Cinco meses después que Nicolás Maduro retó a Washington, la madrugada del 3 de enero Donald Trump le hizo realidad sus deseos cuando ordenó su captura al lado de su cónyuge en una operación militar quirúrgica a cargo del comando de fuerzas especiales Delta Force con el saldo de 32 cubanos caídos, un número indeterminado de civiles venezolanos desaparecidos y la destrucción de algunas instalaciones militares chavistas claves. Y es que cuando el dictador caribeño gritaba “Señor cobarde, venga por mí, aquí lo espero, no se tarde en llegar, cobarde!” nunca imaginó que la administración Trump ya había puesto en marcha una operación secreta para extraerlo y someterlo a juicio por los delitos de narcoterrorismo, conspiración, posesión de armas y vinculación criminal con los cárteles mexicanos de Sinaloa y Los Zetas, negocios con organizaciones terroristas colombianas y el Tren de Aragua; juicio en el que la pareja enfrenta penas que podrían superar los 25 años.
Los venezolanos en el mundo son conscientes que la transición a la democracia será complicada pero han celebrado con algarabía la caída del sátrapa que sucedió a Hugo Chávez y que mantiene a la cleptocracia chavista por casi 27 años; la aparición de evidencias de corrupción chavista juega en su contra, por lo pronto Suiza ha anunciado que ha congelado activos de Maduro y empresarios allegados por una cifra no determinada de varios millones de dólares; mientras tanto, el próximo 17 de marzo la Fiscalía de Nueva York exhibirá las pruebas que sustentan los cargos federales que le imputa, entre ellos sobornos recibidos y entrega de pasaportes diplomáticos a narcotraficantes; a estas primeras revelaciones seguirán otras que comprometen a chavistas en el poder, la bola de nieve podría ser imparable.
Tras la operación militar, aún existe incertidumbre sobre la participación activa de Estados Unidos en esta transición y sobre las negociaciones previas con altos miembros de la cúpula chavista, según trascendidos, encabezados por los hermanos Rodríguez; sólo el tiempo y las acciones que emprenda la “Presidenta encargada” Delcy Rodríguez revelarán si ellos fueron los que traicionaron a don “Nico” y hasta dónde avanzaron las negociaciones para abandonar el poder. En este momento los mensajes son contradictorios, se habla de “cooperación” con la administración Trump pero se ordena detener a manifestantes y periodistas que actuaron, según ellos, contra Maduro; idas y venidas en medio de rumores de golpe de estado y gran nerviosismo a la interna; en este escenario, lo único seguro es que Estados Unidos no les dará tregua y no tolerará el doble juego.
Inmediatamente conocida la captura de Maduro las reacciones en el mundo no se hicieron esperar, sus aliados de izquierda reclamaron el respeto a la Carta democrática Interamericana, a la Convención Americana y el respeto al derecho a la soberanía y libre autodeterminación de los pueblos. China, Rusia, Irán Turquía y sus pares americanos de ideologías afines como Cuba, México, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay expresaron su férreo rechazo a la intervención, invocando la necesidad de encontrar salidas a través del diálogo con participación de organismos multilaterales; los políticos izquierdistas peruanos condenaron la captura. A todos ellos habría que preguntarles qué acciones tangibles impidieron que el chavismo tome Venezuela, qué hicieron para impedir se instaure la dictadura, qué hicieron para impedir la diáspora de más de 8 millones de ciudadanos, qué hicieron para frenar la persecución chavista a opositores, para frenar ejecuciones extrajudiciales y torturas, en qué contribuyeron para evitar que se maniatara a los medios de comunicación. La respuesta es obvia, el multilateralismo hizo poco o nada y cuando hizo algo jugó a favor de la dictadura, esa es la cruda realidad, no hay más.
La sustracción del dictador y su defenestración fáctica ha sido la única manera de iniciar el desmontaje de un aparato mafioso cuyos operadores no se irían nunca por las buenas, Maduro no era el presidente, era un usurpador, no olvidemos que hace un año fue impuesto como ganador por un organismo electoral nombrado por él mismo y pese a las evidencias de la victoria del político Edmundo Gonzáles no hubo organismo multilateral capaz de hacer respetar la voluntad popular. Cuando algunos columnistas hablan del respeto a la soberanía habría que preguntarles de qué soberanía hablan! Por ejemplo, se ha conocido que la guardia personal de Maduro estaba a cargo de militares cubanos algo que viola su constitución. No hablamos de un país democrático que es invadido, hablamos de un país capturado por un gobierno corrupto que instauró una dictadura y cuyas acciones infames no sólo han perjudicado a sus ciudadanos sino han tenido impacto negativo en la región y en el mundo.
Dejémonos de ingenuidades y no apliquemos instrumentos de derecho que rigen para regímenes democráticos y no para aquellos que han subsistido por más de 25 años fuera del derecho, que no respetan la determinación de su propio pueblo, que violan impunemente los derechos humanos, que restringen las libertades individuales y políticas y para quiénes la ley es la ley que han adecuado a sus propios intereses. El camino será largo pero ya es un avance que Nicolás Maduro y Cilia Flores comiencen a enfrentar cargos federales por todos los crímenes que han cometido.
Cecilia Palacios C.
Cecilia Palacios es Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, trabajó en prensa televisiva privada durante la época del terrorismo, posteriormente se dedicó a actividades privadas.


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