Hablar de Miguel Portanova Claro es hablar de una época en la que la narración deportiva no solo describía jugadas, sino que construía emociones, identidad y pertenencia. Su vida es el reflejo de una vocación profunda por el deporte, pero sobre todo por la comunicación honesta, apasionada y cercana a la gente.
Nacido con una sensibilidad especial para contar historias, Portanova entendió desde muy joven que el deporte no se limita al resultado, sino que es un escenario humano donde conviven esfuerzo, disciplina y sueños. Su carrera no fue producto del azar, sino de una formación constante, de la observación detallada y de una ética profesional que lo llevó a ganarse el respeto de colegas, deportistas y audiencias.
Su estilo fue inconfundible: sobrio pero emotivo, preciso pero vibrante. No necesitaba exagerar para emocionar, porque su credibilidad era su mayor fortaleza. En cada transmisión, lograba que el oyente o espectador no solo “vea” el partido, sino que lo sienta. Esa es la diferencia entre un narrador y un relator eterno: el primero informa, el segundo trasciende.
Portanova también representa una generación de comunicadores que entendieron el deporte como una herramienta de cohesión social. En un país como el Perú, donde las dificultades han sido constantes, su voz fue muchas veces un punto de encuentro, una pausa de esperanza y una celebración compartida. Supo elevar a nuestros deportistas, dándoles el lugar que merecen en la historia nacional.
Su legado no solo está en sus relatos, sino en el ejemplo que deja, disciplina, respeto por la verdad y amor genuino por lo que se hace. En tiempos donde la inmediatez y el espectáculo muchas veces distorsionan el contenido, su trayectoria nos recuerda que la credibilidad se construye con años de coherencia.
Miguel Portanova Claro no es solo un nombre en el periodismo deportivo; es una escuela, una referencia y una memoria viva. Su voz no se apaga, porque sigue resonando en cada historia bien contada, en cada joven periodista que entiende que narrar también es un acto de responsabilidad.
El verdadero legado de un relator no está en cuántos partidos narró, sino en cuántos corazones logró unir. Portanova nos enseñó que el deporte, bien contado, puede ser un puente entre generaciones y una lección permanente de vida. Un abrazo al cielo hermano querido y un recuerdo grande para su digna familia, con respeto, tu amigo Rafael Aita Campodónico, 50 años de dirigente deportivo.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


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