Las últimas horas han revelado que el affaire Jerí, bautizado como Chinagate, no sólo se trató de “un compartir” sino que fue todo un banquete que se extendió a lo largo de diciembre último con el desfile de más de 25 empresarios a Palacio de Gobierno con el cuento de la amistad peruano-china, pasarela que incluyó personajes de dudosa reputación y hasta un sujeto ligado a la tala ilegal de madera con orden de prisión domiciliaria. Como para no creerlo!
El escándalo ha escalado en las últimas horas y las consecuencias son aún impredecibles, a medida que pasen las horas y los días se irán revelando más encuentros y coordinaciones impropias que nos llevan a la lamentable conclusión de la enorme degradación de la institución presidencial; cualquiera puede ser presidente, cualquiera puede imponer sus normas, cualquiera puede tener llegada a un mandatario y cualquiera en el poder se hace permeable ipso facto a la corrupción. A siete días de estallado el escándalo no existe justificación alguna para que nuestro millenial presidente en funciones haya ingresado encapuchado a la cueva de un proveedor chino entre gallos y medianoche; las excusas esbozadas por Jerí no revisten credibilidad alguna y más bien abundan en la sospecha que el súbito antojo de sopa ramen en el chifita de San Luis y de caramelitos en el market Capón no fueron antojitos culinarios sino más bien comerciales.
Después de los traumas sufridos post Castillo y Boluarte, con 4 presidentes presos por corrupción, los peruanos estamos curados de espanto razón por la cuál a 3 meses de vacar a Dina Boluarte la calle está gritando nuevamente censura o vacancia. En un discurso en la madrugada, José Jerí ha señalado que “no es Pedro Castillo” y efectivamente no lo es; no lo es porque no es improvisado, tiene formación política, no es un desvalido de partido político porque desde joven pertenece a Somos Perú; no tiene un mandato producto de respaldo en las urnas sino es un jefe de estado encargado en una transición de 10 meses que culmina en 28 de julio; no tiene a asesores políticos como Aníbal Torres, Betssy Chávez, o Bruno Pacheco, tiene a gente honorable como el jurista Ernesto Álvarez que en las últimas horas ha hecho gala de una ingenuidad política sin precedentes; siendo así, no podía actuar igual o parecido a un sindicalista unifuncional que deshonró la investidura presidencial y no mantuvo mínimos modales democráticos acorde con el cargo que ostentaba como máximo representante de la Nación. Es por ello que la reprobación debe ser mayor, debe ser implacable y debe exigírsele que responda con argumentos solventes de qué trata este entuerto.
Los peruanos debemos ser severos con aquellos que por las urnas o por encargo manejan el destino del país y no permitir que se insulte nuestra inteligencia con un cuentazo que pretende justificar amistades peligrosas y reuniones subrepticias para coordinar actividades interinstitucionales que correspondería coordinar al Ministerio de Relaciones Exteriores con la embajada respectiva; o Jerí, acaso, ejerce en la práctica la Dirección de Protocolo de Torre Tagle y en lugar de afinar acciones efectivas contra la criminalidad ahora se encarga de coordinar el paseo del dragón chino por la Plaza de Armas?. Pero así como se condena su comportamiento oscuro y se exige una investigación prolija de los hechos, no puede pasarse por alto el oportunismo político de los partidos y candidatos en campaña electoral que hoy gritan censura cuando callaron en todos los idiomas cuando el corrupto era el de su lado; sobretodo de aquellos como los perulibristas que miraron a los costados cuando el Ministerio Público encontró 20 mil dólares en el baño de Palacio de Gobierno; o la ceguera voluntaria de la izquierda “progresista” y caviar cuando Pedro Castillo negociaba obras a través de sus parientes en Cajamarca, o la de los vizcarristas cuando las fiscales “Cuellos Blancos” acudieron a la vivienda del sentenciado a entregarle información reservada de una carpeta que lo comprometía; alguno exigió vacancia?
A menos de 90 días para las elecciones generales licenciar nuevamente un presidente podría ser un salto al vacío que podría cambiar incluso las tendencias electorales e inclinarse hacia la izquierda que ha salido rápidamente a patear el tablero escoltada por Renovación Popular, Honor y Democracia y hasta APP; el coro a cargo del “que se vaya” lo encabezan hoy Santibáñez, Flor Pablo, Daniel Salaverry y hasta Mario Vizcarra que se ha atrevido a llamarlo “malandrín”, un mensaje de malandrín a malandrín; hasta su propio partido, Somos Perú, ha zafado cuerpo y exige su renuncia. Considerando que atravesamos momentos críticos en un contexto pre electoral, lo inteligente es tomar distancia de las barras bravas y reflexionar sobre la conveniencia de licenciar a Jerí para empezar a investigarlo o esperar 6 meses para que responda a la justicia; si sucumbimos al hígado y lo cambiamos quién nos garantiza que el próximo encargado dure más de 15 días? Realmente, trágico.
Cecilia Palacios C.
Cecilia Palacios es Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, trabajó en prensa televisiva privada durante la época del terrorismo, posteriormente se dedicó a actividades privadas.


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