Columnas Jorge Céliz

El fraude del endoso político

Por: Jorge Céliz Kuong

24 de mayo de 2026

La segunda vuelta peruana ha dejado de ser un debate de proyectos nacionales para convertirse en un ejercicio de miedo, cálculo y supervivencia política. Cada elección repite el mismo libreto: candidatos derrotados en primera vuelta que intentan transferir votos hacia alguno de los finalistas o, en el extremo opuesto, llaman a viciar el voto como supuesto acto de dignidad democrática. Sin embargo, detrás de ambas posiciones aparece una interrogante central: ¿existe realmente preocupación por el futuro del país o solo estrategias para preservar cuotas de poder e imagen personal?

El problema nace en un sistema político degradado. En el Perú, gran parte de los partidos funcionan como estructuras temporales sin ideología consistente, sin militancia sólida y sin disciplina interna. Son plataformas electorales construidas alrededor de liderazgos circunstanciales. En consecuencia, la idea de que un candidato derrotado puede “entregar” votos a otro postulante responde más a una ilusión política que a una realidad sociológica.

El elector peruano actual es profundamente desconfiado. No vota obedeciendo consignas partidarias. Decide desde el rechazo, el miedo o el hastío. El antivoto pesa más que la adhesión programática. Por eso, cuando un excandidato anuncia su respaldo a determinado finalista, el impacto real suele ser limitado. La mayoría de ciudadanos toma su decisión en las últimas semanas o incluso en los últimos días, guiándose por percepciones individuales y no por órdenes políticas.

Sin embargo, aunque el efecto electoral sea reducido, el impacto institucional sí resulta relevante. Cuando los respaldos políticos nacen de negociaciones opacas, reparto de ministerios o protección futura de intereses particulares, el mensaje hacia la ciudadanía es devastador. Se consolida la percepción de que la política peruana no gira alrededor de ideas ni reformas, sino de conveniencias personales. Ese deterioro de confianza profundiza la crisis de representación y alimenta el desprecio ciudadano hacia toda la clase dirigente.

En ese escenario emerge también la postura de promover el voto viciado o en blanco. Sus defensores sostienen que constituye un acto legítimo de rechazo frente a dos opciones consideradas negativas para el país. Argumentan que negarse a elegir el “mal menor” representa una forma de protesta ética contra un sistema político colapsado. En términos estrictamente democráticos, el voto viciado es un derecho y expresa descontento ciudadano.

Pero la realidad política es más compleja. En contextos de polarización extrema, llamar a viciar el voto puede convertirse en una forma cómoda de neutralidad moral. Permite conservar pureza discursiva sin asumir las consecuencias concretas del resultado electoral. El problema no es el derecho a protestar, sino la ausencia de responsabilidad frente al desenlace nacional. Porque mientras algunos reivindican principios abstractos, el poder real termina siendo decidido por otros sectores del electorado.

Allí surge la cuestión esencial: ¿estas posiciones reflejan amor genuino por el país? En algunos casos sí, cuando el respaldo o el rechazo se sustentan en principios democráticos claros, defensa institucional y preocupación auténtica por evitar mayores daños nacionales. Pero en muchos otros casos, tanto el endoso político como el llamado al voto viciado responden más a cálculos de posicionamiento futuro, preservación de capital político o simple evasión de costos.

*El Perú enfrenta una crisis de credibilidad antes que una simple crisis electoral. La reconstrucción democrática exige partidos reales, transparencia en alianzas, reformas electorales profundas y líderes capaces de asumir costos políticos pensando en el largo plazo. Mientras eso no ocurra, cada segunda vuelta seguirá atrapada entre apoyos oportunistas y neutralidades estériles. Y el país continuará avanzando sin dirección clara, gobernado más por el miedo y el rechazo que por un verdadero proyecto nacional compartido.*

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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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