La reciente decisión política de avanzar ,o reactivar con mayor énfasis, el servicio militar obligatorio vuelve a colocar en el centro del debate una pregunta clave para el Perú de hoy.
¿puede el Estado recuperar el orden, la disciplina y la seguridad ciudadana formando primero ciudadanos responsables?
En un país golpeado por la inseguridad, el desempleo juvenil, la informalidad y la pérdida de autoridad, la idea del servicio militar reaparece no solo como una política de defensa, sino como una herramienta social y formativa. Sin embargo, su impacto real dependerá menos del anuncio y más de cómo se implemente.
Análisis ,¿ayuda realmente a mejorar la calle y la seguridad?
El servicio militar no es una varita mágica, pero bien aplicado puede generar efectos positivos indirectos y estructurales.
- Disciplina y hábitos sociales
La formación militar inculca orden, respeto a la autoridad, puntualidad, trabajo en equipo y responsabilidad personal. Estos valores, ausentes en muchos entornos vulnerables, ayudan a reducir conductas de riesgo, especialmente en jóvenes sin oportunidades educativas o laborales. - Contención del ocio negativo
Muchos delitos urbanos nacen del tiempo ocioso mal canalizado. El servicio militar retira temporalmente de la calle a jóvenes expuestos a pandillas, microtráfico o economías ilegales, ofreciendo una rutina con propósito. - Formación para la vida civil
Si el programa incluye capacitación técnica, educación básica, oficios y reinserción laboral, el efecto se multiplica. Un joven formado es menos proclive al delito que uno abandonado por el Estado. - Presencia simbólica del Estado
La sola existencia de un sistema ordenado y exigente transmite un mensaje claro.
el Estado vuelve a estar presente, organiza, exige y acompaña.
Eso reconstruye autoridad, algo vital para la seguridad ciudadana.
Pero hay límites claros.
No reemplaza a la Policía ni a la inteligencia criminal.
No combate directamente a mafias organizadas.
Mal implementado, puede generar rechazo, corrupción o inequidad.
Por eso, la seguridad no mejora solo con uniforme, sino con política pública coherente.
Responsabilidad del Estado y de la sociedad
Aquí está el punto decisivo.
La responsabilidad del Estado
Garantizar que el servicio no sea castigo para los pobres ni privilegio para los ricos.
Asegurar condiciones dignas, formación real y salidas laborales posteriores.
Evitar improvisación, politización o uso propagandístico.
La responsabilidad política
No vender el servicio militar como solución total a la inseguridad.
Integrarlo a una estrategia mayor: policía fortalecida, justicia rápida, prevención social y empleo.
La responsabilidad social y familiar
Recuperar el valor del esfuerzo, la disciplina y el servicio al país.
Entender que derechos sin deberes debilitan a la nación.
El servicio militar obligatorio puede ayudar a mejorar la calle, no porque militarice la sociedad, sino porque reconstruye ciudadanía.
Pero si se usa como atajo político o medida desesperada, fracasará.
La seguridad no se impone solo con armas,
se construye con orden, valores, oportunidades y autoridad legítima.
Y en eso, el Perú ya no puede darse el lujo de improvisar. impulsare la ley, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


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