A Miguel Ángel, lo conozco desde que nacimos. No es una frase hecha, es una vida entera caminada en paralelo, con la confianza silenciosa de quienes no necesitan explicarse. Miguel Ángel fue bueno desde el inicio, y lo fue siempre. Bueno de verdad, bondadoso sin cálculo, generoso sin testigos, diligente sin alardes. Vivió con una preocupación constante por los demás y con una voluntad firme de amar, de querer y de resolver. Más de sesenta años haciendo obras ,no discursos, lo confirman.
Fue hombre de servicio antes que de palabras. Deportivo, solidario, presente. Cuando yo pensaba construir mi hogar, fue Miguel Ángel quien me vendió los fierros de la casa y los guardó durante años en su depósito, esperando el momento justo. Así era él, confiable, paciente, fraterno. Por eso hoy uno quisiera decirle. no te puedes ir antes, te necesitamos. Porque los hombres así no abundan, y cuando faltan, dejan un silencio grande.
Mi padre, Juan Aita, le admiraba profundamente, como admiraba a su padre Enrique. Familias unidas por el respeto, la palabra y la decencia. Y todo se hizo aún mejor cuando te casaste con Rocío, hija de su hermano Guillermo, con una esposa maravillosa, Hortensia ,que completó un círculo de afecto limpio y auténtico. Tu familia fue siempre extensión de la nuestra.
Miguel Ángel está en más de diez mil fotos invisibles. en cada esquina y rincón de Lambayeque, en el fulbito, en Prosinor, en Don Juan, en la historia compartida, en El Círculo, en los amigos que siempre fueron amigos, en la cervecería, en la Copa Perú, en el casino, en el Colegio Militar y en el local de ex-cadetes que tú solo impulsaste y construiste. Para ti, “gestionar” era coordinar, llamar, conseguir la mesa, la silla, hacer la cancha, activar el PRONAI y luego celebrar juntos. Hacer que las cosas pasen.
Fortalezas, la lealtad, la transparencia, la generosidad sin condiciones, la capacidad de unir, la vocación de servicio, el trabajo silencioso, la memoria viva de una región y de su gente.
Debilidad ,si es que así puede llamarse, ser bueno con todos. Confiar más de la cuenta. Dar incluso cuando no tocaba. Pero esa “debilidad” fue, en realidad, su grandeza.
Hermano querido, amigo del alma: hoy te despedimos mirando al cielo, con gratitud y con pena. Te vamos a extrañar miles. No te olvidaremos nunca. Queda lo máximo,el ejemplo del ser humano bueno, transparente y generoso. Y eso, Miguel Ángel, no se muere.
Un abrazo grande al cielo, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque


Quien ayuda en silencio, tiene un lugar en el cielo.
… Ud Sr Miguel tiene ganado el cielo.