Columnas Jorge Céliz

El nuevo puño de hierro hemisférico: TIAR, seguridad y soberanía en la era de los algoritmos

El inicio del 2026 encuentra al hemisferio occidental en una reconfiguración estratégica profunda. Estados Unidos ha dejado atrás la lógica de la cooperación diplomática pasiva y avanza hacia un realismo pragmático, donde la seguridad dura, la presión financiera y la tecnología convergen. La Conferencia de Jefes de Defensa del Hemisferio Occidental, convocada en el Pentágono para febrero, se perfila como el hito que formaliza este giro.

La señal es inequívoca: menos consensos retóricos y más alineamientos operativos. En un entorno marcado por la inestabilidad política en Sudamérica y la erosión de antiguos ejes ideológicos, Washington busca cerrar espacios a la influencia de potencias extrahemisféricas. No se trata de una reedición nostálgica de viejas doctrinas, sino de control efectivo del entorno estratégico inmediato.

En este marco reaparece, aunque de forma silenciosa, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Lejos de su espíritu original de defensa colectiva automática, el TIAR en el 2026 es un instrumento jurídicamente vigente pero políticamente debilitado. Su activación parcial en años anteriores demostró sus límites: sirve más como marco de legitimación política y coordinación que como garantía real de acción militar conjunta. Varios países lo observan con cautela, conscientes de que hoy la seguridad hemisférica se articula más por coaliciones ad hoc y acuerdos tecnológicos que por tratados multilaterales clásicos.

La agenda central ya no gira en torno a divisiones blindadas o despliegues masivos. La verdadera batalla es la guerra de los algoritmos. Sistemas de vigilancia persistente, constelaciones satelitales de comunicaciones seguras, enjambres de drones autónomos e inteligencia artificial biométrica para control fronterizo y análisis predictivo son el núcleo de la propuesta estadounidense. El objetivo es anticipar amenazas, identificar redes criminales y neutralizar financiamiento ilícito antes de que la violencia escale.

El frente económico acompaña esta lógica. El rastreo de activos digitales, el congelamiento de cuentas y la asfixia financiera de organizaciones criminales y grupos designados como terroristas avanzan como prioridad. Aquí conviene ser claros: no hay en la mesa reformas monetarias globales ni cambios estructurales del sistema financiero. El enfoque es punitivo, selectivo y orientado a resultados inmediatos.

Este endurecimiento plantea un dilema central: la soberanía nacional. La presión para depurar mandos corruptos, compartir datos sensibles y adoptar estándares tecnológicos externos genera resistencias internas. Países como México y Brasil actúan como termómetros de esta etapa, cooperando sin aceptar tutelajes. El TIAR, en este contexto, funciona más como telón de fondo político que como motor real de decisiones.

¿Dónde queda el Perú? La posición de las Fuerzas Armadas peruanas debe ser clara y pragmática. Lima no puede aislarse, pero tampoco alinearse de forma automática. La ruta razonable es una cooperación selectiva y soberana: aprovechar tecnología de vigilancia, inteligencia y ciberdefensa para combatir el narcotráfico, la minería ilegal y el crimen transnacional, fortaleciendo capacidades propias. Al mismo tiempo, el Perú debe reafirmar el control civil democrático, la no deliberancia política y una interoperabilidad basada en intereses nacionales y regionales, no en imposiciones externas. El TIAR puede ser un marco de referencia, pero no el eje de la política de defensa.

El hemisferio entra en una fase donde las zonas grises se reducen. La seguridad del siglo XXI se define por datos, satélites y finanzas tanto como por tropas. Para el Perú, el desafío es convertir esta presión en oportunidad: modernizarse, cooperar y proteger su soberanía, entendiendo que ni los tratados del pasado ni la tecnología del presente sustituyen a un Estado fuerte y a una estrategia propia.

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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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