César Novoa Columnas

El legado positivo del fujimorismo

«La década que estabilizó la economía, enfrentó al terrorismo y reordenó las bases del Perú contemporáneo»

Nota de rigor editorial: este texto desarrolla una lectura positiva del legado fujimorista desde la estabilidad económica, la seguridad, la inversión privada y ciertas reformas institucionales. Reconocer esos aportes no implica negar las controversias democráticas, judiciales y de derechos humanos asociadas al periodo 1990-2000. La historia seria exige balance: identificar aquello que ayudó al Perú y, al mismo tiempo, preservar una ética republicana basada en verdad, legalidad y memoria.

«Una nación madura no niega sus logros ni oculta sus heridas: aprende de ambos para construir futuro.»
I. El punto de partida: un país al borde de la inviabilidad
Para comprender el legado positivo del fujimorismo no basta mirar el resultado final; hay que mirar el punto de partida. El Perú de 1990 no era simplemente un país con problemas. Era una economía devastada por la hiperinflación, una sociedad herida por el terrorismo, un Estado debilitado por el desorden fiscal, una institucionalidad desbordada y una ciudadanía atrapada entre el miedo, la escasez y la incertidumbre. La vida diaria se había convertido en una batalla contra precios que cambiaban sin control, apagones, coches bomba, mercados desabastecidos, salarios pulverizados y una sensación colectiva de fracaso nacional.


La memoria económica del Banco Central de Reserva del Perú registra que la inflación anual de 1990 alcanzó 7,650 %. Esa cifra no es un dato estadístico cualquiera: es la expresión de una catástrofe social. Cuando una moneda pierde valor a ese ritmo, el salario deja de ser protección, el ahorro se convierte en polvo y la planificación de las familias, las empresas y el Estado se vuelve casi imposible. En ese contexto, estabilizar no era una opción técnica; era una urgencia nacional.


El primer mérito histórico del fujimorismo fue haber entendido que un país sin estabilidad no puede construir futuro. Antes de discutir modelos ideológicos, el Perú necesitaba recuperar el valor del dinero, restaurar la confianza mínima en las reglas económicas y demostrar que el Estado todavía podía tomar decisiones difíciles para evitar la descomposición total.


II. Estabilidad macroeconómica: el legado silencioso que sostuvo al Perú moderno
El mayor aporte económico del fujimorismo fue la estabilización macroeconómica. La reducción de la hiperinflación no solo ordenó cifras; cambió la vida material del país. Permitió que las empresas volvieran a calcular costos, que las familias volvieran a proyectar gastos, que los contratos recuperaran sentido y que la inversión empezara a mirar nuevamente al Perú como un territorio posible.


En 1997, la inflación descendió a 6.5 %, la menor en 25 años según el BCRP. Esa transición desde la hiperinflación hacia una inflación de un dígito fue uno de los giros económicos más importantes de la historia republicana reciente. Significó pasar de la desesperación monetaria a una economía con reglas, disciplina y horizonte. No fue un proceso indoloro ni perfecto, pero sí fue decisivo.


La estabilidad monetaria es una forma de justicia social. La inflación castiga con mayor severidad a los más pobres, porque ellos no tienen instrumentos financieros sofisticados para protegerse. Por eso, reducir la inflación fue también proteger el ingreso popular. Allí hay una paradoja que muchas veces se omite: una política macroeconómica seria, aunque parezca fría o tecnocrática, puede ser profundamente humana cuando defiende el poder adquisitivo de quienes menos tienen.


III. La autonomía del Banco Central: una muralla frente al populismo monetario
Otro legado de enorme importancia fue la consagración constitucional de la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú. La Constitución de 1993 estableció que el BCRP es autónomo y tiene como finalidad preservar la estabilidad monetaria. Esta decisión institucional fue una barrera frente a una de las tentaciones más destructivas de la política latinoamericana: financiar el desorden fiscal con emisión monetaria.


La autonomía del banco central no es un detalle jurídico. Es una defensa del ciudadano frente al abuso del poder político sobre la moneda. Cuando la política captura la emisión, la inflación se convierte en impuesto encubierto. Cuando la autoridad monetaria actúa con independencia, el país gana credibilidad, reduce incertidumbre y crea condiciones para inversión de largo plazo.


En perspectiva histórica, esta fue una de las reformas que más ayudó a sostener la estabilidad posterior del Perú, incluso después del fin del gobierno de Fujimori. Los gobiernos pasan; las instituciones bien diseñadas quedan. En este caso, una arquitectura monetaria más sólida permitió que el país resistiera ciclos políticos complejos sin volver a la hiperinflación.


IV. La recuperación de la seguridad: del miedo cotidiano a la posibilidad de vivir
El fujimorismo también debe ser evaluado por su papel en la derrota estratégica del terrorismo. La captura de Abimael Guzmán el 12 de septiembre de 1992, ejecutada por el GEIN de la Policía Nacional, fue un hito que cambió la psicología del país. El mérito operativo corresponde a la inteligencia policial; el contexto político corresponde al gobierno de entonces. Negar cualquiera de esas dimensiones empobrece la verdad histórica.


La Comisión de la Verdad y Reconciliación señaló que la causa inmediata y fundamental del desencadenamiento del conflicto armado interno fue la decisión de Sendero Luminoso de iniciar la lucha armada. Ese dato es esencial para ordenar el debate. El Perú enfrentó una organización terrorista que quiso destruir la democracia mediante violencia sistemática. Recuperar seguridad no fue una demanda ideológica; fue una condición de supervivencia nacional.


La derrota del terrorismo permitió que el país recuperara movilidad, actividad económica, confianza urbana, inversión regional y vida comunitaria. Allí hay un logro que no debe minimizarse: la paz relativa abrió espacio para que millones de peruanos volvieran a estudiar, trabajar, viajar, emprender y vivir sin la amenaza permanente de la violencia política.


V. Inversión privada y apertura: el giro que reconectó al Perú con el mundo
El Decreto Legislativo N.° 757, Ley Marco para el Crecimiento de la Inversión Privada, garantizó la libre iniciativa y las inversiones privadas en todos los sectores de la actividad económica. Esa norma reflejó un cambio profundo: el Perú dejó de mirar la empresa privada como sospecha automática y empezó a reconocerla como motor de inversión, empleo, tecnología y productividad.


El Ministerio de Economía y Finanzas sostiene que las bases del proceso de promoción de la inversión privada se encuentran en el Decreto Legislativo N.° 757 y en la Constitución de 1993, y que dicho proceso se canalizó mediante privatizaciones y concesiones de servicios antes brindados por el Estado. La discusión sobre costos, errores o excesos de ese proceso es legítima. Pero negar su impacto modernizador sería una lectura incompleta.


La apertura económica reinsertó al Perú en mercados, flujos financieros y dinámicas de inversión que durante años habían estado bloqueados por desconfianza, aislamiento y deterioro macroeconómico. La inversión privada no resolvió todos los problemas estructurales, pero generó una base de crecimiento que luego sostendría avances importantes en infraestructura, consumo, servicios, comercio y expansión empresarial.


VI. Telecomunicaciones, competencia y defensa del consumidor: instituciones para una economía moderna
Un legado menos emocional, pero decisivo, fue la creación de instituciones vinculadas a mercados modernos. INDECOPI, creado en 1992, se convirtió en una pieza clave para la defensa de la competencia, la protección del consumidor, la propiedad intelectual y la eliminación de prácticas que distorsionan el mercado. En una economía abierta, no basta promover inversión: también hay que construir reglas, árbitros y canales de defensa ciudadana.


La modernización de las telecomunicaciones fue otro punto de inflexión. Durante décadas, acceder a una línea telefónica podía ser un privilegio. La apertura del sector, acompañada de regulación especializada, ayudó a transformar un servicio limitado en una plataforma de conectividad creciente. Ese proceso sería luego condición necesaria para la expansión digital, la banca moderna, los negocios de servicios, el comercio y la comunicación masiva.


La lección de fondo es clara: la economía de mercado requiere instituciones. No hay verdadero desarrollo si la apertura queda en manos del abuso, la informalidad o la ausencia de regulación. El fujimorismo, con sus contradicciones, impulsó también componentes institucionales que siguen operando como parte del ecosistema económico peruano.


VII. Formalización de propiedad y presencia social del Estado
La formalización de la propiedad mediante COFOPRI fue uno de los aportes sociales más relevantes del periodo. En un país con alta informalidad urbana, entregar títulos no era un simple acto administrativo. Era convertir posesión precaria en seguridad jurídica. Era permitir que una familia tuviera mayor certeza sobre su vivienda, pudiera heredar, mejorar, invertir y, eventualmente, acceder a mecanismos de financiamiento.
La propiedad formal no elimina automáticamente la pobreza, pero crea una base institucional para combatirla. Cuando una familia sabe que el espacio donde vive tiene reconocimiento legal, cambia su relación con el futuro. El título puede convertirse en identidad económica, patrimonio, protección y plataforma de movilidad social. Ese efecto psicológico e institucional es profundamente poderoso.
Programas como FONCODES también expresaron una forma de presencia estatal en zonas pobres y rurales mediante proyectos de infraestructura económica y social. Se puede discutir su eficiencia, su uso político o sus limitaciones, pero no puede negarse que permitió llevar obras, recursos y atención a territorios históricamente abandonados. En la década de los noventa, el Estado empezó a llegar a lugares donde antes solo llegaba de manera débil, fragmentada o tardía.
VIII. El legado mental: demostrar que el Perú sí podía cambiar
Más allá de las cifras, el legado positivo del fujimorismo tuvo una dimensión psicológica: instaló la idea de que el Perú podía salir del desastre. Eso no es menor. Los países también se quiebran por dentro cuando pierden fe en su propia viabilidad. A inicios de los noventa, muchos peruanos sentían que la nación estaba condenada al fracaso económico, al terror, al desorden y a la improvisación permanente.
El fujimorismo rompió esa narrativa. Mostró, con decisiones duras y resultados visibles, que la inflación podía ser derrotada, que el terrorismo podía ser debilitado, que la inversión podía volver, que el Estado podía recuperar autoridad y que la economía podía reinsertarse en el mundo. Esa recuperación de confianza fue una forma de capital intangible, pero determinante.
Por eso, el debate histórico no debe reducirse a una batalla de consignas. Hay sectores que pretenden convertir todo reconocimiento en complicidad; otros pretenden convertir todo cuestionamiento en traición. Ambas posiciones son intelectualmente pobres. La historia madura exige distinguir entre logros, errores, responsabilidades y aprendizajes.
IX. Lo que debe preservarse y lo que jamás debe repetirse
El legado positivo que debe preservarse es claro: estabilidad monetaria, responsabilidad macroeconómica, autonomía del BCRP, inversión privada, lucha firme contra el terrorismo, modernización de servicios, formalización de propiedad, instituciones de competencia y una visión de Estado capaz de actuar frente al colapso. Esos elementos no pertenecen a una familia política; pertenecen al aprendizaje nacional.
Pero también debe quedar claro lo que jamás debe repetirse: debilitamiento institucional, concentración excesiva del poder, desprecio por controles democráticos, corrupción, manipulación política de instituciones y cualquier violación de derechos fundamentales. La eficacia sin ética puede resolver un problema y crear otros más profundos. La autoridad democrática solo es legítima cuando está subordinada a la ley.
La gran tarea del Perú no es vivir atrapado en el fujimorismo o el antifujimorismo. La tarea es convertir la experiencia histórica en doctrina republicana: tomar la estabilidad, la seguridad y la inversión como bienes públicos permanentes, y al mismo tiempo fortalecer democracia, transparencia, justicia y respeto irrestricto por la dignidad humana.
X. Cierre: una lectura adulta del Perú contemporáneo
El legado positivo del fujimorismo fue haber contribuido a rescatar al Perú de la inviabilidad. No creó un país perfecto, pero ayudó a cerrar una etapa de hiperinflación, terror y desorden extremo. Reordenó la economía, fortaleció la disciplina monetaria, abrió espacios a la inversión, acompañó una etapa decisiva de pacificación, impulsó instituciones económicas modernas y llevó programas sociales y formalización a sectores históricamente excluidos.
Reconocer esto no significa renunciar a la memoria crítica. Al contrario: significa honrar la verdad completa. Una nación seria no puede construirse sobre odios selectivos ni sobre idolatrías políticas. Debe mirar su historia con coraje, separar evidencia de propaganda, diferenciar logros de abusos y convertir cada experiencia en aprendizaje superior.
El Perú del futuro necesita menos caricatura y más inteligencia histórica. Necesita entender que la estabilidad no es de derecha ni de izquierda; que la seguridad no es autoritarismo cuando se ejerce dentro de la ley; que la inversión no es privilegio cuando genera productividad y empleo; que la formalización no es discurso cuando transforma vidas; y que la democracia no puede debilitarse en nombre de la eficiencia.
Ese es el verdadero desafío: construir un país que conserve lo mejor de aquella década – orden macroeconómico, autoridad frente al terror, apertura productiva y sentido de decisión – pero que lo eleve a una etapa superior, con instituciones más limpias, justicia más fuerte, inclusión más profunda y una ética pública que no admita atajos.
El fujimorismo positivo, leído con grandeza, no debe ser usado como nostalgia ni como arma de confrontación. Debe ser comprendido como una etapa que dejó lecciones estructurales para el Perú: sin estabilidad no hay desarrollo; sin seguridad no hay libertad; sin inversión no hay empleo; sin instituciones no hay futuro; y sin verdad histórica no hay reconciliación posible.

Por MBA. Eco. César A. Novoa Ch., CEO NOZA INVESTMENT COMPANY
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Fuentes verificables consultadas

  1. Banco Central de Reserva del Perú. Memoria 1990. Inflación anual de 1990 y contexto macroeconómico. https://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Memoria/Memoria-BCRP-1990.pdf
  2. Banco Central de Reserva del Perú. Memoria 1997. Inflación de 1997 y estabilización. https://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Memoria/1997/Memoria-BCRP-1997-1.pdf
  3. Banco Central de Reserva del Perú. Marco constitucional del BCRP y finalidad de estabilidad monetaria. https://www.bcrp.gob.pe/transparencia/datos-generales/marco-legal/capitulo-v-de-la-constitucion.html
  4. Ministerio de Economía y Finanzas. Acerca de la inversión privada en el Perú. https://www.mef.gob.pe/es/inversion-privada-sp-21801/3966-acerca-de-la-inversion-privada
  5. Gobierno del Perú. Decreto Legislativo N.° 757: Ley Marco para el Crecimiento de la Inversión Privada. https://www.gob.pe/institucion/congreso-de-la-republica/normas-legales/2137538-757
  6. Comisión de la Verdad y Reconciliación. Conclusiones generales del Informe Final. https://www.cverdad.org.pe/ifinal/conclusiones.php
  7. Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social. Captura del Siglo. https://lum.cultura.pe/cdi/palabra-clave/captura-del-siglo
  8. INDECOPI. Decreto Ley N.° 25868: Ley de Organización y Funciones del INDECOPI. https://www.gob.pe/institucion/indecopi/normas-legales/5296223-25868
  9. COFOPRI. Portal institucional del Organismo de Formalización de la Propiedad Informal. https://www.gob.pe/organismo-de-formalizacion-de-la-propiedad-informal
  10. FONCODES. Portal institucional del Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social. https://www.gob.pe/foncodes
  11. Reuters. Peru’s Alberto Fujimori, divisive head of political dynasty, dies age 86. https://www.reuters.com/world/americas/peru-ex-president-fujimori-dies-86-2024-09-11/
  12. Reuters. As Peru buries Fujimori, a complex tussle over his legacy. https://www.reuters.com/world/americas/peru-buries-fujimori-complex-tussle-over-his-legacy-2024-09-14/
    Nota: las fuentes se incluyen para sustentar los datos históricos y económicos citados. La valoración editorial, interpretación y enfoque argumental pertenecen al autor.

César Augusto Novoa Chávez
CEO de Noza Investment Company SAC Perú, con 25 años de experiencia en servicios financieros, retail y consultoría. Con trayectoria como Gerente de Negocios en Derrama Magisterial, Gerente de Créditos en Banco Azteca y Jefe de Créditos en Banco del Trabajo y Caja Piura. Docente de posgrado, columnista y experto en transformación digital y gestión de riesgos. Economista con MBA (ESAN), especializado en Finanzas, Riesgos (ESAN, Tec de Monterrey) e Innovación (ESADE).

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