En toda democracia auténtica, el voto no es solo un acto individual, sino un mandato colectivo que expresa la soberanía del pueblo. En el Perú, país de profundas brechas históricas y reiteradas crisis institucionales, cuidar y vigilar cada voto no es una opción, es una obligación constitucional, moral y patriótica. La voluntad popular no puede ni debe ser vulnerada por intereses subalternos, prácticas irregulares o debilidades del sistema electoral.
La experiencia nacional ha demostrado que los procesos electorales requieren no solo organismos autónomos sólidos, sino también una ciudadanía vigilante, organizada y comprometida. En ese contexto, la participación activa de miles de peruanos , hoy organizados como un verdadero “ejército de amigos”, representa una fuerza cívica que fortalece la transparencia. Su incorporación a espacios políticos como Fuerza Popular no solo es legítima, sino también una expresión del derecho constitucional de participación y fiscalización.
Sin embargo, esta tarea exige responsabilidad, formación y conducta intachable. Vigilar el voto no significa confrontar, sino garantizar que cada acta refleje fielmente la decisión de los ciudadanos. Implica capacitarse, respetar la ley, actuar con serenidad y documentar cualquier irregularidad con rigor. La defensa del voto no es un acto de sospecha permanente, sino de confianza activa respaldada por vigilancia.
El Perú necesita un contingente mayor de ciudadanos comprometidos con este propósito. Jóvenes, profesionales, trabajadores, emprendedores: todos están llamados a asumir este rol histórico. Porque cuando el ciudadano se involucra, el sistema se fortalece; y cuando el sistema se fortalece, la democracia se legitima. No hay mejor antídoto contra el fraude o la desconfianza que una ciudadanía presente, informada y decidida.
Hoy más que nunca, el país enfrenta el desafío de reconstruir la confianza en sus instituciones. Y esa reconstrucción empieza en las urnas. Cada mesa vigilada, cada voto contado correctamente, cada acta revisada con transparencia, es un paso hacia un Perú más justo, más estable y más democrático.
Esta es, sin duda, una gran oportunidad para demostrar nuestro amor por la patria. No con discursos, sino con acciones. No con indiferencia, sino con empeño, Defender el voto es defender el futuro. Y en esa tarea, cada peruano cuenta.
Porque cuando el pueblo cuida su voto, la democracia deja de ser una promesa y se convierte en una realidad.con responsabilidad democrática, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


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