Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Vergüenza acumulada, veinte años de causas ignoradas y efectos tolerados

Durante las últimas dos décadas, el Perú ha vivido atrapado en un un círculo vicioso donde los efectos ,crisis política, desconfianza institucional, corrupción sistemática, han eclipsado el análisis profundo de las causas. Las elecciones, lejos de ser un mecanismo de renovación democrática, han sido en muchos casos el reflejo de fallas estructurales no resueltas, partidos débiles, ausencia de meritocracia, financiamiento opaco y una cultura política permisiva frente a la informalidad y la impunidad.

El problema no comienza el día de la votación. Se gesta mucho antes, en la precariedad del sistema de partidos, en la falta de filtros éticos y técnicos para candidatos, y en la captura progresiva de instituciones por redes de interés. Estas redes, integradas por operadores políticos, burócratas enquistados y actores económicos oportunistas, han aprendido a moverse con habilidad en el aparato estatal, sobreviviendo a gobiernos de distinto signo ideológico. Son los llamados “funcionarios del mal”, no por una etiqueta simplista, sino por su persistencia en prácticas que debilitan el Estado desde dentro.

Las narrativas también han jugado un rol central. Durante años, el discurso político ha sido manipulado para polarizar, distraer o justificar incompetencias. Se construyen enemigos ficticios mientras los problemas reales , educación, salud, seguridad, permanecen sin solución estructural. A esto se suman los “digitadores” del sistema, operadores técnicos y administrativos que, en lugar de garantizar procesos transparentes, terminan siendo piezas importantes ,en la distorsión de resultados o en la generación de sospechas que erosionan la legitimidad electoral.

Pero sería un error limitar la responsabilidad a estos actores. La ciudadanía, en su conjunto, también ha sido parte ,por acción u omisión,de este deterioro. La tolerancia frente a la corrupción cotidiana, el voto emocional sin evaluación rigurosa y la falta de exigencia sostenida han permitido que este sistema se reproduzca elección tras elección.

Hoy, el Perú enfrenta una disyuntiva tremenda, seguir reaccionando a los efectos o intervenir decididamente sobre las causas. Lo primero perpetúa el desgaste; lo segundo exige reformas profundas y sostenidas.

Recomendaciones para reconstruir la confianza:

  • Reforma integral del sistema de partidos, exigiendo democracia interna real, transparencia financiera y formación política obligatoria.
  • Profesionalización del servicio civil, eliminando la captura política de cargos técnicos mediante concursos meritocráticos estrictos.
  • Transparencia total en procesos electorales, con auditorías internacionales permanentes y trazabilidad digital verificable.
  • Sanciones efectivas y rápidas, no solo administrativas sino penales, para funcionarios y operadores que vulneren la legalidad.
  • Educación cívica masiva, que forme ciudadanos críticos, informados y menos vulnerables a la manipulación.

El país no necesita más diagnósticos complacientes ni indignación pasajera. Necesita decisiones firmes. La sanción debe ser ejemplar, no simbólica. Solo así se romperá el ciclo perverso donde los mismos responsables cambian de rostro, pero no de prácticas.

La verdadera reforma no es electoral, es moral. Y cuando una sociedad decide enfrentar sus causas con valentía, ningún operador ni red enquistada puede sostenerse. El Perú no puede seguir administrando su vergüenza; debe corregirla con justicia y construir, de una vez por todas, confianza duradera.con vergüenza ajena, Rafael Aita Campodónico.

Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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