En una elección política nacional sin precedentes porque hay alrededor de treinta candidatos a la presidencia y miles de postulantes al congreso, se necesita que la labor informativa y formativa de la opinión pública por los medios masivos de comunicación tradicionales, sea acometida de manera excepcionalmente inteligente y cuidadosa, más aún si hoy campea en todo el país un escepticismo y una falta de confianza radicales sobre los políticos y cuando uno de cada tres electores tiene menos de treinta años y uno de cada diez votará por primera vez. Sin embargo, la observación de los contenidos electorales que difunden cada día los medios de prensa, radio y televisión, no muestra suficiente voluntad ni capacidad de afrontar satisfactoriamente el reto trascendental de contribuir al mejor resultado de este proceso electoral decisivo. Las notas y las entrevistas políticas de los medios están a cargo de sus habituales articulistas y entrevistadores que exhiben sus características peculiares, ya sea de cordialidad sarcasmo, severidad, compadrería, etc., por lo que desde hace tiempo no son de mayor atractivo del público. Además, en sus presentaciones suelen continuar con su acaparamiento de la palabra en desmedro de la de sus entrevistados, con su postiza actitud de emplazamiento moral y legal de ellos, o con la recurrencia a un tono populachero y a veces hasta vulgar, mezclando todo ello con datos comunes, irrelevantes, imprecisos, confusos, banales, denigratorios, laudatorios o erróneos sobre los candidatos.
Los medios también aceptan que sus reporteros, periodistas y conductores se explayen en dar sus opiniones personales, muchas veces improvisadas, sobre cualquier punto y que también propaguen opiniones sesgadas que felizmente cada vez más peruanos reconocen como tales. También hay cronistas que hacen reseñas de los candidatos que pugnan en esta campaña por conseguir trabajo bien remunerado e ingresos ilegales mediante el poder público, comparándolos con destacados políticos de antaño que en gran número estaban bien formados y con personajes históricos consagrados que nunca persiguieron un oficio público para obtener prebendas. Hay que advertir igualmente que hay comunicadores y periodistas convertidos hoy en candidatos, que utilizan abierta o encubiertamente sus columnas y reportajes para visibilizarse personalmente, aprovechando su ventaja comparativa de exposición mediática gratuita.
Todo este conjunto de actuaciones de la prensa, solo sirve para que los ciudadanos de todas las edades incrementen y refuercen su escepticismo y rechazo radical respecto a los candidatos, los cuales son juzgados casi sin exclusividad como mentirosos que solo buscan la reelección o valerse del ingreso a la vida política para actuar delictivamente, del mismo modo que todos sus antecesores que hoy están encarcelados o próximos a estarlo.
Es indispensable, por todo ello, reiterar que en esta campaña marcada como nunca por el escepticismo y el resentimiento de los ciudadanos contra los candidatos en general, que el periodismo difunda predominantemente información sustancial y transparente sobre ellos. Es un hecho que entre el 50% de electores que aún no ha decidido su voto y los que han resuelto no votar se encuentran muchos jóvenes y por tanto van a ser responsables, por acción o por inacción, de la elección del próximo gobierno y de los nuevos legisladores. Lamentablemente, los medios de comunicación no les están proporcionando material político informativo y formativo de calidad y atractivo para ellos, por lo que optarán por sumergirse solamente en el fragor político caótico y más venenoso aún de las redes sociales y de las plataformas de internet.
Los medios de comunicación social aún tienen tiempo de corregirse y asumir su responsabilidad periodística de un modo completamente distinto. De no hacerlo también serán responsables del nefasto escenario que determinará nuestro futuro el próximo 12 de abril.
José Perla
Abogado por la PUCP, con maestrías en Wisconsin y Barcelona y doctorado en Sociología por San Marcos. Ha ocupado altos cargos en INDECOPI, IRTP y organismos cinematográficos, siendo el primer presidente de CONACINE y autor principal de la Ley de Radio y Televisión. Profesor por cuarenta años, investigador, autor prolífico y referente en Derecho y Ética de la Comunicación en el ámbito académico y cultural peruano.


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