La pérdida del equilibrio en los adultos mayores no es un hecho aislado ni un “problema de la edad” que deba asumirse con resignación. Es una condición multifactorial, frecuente y peligrosa, pero poco explicada. En el Perú ,y en gran parte de América Latina, miles de personas mayores sufren caídas cada año sin haber recibido una explicación clara de sus causas ni orientaciones preventivas básicas. Ese silencio también es una forma de abandono.
Causas. cuando el cuerpo cambia y nadie avisa
Con el envejecimiento, el cuerpo experimenta transformaciones naturales que afectan directamente el equilibrio. Disminuye la fuerza muscular, especialmente en piernas y tronco; se reduce la densidad ósea; los reflejos se vuelven más lentos y el sistema vestibular (ubicado en el oído interno) pierde precisión. A ello se suma la pérdida progresiva de la visión y, en muchos casos, problemas neurológicos leves que alteran la coordinación.
Otro factor crítico es el uso de múltiples medicamentos. Antihipertensivos, sedantes, antidepresivos y fármacos para el sueño pueden provocar mareos, somnolencia o caídas bruscas de presión. Sin embargo, rara vez se explica al paciente mayor cómo estos efectos impactan en su estabilidad diaria.
El sedentarismo, la mala alimentación, la deshidratación y enfermedades crónicas como la diabetes o el Parkinson agravan el problema. Aun así, la conversación suele reducirse a una frase peligrosa. “es normal a su edad”.
Efectos: una caída que cambia la vida
La pérdida de equilibrio no solo genera caídas. Produce miedo, inseguridad y dependencia. Muchas personas mayores dejan de caminar solas, de salir de casa o de participar en la vida social. Una caída puede significar fracturas, hospitalización prolongada, pérdida de autonomía e incluso la muerte. El impacto no es solo físico, sino emocional, familiar y económico.
Recomendaciones. informar, prevenir y respetar
Primero, explicar. El adulto mayor tiene derecho a entender qué le ocurre y por qué. Informar es prevenir.
Segundo, evaluar integralmente, revisión de medicamentos, control visual y auditivo, chequeo neurológico y nutricional.
Tercero, promover actividad física adaptada, ejercicios de fuerza, equilibrio y coordinación reducen drásticamente el riesgo de caídas.
Cuarto, adecuar el entorno: iluminación, pasamanos, calzado adecuado y eliminación de obstáculos en el hogar.
Finalmente, cambiar el enfoque cultural, envejecer no es sinónimo de caer.
El equilibrio también es dignidad. Y explicarlo, una obligación ética y social. con responsabilidad Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


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