Columnas Jorge Céliz

La captura del estado: crimen, poder y soberanía en disputa

América Latina ingresa hoy a una transformación silenciosa pero decisiva: la progresiva disolución de la frontera entre Estado y crimen organizado. Lo que antes se interpretaba como corrupción o infiltración ha evolucionado hacia esquemas más sofisticados de captura estatal. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estima que los mercados ilícitos en la región movilizan más de 300 mil millones de dólares anuales, consolidando a América Latina como un nodo crítico en las economías criminales qglobales. En este contexto, el Estado deja de ser un árbitro imperfecto para convertirse, en ciertos casos, en un actor funcional a dichas dinámicas.

El fenómeno responde a una convergencia de factores estructurales. La erosión de los sistemas de partidos y la pérdida de legitimidad de las élites han facilitado el ascenso de liderazgos sostenidos por financiamiento opaco. Casos como el de Nicolás Maduro evidencian cómo sectores estatales pueden ser señalados por su vinculación con economías ilícitas, particularmente en el ámbito del narcotráfico. En paralelo, organizaciones como el Cártel de Sinaloa han alcanzado niveles de sofisticación que les permiten ejercer control territorial, influir en estructuras políticas y operar como actores cuasi estatales. Se estima que en varios países de la región la impunidad en delitos complejos supera el 90%, reflejando la fragilidad de los sistemas judiciales.

El impacto en el Perú, aunque menos visible en términos de captura total del Estado, es crecientemente preocupante. El país se ha consolidado como el segundo productor mundial de cocaína, con economías ilegales que penetran territorios como el VRAEM y corredores logísticos hacia puertos estratégicos. Redes vinculadas al narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando han incrementado su capacidad de influencia sobre autoridades locales, sistemas de contratación pública y economías regionales. La expansión de la minería ilegal en la Amazonía peruana, por ejemplo, no solo genera pérdidas fiscales millonarias, sino que también financia estructuras criminales que operan con creciente impunidad. A ello se suma el uso incipiente de mecanismos financieros sofisticados para el lavado de activos, lo que comienza a contaminar sectores formales de la economía.

Las implicancias son profundas. La violencia en el Perú, aunque aún contenida en comparación regional, muestra tendencias al alza en zonas específicas vinculadas a economías ilícitas. La erosión institucional se traduce en desconfianza ciudadana, debilitamiento del Estado de derecho y riesgo de captura progresiva en niveles subnacionales. A nivel regional, la consolidación de estos modelos híbridos incrementa los flujos migratorios, fortalece redes transnacionales y convierte a América Latina en un foco de riesgo para el sistema financiero global.

Frente a este escenario, las respuestas deben ser estratégicas y no meramente reactivas. La prioridad radica en la desarticulación financiera del crimen organizado, mediante sistemas de inteligencia financiera interoperables y una trazabilidad efectiva de capitales ilícitos. Blindar el financiamiento de la política es igualmente crítico para evitar la captura del sistema desde su origen. En el caso peruano, resulta indispensable fortalecer la presencia estatal en territorios críticos, profesionalizar los sistemas de justicia y establecer controles más rigurosos sobre sectores vulnerables como la minería y la infraestructura pública.

La región enfrenta una disyuntiva estructural: permitir la consolidación de Estados funcionales al crimen o reconstruir sus instituciones desde la base. Para el Perú, el desafío es preventivo pero urgente. La ventana de contención aún existe, pero se estrecha rápidamente. Asfixiar las finanzas ilícitas, recuperar la legitimidad institucional y reforzar la gobernanza territorial son condiciones indispensables para evitar que la soberanía derive en un instrumento de encubrimiento y no de protección ciudadana.

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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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