La próxima visita al Perú del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ocurre en un momento de alto simbolismo político y estratégico. Su llegada coincide con el bicentenario de relaciones diplomáticas entre ambos países y confirma que Lima mantiene relevancia dentro de la agenda hemisférica de Washington. Más allá del protocolo, la visita refleja una señal concreta de confianza política y de interés por consolidar una alianza que ha evolucionado desde una relación histórica de cooperación hacia una asociación cada vez más vinculada a seguridad, comercio e infraestructura crítica.
Durante dos siglos, el vínculo bilateral ha mostrado capacidad de adaptación frente a cambios regionales y globales. Estados Unidos acompañó al Perú en momentos sensibles de su historia republicana, participó en mecanismos de mediación diplomática y fortaleció la cooperación militar y antinarcóticos. En las últimas décadas, esa relación se consolidó mediante el Acuerdo de Promoción Comercial, que permitió ampliar exportaciones peruanas y atraer inversión extranjera bajo reglas previsibles. Según cifras oficiales, el intercambio comercial bilateral superó los 21 mil millones de dólares en 2025, confirmando a Estados Unidos como socio económico prioritario.
La visita de Rubio también debe leerse en clave geopolítica. América Latina ha vuelto al centro de atención de Washington debido a la competencia estratégica con China y Rusia, especialmente en sectores como puertos, telecomunicaciones, minería crítica y cadenas logísticas. En este contexto, el Perú ocupa una posición relevante por su estabilidad macroeconómica relativa, su ubicación en el Pacífico y proyectos de infraestructura de impacto regional. Esto explica el interés estadounidense en reforzar cooperación política y supervisar estándares de transparencia en activos considerados sensibles.
Sin embargo, la oportunidad convive con riesgos internos. El Perú llega al proceso electoral del 2026 con debilidad institucional, fragmentación política y una creciente percepción de inseguridad. Estas variables afectan la confianza de inversionistas y socios estratégicos. Para Washington, la previsibilidad institucional se ha convertido en condición esencial para profundizar cooperación económica y de defensa. No se trata únicamente de afinidad ideológica, sino de capacidad estatal para garantizar reglas claras y cumplimiento de compromisos.
Ante este escenario, el Perú debe actuar con pragmatismo. Primero, preservar la institucionalidad del acuerdo comercial y mantener estándares regulatorios que protejan competitividad y acceso a mercados. Segundo, blindar infraestructura crítica mediante gobernanza transparente, supervisión técnica y criterios de seguridad nacional. Tercero, fortalecer cooperación contra narcotráfico y crimen organizado, ámbitos donde el respaldo estadounidense sigue siendo decisivo.
La visita de Rubio representa una oportunidad diplomática para proyectar al Perú como socio confiable en un entorno internacional más exigente. Aprovechar este momento exige visión estratégica y coordinación entre Estado, sector privado y academia. El país no debe asumir una posición subordinada ni aislacionista, sino desarrollar una política exterior inteligente basada en autonomía responsable y diversificación económica.
En conclusión, el bicentenario bilateral y la llegada del secretario de Estado configuran una coyuntura excepcional. El verdadero desafío no es celebrar la historia, sino traducir esta relación en ventajas concretas para crecimiento, seguridad y modernización institucional. Si el Perú fortalece sus capacidades internas, protege sus activos estratégicos y ofrece estabilidad, podrá convertir esta visita en el inicio de una nueva etapa de asociación madura y beneficiosa, con impacto positivo en empleo, innovación, productividad nacional y competitividad exportadora sostenible.
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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