La filtración de las presuntas catorce cláusulas del Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán ha cambiado por completo la percepción del acuerdo que ambas partes negocian. Lo que parecía ser un avance diplomático para reducir las tensiones en el Golfo ahora genera dudas sobre quién obtiene realmente los mayores beneficios. Según la información difundida, el pacto incluiría la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes, alivio de sanciones económicas y programas de reconstrucción, mientras temas clave como los misiles balísticos y el apoyo de Irán a grupos armados quedarían fuera de la negociación.
El contexto ayuda a entender por qué ambas partes buscan un acuerdo. Después de meses de tensión y enfrentamientos, existe una fuerte presión internacional para evitar una nueva crisis regional. La estabilidad del Golfo es importante para el comercio mundial y para los mercados energéticos. La sola posibilidad de un entendimiento entre Washington y Teherán ha contribuido a reducir la incertidumbre económica. Sin embargo, cuando la prioridad es alcanzar un acuerdo rápido, existe el riesgo de aceptar concesiones que pueden generar problemas más adelante.
El punto más controvertido del borrador es la exclusión de los programas de misiles y de las alianzas regionales de Irán. Si estos temas quedan fuera de cualquier supervisión o compromiso futuro, el acuerdo estaría dejando intactos los principales instrumentos de influencia militar y política de Teherán en la región. En otras palabras, se estaría abordando una parte del problema, pero no las causas que han alimentado la desconfianza durante años.
Las consecuencias de esta decisión podrían sentirse en toda la región. Israel y varios aliados árabes de Estados Unidos consideran que cualquier alivio económico para Irán debería estar acompañado de controles claros sobre sus capacidades militares. De lo contrario, temen que los nuevos recursos económicos permitan fortalecer estructuras que ya representan una preocupación para la seguridad regional. Al mismo tiempo, dentro de Estados Unidos surgirán cuestionamientos sobre la conveniencia de otorgar beneficios importantes sin obtener concesiones equivalentes.
La discusión de fondo es sencilla: ¿este acuerdo construye una paz duradera o solo compra tiempo? La experiencia demuestra que los acuerdos que evitan los asuntos más difíciles suelen ofrecer tranquilidad momentánea, pero rara vez resuelven los problemas de fondo. La estabilidad verdadera requiere compromisos claros, mecanismos de verificación y obligaciones que ambas partes estén dispuestas a cumplir.
Por esa razón, cualquier acuerdo definitivo debería incluir controles más amplios y verificables. La supervisión internacional no debería limitarse únicamente al tema nuclear, sino también abarcar los sistemas de misiles y otros factores que influyen directamente en la seguridad regional. Del mismo modo, la liberación de fondos y el levantamiento de sanciones tendrían que estar vinculados al cumplimiento de objetivos concretos y medibles.
La paz es siempre un objetivo valioso, pero una paz construida sobre concesiones desequilibradas corre el riesgo de convertirse en una simple pausa antes de una nueva crisis. Si las causas principales de la inestabilidad quedan fuera del acuerdo, el resultado puede ser una tregua temporal en lugar de una solución duradera. El verdadero desafío no es firmar un documento, sino crear las condiciones que permitan una estabilidad real y sostenible para toda la región.
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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