¿Qué está pasando cuando universidades globales dejan de preguntarse cómo adaptarse al cambio climático y comienzan a preguntarse cómo regenerar territorios, instituciones y economías completas?
Lo que asoma en la literatura y en los laboratorios universitarios de innovación ya no es un ejercicio de responsabilidad social ni un giro reputacional tardío. Es la emergencia de un modelo operativo distinto que ve a la universidad como infraestructura de transición, capaz de mejorar sistemas en deterioro —ambientales, sociales, institucionales y económicos— en lugar de solo diagnosticarlos.
La noción más reciente para describir esta transición es la de la Universidad Regenerativa: una universidad que desarrolla capacidades, conocimientos, alianzas y soluciones dirigidas a reparar, restaurar y transformar sistemas críticos deteriorados (Pineda Pinto & Steele, 2025). Esto incorpora dimensiones Ambientales, Sociales y de Gobernanza (Environmental, Social and Governance, ESG), pero va más allá: no se limita a “no dañar”, sino a producir futuros mejores y no solo a evitar futuros peores.
De la sostenibilidad al diseño de futuros posibles
La sostenibilidad surgió para contener daños, pero la regeneración emerge para producir oportunidades. El salto es silencioso, pero profundo. La diferencia es similar a la que existe entre cumplir con normas ambientales y rediseñar el metabolismo urbano para aumentar resiliencia y prosperidad.
Esto conecta con la agenda prospectiva al 2040, donde organismos multilaterales y think-tanks coinciden en tres vectores globales:
a) Transición ecológica profunda (energía, industria, agua, biodiversidad)
b) Reconfiguración del bienestar (salud, trabajo, cuidado, educación)
c) Transformación institucional (gobernanza, regulación, innovación pública)
En este contexto, la universidad deja de ser una “proveedora de credenciales” para convertirse
en un actor sistémico que experimenta, prototipa y escala soluciones.
Avances internacionales: del concepto a los pilotos
Entre los años 2022–2026 se observan corredores universitarios que ya operan con enfoque regenerativo:
(a) Arc Iberia-Regenerativa (Barcelona–Lisboa)
Universidades públicas están integrando regeneración urbana, movilidad sostenible y circularidad industrial en programas colaborativos con gobiernos locales y startups climáticas.
(b) Corredor Costa Oeste Canadá–EE.UU. (Vancouver–Seattle–Portland)
La University of British Columbia (UBC) y Simon Fraser University (SFU) han integrado investigación, incubadoras y municipios para intervenir en descarbonización logística, biodiversidad urbana y vivienda asequible.
(c) Cinturón de Economía Circular Nórdico (Copenhague–Lund–Helsinki)
Universidades operan como laboratorios territoriales de políticas públicas, demostrando que la regeneración puede convertirse en ventaja competitiva nacional.
Estas experiencias confirman algo clave: la regeneración no nace desde un curso, un laboratorio o un centro, sino desde coaliciones territoriales entre academia, gobierno y empresa.
Perú y Latinoamérica: espejo y oportunidad
En América Latina la discusión sobre regeneración está retrasada respecto a Europa y Canadá, pero el rezago puede convertirse en ventaja. La región opera históricamente bajo la tensión sostenibilidad–desarrollo, y posee un capital estratégico subvalorado: territorios, biodiversidad y comunidades.
Para 2040, la transición climática no será un asunto voluntario sino un mandato económico; y la región tendrá que decidir si importa soluciones o si diseña las suyas. En este punto, las universidades podrían convertirse en los “puentes estructurales” entre ciencia, sector productivo, política pública y ciudadanía.
Un caso peruano que asoma: Responde Universidad de Lima
En el Perú, la discusión aún se asocia al reporte corporativo o al compliance ambiental. Sin embargo, surgen casos que amplían el marco. Hace algunos años la Universidad de Lima (ULima) creó el Centro de Sostenibilidad Responde Universidad de Lima (Responde ULima), que ha logrado instalar temas como economía circular, desarrollo sostenible y alianzas multisectoriales a través de investigaciones, eventos y articulación con empresas.
Aunque no se autodefine aún como regenerativa, el enfoque de intervención sistémica y de articulación público–privada se acerca a los prerrequisitos del nuevo modelo: interdisciplinariedad, vinculación territorial e incentivo a soluciones prácticas. Su evolución futura dependerá de si incorpora prospectiva, innovación pública, bioeconomía y finanzas climáticas, cuatro ejes que serán definitorios para el 2040.
¿Y el sector empresarial?
Boston Consulting Group (BCG, 2025), el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD, 2024) y McKinsey & Company (2023) coinciden en que la economía regenerativa podría superar los USD 4–6 trillones al 2040 en energía, alimentos, construcción, moda, minería, transporte y gestión hídrica.
Si ese escenario se consolida, la universidad no podrá limitarse a formar “profesionales para empresas”, sino profesionales para sistemas; esa es quizás la transformación más difícil.
El giro cultural: de misión académica a misión sistémica
En la universidad tradicional la pregunta dominante ha sido: ¿Qué investigamos y para quién?
En la universidad regenerativa la pregunta muta a: ¿Qué sistemas queremos mejorar y con quién?
No es semántica; es misión. Si la universidad no opera como agente de transición, alguien más ocupará ese lugar: empresas climáticas, think-tanks, o plataformas tecnológicas.
Horizonte 2040: hipótesis abiertas
Tres hipótesis prospectivas orientan la discusión:
H1. La universidad será un actor económico regenerativo o perderá relevancia estratégica. H2. La transición se decidirá fuera del campus (en el territorio, los mercados y la política pública). H3. América Latina tiene retraso conceptual, pero ventaja estructural si articula biodiversidad + ciencia + inversión verde.
El guion no está escrito.
Este es el segundo artículo de una serie destinada a observar cómo se reconfigura la educación superior en contextos de crisis climática, transformación productiva y redefinición del bienestar. En la próxima entrega discutiremos un tema incómodo pero inevitable: qué debe desmontarse dentro de la universidad para que la regeneración sea viable.
Referencias.-
BCG. (2025). Regenerative Economies Outlook 2040. Boston Consulting Group. https://www.bcg.com
McKinsey & Company. (2023). Climate Resilience and Regenerative Markets. https://www.mckinsey.com
Pineda Pinto, M., & Steele, W. (2025). Regenerative urban development paradigms in a time of climate change and ecological crisis. En N. Frantzeskaki, M. Moglia, P. Newton, D. Prasad & M. Pineda Pinto (Eds.), Future Cities Making: Theory and Practice of Urban Sustainability Transitions (cap. 9). Springer. https://doi.org/10.1007/978-981-97-7671-9_9.
WBCSD. (2024). The Regenerative Business Playbook. World Business Council for Sustainable Development. https://www.wbcsd.org
Jaime Castro.
Docente e Investigador en la Especialidad de Metodología de la Investigación aplicada de la Universidad de Lima (ULima), Miembro del Centro de Sostenibilidad – Responde Ulima, ex – Coordinador académico del Área de Innovación Empresarial de la Carrera de Administración de la ULima. Miembro del Comité de Ética en la Investigación del IDIC – Ulima. Docente especializado en diversas materias de la Gestión Pública, Funcionario público con más de 25 años de experiencia dedicados a la administración pública en diversas instituciones del gobierno nacional, Doctorando en Gestión Estratégica por el Consorcio de Universidades Privadas del Perú, Maestro en Administración de la UNFV, Master en Gerencia Pública de la Eucim Business School – España, Postgraduado en Gestión y Dirección de Empresas por la Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP, Especialista en Gobernabilidad y Gerencia Política por la PUCP y la George Washington University – USA. Licenciado en Administración.


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