Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Venezuela: La esperanza que resiste, el derecho de un pueblo a volver a ser libre

Venezuela es una nación que, pese a más de veinticinco años de deterioro institucional, abuso de poder y fractura social, no se ha rendido. En medio de la crisis, la esperanza persiste en su gente, en su memoria histórica y en la convicción profunda de que ningún sistema de opresión es eterno cuando un pueblo conserva conciencia, dignidad y deseo de libertad. La libertad, entendida no como consigna política, sino como una condición real de vida, sigue siendo una aspiración legítima e irrenunciable.
En el plano político, el país ha vivido una prolongada concentración del poder y un debilitamiento sistemático de la separación de poderes. Las instituciones, llamadas a garantizar equilibrio democrático y representación ciudadana, han sido progresivamente subordinadas al poder ejecutivo. Las elecciones, aunque formalmente existentes, han sido cuestionadas por la falta de garantías plenas, persecución a opositores e inhabilitaciones políticas, lo que ha generado una profunda crisis de legitimidad y una ruptura entre el Estado y la voluntad popular.
Desde el punto de vista social, el costo humano ha sido devastador. Millones de venezolanos han migrado forzadamente, separando familias y perdiendo arraigo. Quienes permanecen enfrentan precariedad en servicios básicos, deterioro del sistema educativo y de salud, inseguridad y desigualdad creciente. Mientras una minoría ligada al poder accede a privilegios, la mayoría lucha por sobrevivir, dejando una herida social profunda, pero también una creciente conciencia de cambio.
En lo económico, Venezuela pasó de ser una de las naciones más prósperas de la región a una economía marcada por hiperinflación, destrucción del aparato productivo, colapso de la industria petrolera y pérdida del poder adquisitivo. La mala gestión, la corrupción estructural y la ausencia de políticas sostenibles transformaron la economía en un mecanismo de control social. La recuperación solo será posible con instituciones creíbles, seguridad jurídica, transparencia y reintegración internacional.
En materia de derechos humanos, la deuda es grave y persistente. Detenciones arbitrarias, persecución política, criminalización de la protesta, censura y uso del miedo han sido denunciados por organismos nacionales e internacionales. Estas prácticas no solo vulneran derechos individuales, sino que erosionan el tejido moral de la sociedad. Sin justicia independiente, no hay reconciliación ni futuro posible.
La liberación de Venezuela no se limita a un cambio de gobierno. Implica una libertad general, de pensamiento, expresión, emprendimiento, participación política, retorno sin miedo y vida digna. La verdadera liberación ocurre cuando el ciudadano deja de sobrevivir y vuelve a vivir plenamente, y cuando el poder se somete a la ley y al respeto irrestricto de los derechos humanos.
Después de más de veinticinco años de abuso, silencio forzado e indignación acumulada, Venezuela no busca venganza; busca justicia, libertad verdadera y la oportunidad de volver a ser una nación donde vivir no sea un acto de valentía, sino un derecho ejercido con responsabilidad humana y social.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque

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