La salida de Dina Boluarte y el ingreso de Jeri no han significado, como muchos esperaban, un punto de inflexión económico ni político. Por el contrario, la sensación ciudadana es clara, la fiesta continúa, el gasto sigue, pero las cifras no aparecen. A solo 70 días de una nueva elección, el país transita una transición acelerada, opaca y peligrosamente desconectada de la realidad económica.
En cualquier democracia funcional, un cambio de mando exige transparencia inmediata, especialmente cuando el país arrastra déficit fiscal, bajo crecimiento y una deuda pública en aumento. Hoy ocurre lo contrario, no hay reportes claros, no hay una narrativa fiscal coherente y no existe una hoja de ruta que explique cómo se sostendrá el Estado en los próximos meses. Gobernar sin cifras no es neutralidad técnica: es irresponsabilidad política.
La ausencia de información económica no afecta a todos por igual. Golpea primero a los sectores más vulnerables: trabajadores informales, pequeñas empresas, regiones alejadas del poder central. Sin datos no hay política pública, y sin política pública solo queda el reparto discrecional, el populismo de corto plazo y la exclusión silenciosa de millones de peruanos que no tienen voz en los salones del poder.
La inclusión no es un discurso, es una metodología. Implica saber cuánto hay, cómo se gasta y a quién llega. Hoy, en medio de una transición exprés y una campaña electoral inminente, el riesgo es evidente: usar el presupuesto como herramienta política, sin medición de impacto ni sostenibilidad. Eso no es inclusión, es clientelismo con rostro social.
A 70 días de una elección nacional, el país debería estar discutiendo propuestas serias de reactivación productiva, empleo formal, descentralización fiscal y fortalecimiento institucional. En cambio, se discuten nombres, cargos y equilibrios temporales de poder. La economía, una vez más, queda relegada a un segundo plano, como si los números no importaran o como si el mercado y la realidad social pudieran esperar.
Advertencia final
El Perú no puede darse el lujo de otra transición sin cuentas claras. La estabilidad no se hereda, se administra. Y la inclusión real solo es posible cuando el Estado actúa con verdad, datos y responsabilidad. Si la política sigue celebrando mientras la economía se deteriora, la factura llegará pronto, y como siempre, la pagarán los mismos.
Aún estamos a tiempo. Pero el reloj corre, y la historia demuestra que los silencios fiscales, en tiempos electorales, nunca son inocentes.
Con responsabilidad, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


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