Debo confesar que siempre me ha admirado por no decir sorprendido, la actitud oficial del gobierno mexicano respecto de la memoria de Hernán Cortés, calificado como el gran villano de su historia, seguido muy de cerca por su traductora y concubina Malintzin, Malinche o doña Marina para los conquistadores. A lo que debo agregar la absurda petición de que España en la persona de su su actual Rey Felipe VI, pida humilde perdón por el fenómeno de la conquista ocurrido hace más de 500 años. Esa actitud me recuerda al pecado original del cristianismo que solo se borra con el sacramento del bautismo, como si una nación fuera responsable de lo ocurrido cinco siglos antes.
A esta absurda petición debo agregar que el reclamo diplomático se formuló en la lengua castellana o español de nuestros días, cuando por elemental consecuencia, debió haberse planteado en idioma nahuatl, del que por cierto la actual presidenta Claudia Sheimbaum Pardo, mexicana de primera generación de origen judío, no tiene ni la menor idea. Este absurdo se agrava cuando el primer jefe de Estado mexicano que lo presentó fue Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como AMLO, nieto de un inmigrante español que llegó a ese país hace alrededor de un siglo, aunque según declaración propia por sus venas también corre sangre india y negra. Si lo dice habrá que creerle, pero lo cierto es que AMLO tampoco conoce el nahuatl y su fisonomía revela a una persona de origen predominantemente español.
Así las cosas, debemos referirnos al fenómeno de la conquista producido entre abril de 1519 y agosto de 1521, concluída con el asalto final a la ciudad de Tenochtitlan, capital del entonces Imperio Azteca, que solo comprendía un territorio de alrededor de 300,000 km2 en la meseta central de México desde el Atlántico (Mar Caribe) hasta el Pacífico. En realidad la disparidad entre las fuerzas invasoras españolas y la resistencia azteca fue enorme. Hernán Cortés desembarcó en lo que ahora es el puerto de Veracruz en el golfo de México, con cerca de 500 soldados, 16 caballos así como algunos arcabuces y culebrinas, las primitivas armas de fuego de aquel entonces. Es cierto que luego de su desembarco Hernán Cortés logró sumar quizás algo más de mil conquistadores españoles, que en un principio vinieron para conducirlo preso a Cuba pero que luego cambiaron de bando y se unieron a su empresa conquistadora
Entonces, ¿cuál fue el secreto de la conquista de México? Sin duda no fue por arte de magia. La verdadera razón fue el apoyo local de pueblos sometidos al Imperio Azteca que odiaban ese yugo que los sometía a pagar tributos en forma de seres humanos, para ser sacrificados a los dioses aztecas mediante la extracción de su corazón. Sin el apoyo del pueblo de Tlaxcala y de la traductora amante de Cortés, doña Malinche, Malintzin o Mariana, la conquista del Imperio Azteca hubiera sido imposible. Creo que se puede afirmar que la conquista en realidad fue una guerra civil entre algunos pobladores nativos, luego sometidos voluntariamente a los conquistadores españoles y que por ese apoyo sin duda recibieron privilegios especiales.
Hay un aspecto adicional que debemos tener en cuenta y que doña Isabel Díaz Ayuso lo resaltó en su reciente visita a México: el mestizaje del pueblo autóctono mexicano con los conquistadores españoles y con las migraciones subsiguientes a partir de su independencia en 1821. México parte del Imperio Azteca pero lo trasciende al mismo tiempo, igual que el Perú respecto de los Incas. El virreynato de México o Nueva España, que ese era su nombre oficial, llegó y conquistó muchos territorios adicionales, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Colorado y Texas, pero esos territorios se perdieron ante la expansión de los Estados Unidos, oficializada mediante el Tratado Guadalipe Hidalgo de 1848. Ese tratado reflejó una injusticia y una debilidad, pero España no es responsable de esa pérdida territorial. México es una gran país así como una gran nación, pero lo será aún más si deja atrás el gratuito lamento de su conquista y asume su propia identidad con sus virtudes y limitaciones.
Martín Belaunde Moreyra.
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.


0 comments on “México y Hernán Cortés”