El reciente debate presidencial ha dejado una señal clara para el país, no solo se confrontan candidatos, se confrontan estilos de hacer política y, sobre todo, visiones sobre cómo gobernar. Por un lado, una presentación marcada por el respeto, la sobriedad y la exposición de propuestas concretas; por otro, intervenciones cargadas de ataques, insinuaciones y una preocupante ausencia de planteamientos estructurados. Esta diferencia no es menor, refleja el dilema profundo que enfrenta el Perú entre la política responsable y la improvisación confrontacional.
Cuando una candidata como Keiko Fujimori opta por una línea discursiva basada en propuestas, evidencia comprensión del momento crítico que vive el país. La ciudadanía exige hoy más que nunca claridad en temas como seguridad ciudadana, reactivación económica, salud pública y reforma del Estado. La sobriedad no es debilidad; es señal de preparación, autocontrol y respeto por el elector. En contextos de alta polarización, esta actitud contribuye a reconstruir la confianza, un activo hoy profundamente erosionado.
En contraste, un desempeño centrado en “puyas” o ataques personales, como el observado en el candidato Sánchez, no solo empobrece el debate, sino que incrementa la desconfianza ciudadana. La política sin propuestas concretas se convierte en ruido. Y el ruido, en democracia, es peligroso, confunde, divide y debilita la toma de decisiones informadas. El Perú no necesita más confrontación estéril; necesita soluciones viables y responsables.
Este escenario revela una necesidad urgente, fortalecer una cultura de políticas públicas responsables. Esto implica, en primer lugar, que los candidatos presenten planes técnicamente sustentados, con metas medibles y financiamiento claro. En segundo lugar, que el debate político eleve su nivel, priorizando el contenido sobre el conflicto. Y en tercer lugar, que la ciudadanía desarrolle una mirada crítica, capaz de distinguir entre el discurso vacío y la propuesta seria.
Las políticas públicas no pueden construirse desde la improvisación ni desde la emotividad coyuntural. Requieren diagnóstico, planificación, ejecución eficiente y evaluación constante. Países que han logrado estabilidad y crecimiento sostenido han apostado precisamente por esa ruta, institucionalidad fuerte, respeto por las reglas y liderazgo responsable.
Conclusiones y recomendaciones
El debate ha evidenciado que el Perú se encuentra en una encrucijada política y moral. No se trata solo de elegir entre candidatos, sino entre formas de entender el poder. Apostar por el respeto, la propuesta y la responsabilidad no es una opción estética, es una necesidad nacional.
Se recomienda, en primer lugar, que los espacios de debate sean más exigentes en contenido programático, obligando a los candidatos a detallar sus propuestas. En segundo lugar, que los partidos políticos fortalezcan sus equipos técnicos, garantizando coherencia entre discurso y viabilidad. Finalmente, que la ciudadanía asuma un rol activo, informándose, comparando y exigiendo calidad en la política.
El Perú necesita recuperar la confianza y restablecer el orden institucional. Y ello solo será posible si se prioriza la política seria, con visión de país y compromiso con el bien común. Porque al final, gobernar no es confrontar,es construir futuro., y Keiko ha ganado el debate con claridad y con la fortaleza de un plan de gobierno coherente y racional,con agrado, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


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