pretendiendo cambiar las cosas de manera total, inmediata y definitiva, fomentando el odio de clases.

Pues ese personaje ya pasó a la historia sin pena ni gloria. No tuvo el eco que él esperaba, lo que demostraría que esas arengas de odio encendido, fanático e intolerante solo es recogido por una minoría sectaria. Su veneno no prendió en el ánimo de las mayorías, del Perú auténtico.

Si el peruano promedio no desea cambios radicales, tajantes y definitivos, es porque considera que hay cosas que mal que bien, funcionan, que son intrínsecas a la idiosincrasia del peruano, del encanto de serlo y, por ende, no deben cambiar. En todo caso, los cambios importantes deben hacerse poco a poco. Aunque hay algunos urgentes.

¿Qué es lo que el peruano promedio piensa que está bien y qué cree que es necesario transformar, cambiar?

Sobre lo que está bien, creo que todos podemos ponernos de acuerdo.

Tenemos una cultura e historia riquísimas. Civilizaciones como la Inca, sitios como Machu Picchu, Nazca, Chavín etc. Tradiciones vivas en todo el país. Es posible que, de allí, de la civilización inca, el peruano promedio haya heredado la búsqueda del consenso, de arreglar las cosas poco a poco, en lugar de la solución violenta, como la buscan los radicales. El Inca prefería persuadir, mediante alianzas y banquetes pacíficos y solo como última opción usaba la violencia para someter al adversario.

Tenemos una gastronomía reconocida mundialmente: platos como el ceviche, lomo saltado o ají de gallina son muy valorados y ya hay restaurantes peruanos abriéndose por todo el mundo. Pero también gozamos de nuestra música, bailes, tradiciones y de nuestra diversidad cultural y lingüística. Estamos dotados de una diversidad natural prodigiosa: costa, sierra y selva; gran biodiversidad y paisajes únicos para la explotación turística. Tenemos gran potencial económico en recursos naturales, turismo y emprendimientos con mucho futuro.

Sobre todo, contamos con gente trabajadora, creativa y solidaria: en general, los peruanos somos resilientes y creativos, con una diversidad cultural y sentido de superación como pocos para salir adelante. Ahora bien, si hablamos de crecimiento económico, contamos con una ventaja adicional. Un bono demográfico que debemos aprovechar. La población joven es mayoritaria en el Perú y por ende flexible a los vertiginosos cambios tecnológicos .

Cosas que el peruano sabe que debe eliminar, transformar y cambiar.

Todos los peruanos deseamos prosperar y por ello, tenemos ahora un sueño común: Que sepamos elegir a los políticos capaces de hacer del Perú un país más útil y hermoso. Por ejemplo, que seamos capaces de crecer solidariamente por encima del 7% anual y sacar así definitivamente a todos los peruanos de la pobreza.

Debemos crecer de manera uniforme y con transparencia para que los fondos generados sirvan para construir infraestructura, carreteras, puentes, servicios básicos y transporte público más eficiente. Mejorar la calidad de la educación y que su acceso sea para todos mejorando su infraestructura, sobre todo en zonas alejadas.

La corrupción imperante afecta la confianza en nuestras autoridades y esto frena el desarrollo. No se puede aspirar a un crecimiento con libertad individual en un mercado libre, si es que los gobernantes no garantizan la seguridad ciudadana. La delincuencia imperante es un problema de urgente solución.

Otro problema de urgente solución es fortalecer nuestra institucionalidad. Necesitamos instituciones más fuertes y confiables y no influenciadas por corrientes ideológicas foráneas interesadas en controlar nuestros poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El enorme caudal de dinero proveniente de actividades informales e ilegales, están contribuyendo en corromper el sistema lo que pone en peligro nuestra identidad como nación.

El crecimiento económico sano y sostenido, permitirá disminuir las brechas de desigualdad entre las zonas urbanas y rurales y una mejor infraestructura básica y de comunicaciones hará a todos los agentes económicos más productivos y creativos.

La salud pública es otro rubro al que se le debe prestar gran atención y requiere una transformación a nivel nacional.

Será necesario encontrar una solución responsable al problema ambiental que, entre otros, genera la minería ilegal, que afecta nuestros ecosistemas y la salud de la población, lo que crea conflictos sociales. La deforestación y la tala ilegal vienen destruyendo nuestros bosques. Esto evidencia la ceguera de nuestras autoridades respecto al enorme potencial forestal del Perú, actualmente desaprovechado.

En el Perú, todo está por hacerse y debiera darnos vergüenza que ante tanto potencial y gozando de la ventajosa posición geoestratégica que tenemos, no seamos aún una potencia regional. A ver si el 2026 los peruanos damos el primer paso hacia la felicidad.

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