Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Esperanza que convoca, democracia que se fortalece

El eslogan “Año de la esperanza y el fortalecimiento de la democracia” no es una frase decorativa ni un simple recurso administrativo. Es una declaración de ánimo colectivo y, al mismo tiempo, un llamado a la conciencia cívica de la Nación. En un contexto marcado por la desconfianza, la polarización y el desgaste institucional, la esperanza no surge sola: se construye con reglas claras, responsabilidades compartidas y participación activa de la ciudadanía.
La esperanza, entendida en clave democrática, no es pasiva ni ingenua. Es una fuerza moral que exige resultados, coherencia y verdad. Significa creer que las instituciones pueden funcionar mejor, que la política puede recuperar sentido ético y que el Estado puede volver a ser un instrumento al servicio de las personas, especialmente de quienes han sido históricamente postergados. Sin democracia sólida, la esperanza se diluye; sin esperanza, la democracia se vacía de contenido.
El fortalecimiento de la democracia implica más que procesos electorales. Supone respeto al Estado de derecho, equilibrio de poderes, transparencia en la gestión pública y una ciudadanía informada y vigilante. Pero también exige una cultura democrática cotidiana: diálogo en lugar de confrontación estéril, acuerdos sobre intereses comunes y rechazo firme a la corrupción, venga de donde venga. La democracia se fortalece cuando la ley se cumple, cuando la autoridad se ejerce con responsabilidad y cuando el poder entiende que es servicio, no privilegio.
Este año simbólico invita a recuperar la democracia participativa, aquella donde el ciudadano no es espectador sino actor. Participar no es solo votar, es involucrarse, exigir rendición de cuentas, cuidar lo público y contribuir a la construcción de consensos. La esperanza se vuelve real cuando cada persona asume que la democracia no es tarea exclusiva del Estado, sino una obra colectiva que se renueva todos los días.

El Año de la esperanza y el fortalecimiento de la democracia debe ser recordado no por el lema, sino por las decisiones responsables que se tomen bajo su amparo. La verdadera esperanza nace cuando la democracia funciona, cuando la justicia es imparcial y cuando la participación ciudadana se convierte en un deber cívico consciente. Fortalecer la democracia es fortalecer la patria; hacerlo con esperanza es devolverle futuro.con anhelo de cultura y comunicación, Rafael Aita Campodónico.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque

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