América Latina atraviesa en este 2026 una de las reconfiguraciones políticas más profundas desde el inicio del siglo. El ciclo de la llamada “Marea Rosa”, articulado durante años por el Foro de São Paulo, ha entrado en una fase de desgaste evidente. Lo que alguna vez fue un bloque cohesionado de gobiernos de izquierda hoy aparece fragmentado, debilitado y a la defensiva frente a una combinación de crisis internas, cambios electorales y un entorno geopolítico cada vez más hostil.
Uno de los puntos de quiebre más relevantes ha sido la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses a inicios del 2026. Este hecho no solo tuvo un impacto simbólico y político, sino también material: significó la interrupción de redes de financiamiento, apoyo logístico y respaldo diplomático que durante años alimentaron a movimientos y partidos de izquierda en la región. La caída del eje Caracas–La Habana dejó al Foro de São Paulo sin su principal sostén económico e ideológico, acelerando su pérdida de influencia.
El golpe fue especialmente duro para Cuba. La isla enfrenta una situación caótica marcada por apagones, escasez de alimentos, migración masiva y colapso productivo. A este escenario se suma el retroceso del apoyo mexicano, que en los últimos meses ha reducido su respaldo energético y político ante presiones internas y externas. Cuba queda así más aislada que nunca, sin Venezuela y con aliados regionales cada vez más cautelosos.
En paralelo, el mapa electoral latinoamericano confirma un giro claro. En Bolivia, el triunfo del centrista Rodrigo Paz puso fin a casi dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo. En Ecuador, la reelección de Daniel Noboa consolidó un liderazgo enfocado en seguridad, orden y combate frontal al crimen organizado. Honduras eligió a Nasry Asfura, marcando un retorno conservador con énfasis en cooperación con Estados Unidos. Chile eligió a José Antonio Kast con un mandato explícito de mano dura, control migratorio y recuperación del orden. Costa Rica, tradicional bastión moderado, también giró al elegir a Laura Fernández con una agenda de seguridad y pragmatismo económico.
A este escenario se suma el llamado “factor Milei”. El presidente argentino, con su discurso liberal, antiestatista y frontal contra el socialismo, se ha convertido en un referente regional para sectores que rechazan la izquierda tradicional. Más allá de los resultados económicos de su gestión, Milei ha instalado una narrativa que conecta con electorados cansados de inflación, inseguridad y corrección política, y ha contribuido a debilitar el consenso cultural progresista.
En el plano cultural, este cambio político viene acompañado de un rechazo creciente a la llamada cultura woke y a las élites progresistas urbanas, frecuentemente denominadas “caviares” en países como en el Perú. Para amplios sectores sociales, estos discursos han perdido relevancia frente a problemas urgentes como el crimen, el desempleo y el costo de vida.
El impacto en el Perú es directo. De cara a las elecciones generales de 2026, el país vive una fragmentación extrema, con decenas de partidos y un electorado dominado por el voto de castigo. La izquierda llega debilitada por la herencia de la crisis de Pedro Castillo, procesos judiciales y la pérdida de referentes regionales. En contraste, los discursos de mano dura, seguridad y orden concentran mayor intención de voto, aunque sin liderazgos claramente dominantes. Todo indica que la elección será más un rechazo al pasado reciente que una adhesión entusiasta a un proyecto ideológico.
América Latina entra en un nuevo ciclo político. La izquierda tradicional pierde financiamiento, cohesión y respaldo social, mientras emerge una derecha pragmática que prioriza seguridad, estabilidad y alineamiento internacional. El Foro de São Paulo ya no marca la agenda regional. En su lugar, se consolida un escenario donde la ideología cede ante el pragmatismo y donde los electorados exigen resultados concretos. El Perú no es la excepción, sino una de las expresiones más claras de este cambio de época y que esperemos se logre el próximo 12 de abril.
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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